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NOTICIAS TEATRALES Publicación creada el 6-8-2002 / Esta es la edición de 15-7-2017

 

NOTICIAS TEATRALES
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Índice de comentarios

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CUATRO CORAZONES CON FRENO Y MARCHA ATRÁS: PARA COMERSE EL VERANO

Por Nunci de León

ADIÓS A LA BOHEMIA, DEL BUEN HACER Y DE UNA OBRA MAGISTRAL

Por Francisco Mejorada Jiménez

UN GRAN ELENCO JOVEN EN UNA GRAN PRODUCCIÓN: MARINA EN EL TEATRO DE LA ZARZUELA

Por Francisco Mejorada Jiménez

UN HAMLET QUE NOS CUESTIONA QUIENES SOMOS… O NO SOMOS…

Por Titania

EL GALLO DE ORO UNA ÓPERA PRESCINDIBLE

Por Francisco Mejorada Jiménez

LA TOURNÉE DES PUCES PASÓ POR PARÍS

Por Claudie Terrasson

VIENTOS DE LEVANTE: PARA DEJARSE LLEVAR

Por Nunci de León

LA TERNURA. UN DELICADO HOMENAJE A LA COMEDIA

Por Titania

LOS ESCLAVOS DE MIS ESCLAVOS: UN CÓCTEL EXPLOSIVO

Por Titania

TEATRO DE LA ZARZUELA: LA GATITA BLANCA Y ENSEÑANZA LIBRE

Por Francisco Mejorada Jiménez

UN HOMENAJE A GINASTERA Y LAINEZ: BOMARZO EN EL TEATRO REAL

Por Francisco Mejorada Jiménez

USTED TIENE OJOS… DE AMAR EL TEATRO

Por Titania

EN LA ORILLA: SIN REMEDIO NI ESPERANZA

Por Nunci de León

PREFIERO QUE SEAMOS AMIGOS: LA AMISTAD COMO DESIERTO DEL AMOR

Por Nunci de León

SHAKE: UNA REFLEXIÓN TEATRAL, DELICIOSAMENTE DIVERTIDA

Por Titania

Mr. Pùntila e il suo servo Matti, de Bertolt Brecht, en el Teatro Arena del Sole de Bolonia

Por Magda Ruggeri Marchetti

EXCELENTE RODELINDA EN EL REAL

Por Francisco Mejorada Jiménez

LA RENOVACIÓN DE LA ZARZUELA EN UNA GRAN PRODUCCIÓN

Por Francisco Mejorada Jiménez

MARINA: PROBLEMAS DE PRESUPUESTO Y SUS CONSECUENCIAS

Por Francisco Mejorada Jiménez

NON TI PAGO DE EDUARDO DE FILIPPO EN EL TEATRO ARENA DEL SOLE DE BOLONIA

Por Magda Ruggeri Marchetti

LA CIUDAD DE LAS MENTIRAS, UNA MENTIRA DE ÓPERA

Por Francisco Mejorada Jiménez

LA REVOLTOSA: UN PROYECTO MUY DIDÁCTICO Y PROMETEDOR

Por Francisco Mejorada Jiménez

LA MALIGNA PERSECUCIÓN DE LA BONDAD: BILLY BUDD

Por Francisco Mejorada Jiménez

EL INTERCAMBIO, DE IGNACIO NACHO, UN ÉXITO (CON MAYÚSCULAS)

Por Adelardo Méndez Moya

LA VELOCIDAD DEL OTOÑO: NUESTRO ÚNICO TESORO ES EL TIEMPO

Por Nunci de León

TRISTANA: ¡QUE REVIENTEN LOS MODERNOS!

Por Nunci de León

El amor brujo: el fuego y la palabra en el Teatro Comunale de Bolonia

Por Magda Ruggeri Marchetti

 

CUATRO CORAZONES CON FRENO Y MARCHA ATRÁS: PARA COMERSE EL VERANO

 

Música de los años 70. Sobre el escenario,12 actores interpretan atrevidas coreografías con música de la época (Boney M, Dúo Baccara, Village people…), temas que aún resuenan con fuerza en nuestros oídos y que traidoramente nos recuerdan lo eternos que nos creímos hace nada, al tiempo que subrayan los cambios de humor en el tratamiento de un tema gravísimo, la eternidad, siendo la música protagonista principal. Dan ganas de bailar, de ponerse en pie y acompañar a los actores en el ritmo mientras se ríe y se piensa. Porque reír, se ríe pero pensar, hace pensar un rato. Algunos -la mayoría-, además, cenan veraniegamente croquetas, nuggets de pollo, cosas de poco momento, mientras otros más cautos se conforman con beber.  Es la terraza del teatro Galileo, donde el público, distribuido en mesas, ocupa todo el patio y la intendencia se ha apoderado del resto, no hay función en la sala interior, todo está subordinado a este montaje. Esta función a la vez hilarante y grave, equidistante entre la tragedia y la farsa bufa, en la que Jardiel Poncela expresó de la única forma posible, con todo el humor de que fue capaz, que era mucho, esa angustia del "saber que un día pasaremos" que tanto atormenta al hombre desde siempre y que ha impulsado en él la búsqueda eterna de la eterna juventud: 

¿Y si pudiéramos vivir siempre? Mejor aún: ¿y si ello fuera posible sólo a unos cuantos elegidos que nos partiríamos de risa viendo a los demás "pasar"?

Tal es el tema de Cuatro corazones con freno y marcha atrás escrita por Enrique Jardiel Poncela y estrenada por primera vez en 1936. Compuesta en tonos risueños por alguien que le dio muchas vueltas en su fértil cabeza al tema de la eternidad, esta comedia adquiere a la luz de la música todo su significado, a la vez que se hace precursora, con su solución más imaginativa aún, de otras muchas comedias que ha tratado también el cine, como el curioso caso de Benjamin Button (2008), con lo que uno acaba su noche exclamando: verdaderamente Jardiel era un precursor, un genio.

.He aquí el argumento:

“Dos parejas de enamorados y un cartero en apuros deciden tomar la pócima de la eterna juventud para solucionar todos sus problemas. Creen que van a alcanzar la felicidad absoluta, pero su existencia se va a convertir en un infierno. ¿Hay solución?”

La hay, y también el antídoto a la misma.

Jardiel plantea aquí, con su estilo humorístico y profundo, algo que no se puede plantear de otra manera: el deseo de inmortalidad en el hombre y la tragedia de conseguirla, con toda la enseñanza que se desprende de ella: hay que vivir cada día como si fuera el último, como si nos fuéramos a morir mañana, ¡hay que vivir!

Y porque es “en esa tragedia de saber que un día pasaremos, donde reside todo nuestro arte".

 

Autor: Enrique Jardiel Poncela

Compañía: TeatroLab Madrid

Director: Gabriel Olivares

Intérpretes: César Camino, Álex Cueva y David García Palencia Patrick Martino, Silvia Acosta, Eduard Alejandre, Esperanza de la Vega, Pedro Farera, Asier Iturriaga, Guillermo Sanjuán y Mateo Rubinstein 

Escenografía y vestuario: Marta Guedán y Claudia Pérez.

Iluminación de Carlos Alzueta

Duración: 1 h 30 min

Espacio: Teatro Galileo (Galileo 79, Madrid).

Fechas: hasta el 2 de septiembre de 2017. Horarios: Lunes a sábado 21'30

 

    Nunci de León    Nunci de León  

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ADIÓS A LA BOHEMIA, DEL BUEN HACER Y DE UNA OBRA MAGISTRAL

 

Adiós a la Bohemia es una obra cumbre del teatro lírico español. Compuesta por Pablo Sorozábal, que la describió como una Opera chica, está basada en la obra del mismo nombre de Pio Baroja y que se enmarca dentro de un estilo que ya quedó definido en su trilogía «La lucha por la vida», aunque no pertenezca ella. La dureza del fracaso, que genera una vida sombría en la que un bohemio pintor, Ramón, se reencuentra con Trini su novia de antaño, ahora ejerciendo la prostitución en un cafetucho en que se entremezcla todo tipo de clientela, vagabundos, lectores de noticias morbosas, sátiros, supuestos intelectuales que evocan a pintores y un largo etcétera muy del Madrid de entonces, con una vida bohemia amarga, que Baroja odiaba, muy diferente de la que Henry de Murger retrata en Paginas de la vida bohemia que sirvió para la creación de La Boheme de Puccini. El final de la obra es trágico, Trini y Ramón comprenden la inviabilidad de estar juntos y el final de la obra queda reflejado en la frase del pintor “me voy a dar un paseo largo... muy largo”.

Sorozábal crea una partitura muy moderna, mezclando el clásico lirismo con apuntes atonales, que confieren a la partitura una entidad muy superior a lo que se componía en España en esa época, creando así una obra fundamental en la lírica de nuestro país. Solo apunta hacia el clasicismo una bella romanza que interpreta Trini, la famosa Recuerdas aquella tarde, dentro del magistral diálogo con Ramón. El resto es una obra coral, con personajes que pululan por el café.

La compañía creada en torno al Coro voces de Sigüenza, se encarga de la representación en el teatro El pósito, de la histórica ciudad alcarreña, con una calidad sorprendente, bajo la dirección de sus dos mentores, Mabel Gonzalez y Manuel Valencia. Los papeles principales son llevados con un nivel canoro y actoral muy alto por Darío Gallego y Mabel González en torno a los cuales gira un excelente elenco del cual destacaríamos a Antonio López como lector del Heraldo, con una expresividad actoral de altos vuelos. Sería difícil mencionar a todos los componentes pero destacaremos a Lola Cruz Juan Lizosoain, Alberto Lugones y especialmente a Sadot Lugones, en representación de un elenco muy equilibrado.

El coro, un elemento siempre complicado, tuvo una notable actuación que no desmerece de compañías privadas, e incluso las supera, que actúan por esos mundos de Dios.

La dirección escénica de Mabel Gonzalez, creó un creíble ambiente de cafetín madrileño de principios del siglo XX, con una iluminación perfecta. Mucha soltura en el movimiento actoral y del coro.

La dirección musical de Manuel Valencia perfecta, como siempre, pues es uno de los pianistas que mejor saben acompañar a solistas, coro y todo lo que se le ponga por delante. Muy bien también el violín de Eduardo Carpintero.

El público que llenó el teatro valoro ampliamente la gran representación que hicieron estos seguntinos, entregados a la calidad y al buen hacer, lo que demuestra que con muy bajo presupuesto se pueden conseguir grandes cosas.

 

   Francisco Mejorada Jiménez  Francisco Mejorada Jiménez  

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UN GRAN ELENCO JOVEN EN UNA GRAN PRODUCCIÓN: MARINA EN EL TEATRO DE LA ZARZUELA

 

La ópera Marina nos visita en el Teatro de la Zarzuela en la versión ya estrenada en el 2012 y en esta ocasión se presenta con dos repartos en los que se da oportunidad a cantantes muy jóvenes. El estreno, como es habitual, lo hizo el primer reparto.  La dirección musical corre a cargo de Ramón Tebar  y la artística de Ignacio Garcia. Como es sabido, Emilio Arrieta pensó en Marina como zarzuela con el libreto de Francisco Camprodón  y como tal  se estrenó en 1855, pero por sugerencia del entonces famoso tenor Enrico Tamberlick, la transformo en ópera en tres actos, esta vez con libreto de Miguel Ramos Carrión  basado en el de Camprodón. Se le añadieron tres dúos y un rondó final de soprano. La obra desde el criterio italianizante de Arrieta, está muy influida por Donizzeti, especialmente su Lucia di Lamermoor, aunque en la  versión operística también se manifestaron influencias verdianas. La producción actual  presenta la obra completa en la cual se aprecian estas diferencias aunque se suprime el dúo de barítono y soprano del segundo acto.

Ignacio Garcia aborda la dirección escénica con una concepción verista, saliéndose de ese molde que algunos han calificado de cursi, tratando de presentar una aldea de pescadores y de trabajadores de astilleros dentro del ámbito popular, sin concesiones a vestuario refinado ni a cuadros escénicos ñoños, ciñéndose a la realidad de lo que sería un puerto de mar de la época en este caso Lloret de Mar, en la que se sitúa la acción. El montaje es brillante y hace creíble un libreto que en principio no lo es. La  iluminación es excelente, en esta ocasión menos oscura por decisión del propio Ignacio, sin perder ese toque verista ya comentado. Muy buena la transición del primer al segundo acto con escenario abierto al igual que el movimiento actoral tanto de protagonistas, figurantes y coro, que es muy bueno y dinámica, no olvidemos la influencia de este último en una obra fundamentalmente coral, que Ignacio Garcia potencia para resaltar el ambiente popular. Quizás para el público veterano y conservador sea una representación contra natura, con los antecedentes de anteriores representaciones, pero para un público actual, abierto a innovaciones, represente una apertura a la modernidad en la lirica española.

La orquesta dirigida por Ramón Tebar, brillante, dirigiendo muy bien a coro y cantantes, y con una variedad de matices que resaltaron la brillantez de la representación

El elenco de jóvenes cantantes, se convirtió en un elenco de grandes promesas  con un nivel realmente excelente.  La Marina de Olena Sloia una cantante descubierta por el maestro Gómez Martínez cantando en la calle Arenal de Madrid, empezó algo dubitativa pero fue consolidándose a lo largo de la obra, hasta llegar a un rondó final de excelente factura. Su solvencia dramática hizo el resto. El Jorge de Alejandro del Cerro fue una sorpresa, porque nos encontramos a un tenor, cuerda escasa en los tiempos que corren, que hizo una impecable interpretación  atacando los agudos con una pasmosa facilidad, para deleite del público, sabedor de las dificultades de esta obra, a lo que en su haber hay que añadir una notable interpretación drámatica. Asombrosa la seguridad y soltura escénica del búlgaro  Ivo Stanchev con una potente y bien controlada voz que le llevó a componer un Pascual realmente bueno. Damián del Castillo nos ofreció un buen Roque, personaje difícil pero bien llevado actoralmente y con solidez vocal. El resto en un nivel acorde con la producción, es decir alto.  Magnífico equilibrio general en el elenco.

Un reconocimiento especial al maestro Antonio Fauró, director del coro, por la gran labor realizada en una obra complicada por el gran protagonismo de la agrupación coral.

El público salió muy satisfecho, pues el espectáculo fue de una gran calidad, elenco muy equilibrado, apoyado en la juventud,  que nos demuestra que no solo las figuras ya consolidadas son los únicos en aportar calidad y que se nos abre un futuro lírico realmente prometedor.

 

   Francisco Mejorada Jiménez  Francisco Mejorada Jiménez  

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UN HAMLET QUE NOS CUESTIONA QUIENES SOMOS… O NO SOMOS…

 

Al entrar en la Sala nos encontramos con los actores sentados frente a sus espejos, en medio del escenario, como si les interrumpiéramos, perturbáramos, en la intimidad de un camerino coral.

Parece que se analicen a sí mismos, a sus personajes, como si repasaran su papel, hicieran sus estiramientos, sus ejercicios de respiración, de voz… O quizá observan cómo el público entra, se sienta, o reacciona ante lo inédito de ser recibidos, admitidos, en una zona tan sagrada, privada para el actor.

Ya dijo el clásico, que el Teatro era el espejo en el que mirarnos… Ahí estamos… Los actores que se enfrentan a su imagen en el espejo. Los espectadores que descubrimos que los espejos también nos reflejan, que podemos observarnos a nosotros mismos, o a los demás, que llegan, se sientan, se sorprenden por lo inédito de la escena que ocurre en el escenario, convertido en camerino… O deciden ignorarlo, para seguir representando, aparentando su papel…

Esa visión, esa espera ya nos contagian la ansiedad, la angustia, la duda…  

Cuando se apagan las luces de la sala, el dramatismo brota como el vapor que escapa de un geiser… Los actores, los personajes, haciendo coro, todos a una, preguntan, interrogan con obstinación, a su reflejo en el espejo, ¿quién eres?... Al principio, con voz queda… pero el tono va creciendo en fuerza, hasta desembocar en un rugido repetido, chirriante…

Así nos estalla la visión de Korsunavas sobre Hamlet. Una versión oscura, tenebrosa, que se mantiene fiel a la línea central del texto de Shakespeare, pero empecinada en subrayar que lo que ocurre sobre el escenario, nos está pasando a nosotros, que las dudas, incertidumbres que atormentan, asfixian al joven príncipe, también  ahogan a los jóvenes de este siglo… La ventaja de recitar a Shakespeare es que parece que hablamos de otra época, de otras guerras, de otros corruptos… La sorpresa para quienes le descubren, es que nos suena tan válido, que sus metáforas nos duelen en carne propia…

Las calculadas treguas que nos da el humor, llegan con el discurso hueco, afectado de Polonio… O la incompetencia, de los torpes Rosencrantz y Guildenstern, que ponen notas de color, sobre el blanco y negro… parecen vestidos para celebrar el día del orgullo gay…

Koršunovas nos transmite su pasión, su frenesí por el teatro, por el proceso creativo… Los actores se enfrentan a sus personajes, al reto de recrearlos, juegan a interpretarlos, se encaran a su ser o no ser... frente a nosotros... Y nos desafían a escudriñar es ese reflejo confuso, a cuestionarnos, a descifrar… quienes somos o no somos…

Este Hamlet, es un memorable cierre de temporada del Festival de Otoño a Primavera, que nos hace esperar con impaciencia la próxima… Aunque ya nos sofoca el ansia… Como dijo el clásico… el resto es silencio…

Hamlet, de William Shakespeare

Oskaras Koršunovas / OKT - Vilnius City Theatre

Dirección y escenarografía: Oskaras Koršunovas Vestuario y puesta en escena: Agne Kuzmickaite Compositor: Antanas Jasenka Diseño de iluminación: Eugenijus Sabaliauskas Ingeniero de sonido: Ignas Juzokas Director técnico: Mindaugas Repsys Sastre y decorados: Aldona Majakovaite Manager de escenario: Malvina Matickiene Subtitulado: Aurimas Minsevicius Manager de gira: Audra Zukaityte

Intérpretes: Bernardo, Rosencrantz, Gravedigger:Tomas Zaibus, Horacio, Capitán noruego, Fortinbras: Julius Zalakevicius, Rey Claudio, Fantasma: Dainius Gavenonis, Laertes: Darius Gumauskas,Guildenstern, Gravedigger: Giedrius Savickas, Marcelo, Caballero: Jonas Verseckas, Ofelia: Rasa Samuolyte, Polonio: Vaidotas Martinaitis , Príncipe Hamlet: Darius Meskauskas, Reina Gertrudis: Nele Savicenko

http://www.madrid.org/fo/2016-2017/ - http://www.teatroscanal.com/- www.okt.lt

 

Titania  

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EL GALLO DE ORO UNA ÓPERA PRESCINDIBLE

 

Sin dudar de la incuestionable necesidad de presentar óperas no conocidas, nos parece que este Gallo de oro de Rimski-Kórsakov y libreto de, Vladímir Belski, es perfectamente prescindible, aun valorando la simbólica crítica hacia el poder político que oprime a los pueblos, en este caso cómodamente desde su cama,  que a pesar de todo lo adora y en ello se ve la mano de Pushkin. 

La dirección escénica, es muy característica de Laurent Pelly, brillante y eficaz, pues define aun más la obra que el propio libreto, sin lo cual la obra sería bastante aburrida. La presentación del zar en su cama rodeado de corte, astrologo incluido, es francamente acertada. El tratamiento de las luces enriqueció la escenografía, con los contrastes del zar muy blanco y luminoso y el pueblo muy oscuro, hasta llegar al cuadro final con el zar muerto y los ciudadanos sintiéndose desamparados.  El movimiento actoral muy dinámico.

La dirección musical de Ivor Bolton, titular del teatro, realmente buena, llena de matices y con unos grandes solistas, en una partitura complicada con algunos altibajos musicales,  que demostraron que el Real está en buenas manos.

El coro extraordinario, con muchas intervenciones, como corresponde a una obra rusa, y con un movimiento escénico  coherente y lleno de vitalidad.

De los cantantes destacamos a Dmitry Ulianov como zar, en su línea característica, de una gran voz, musicalidad y gran interpretación. La zarina .de Venera Gimaedeva, correcta pero sin grandes alardes, Los  zarévich Sergei Skorokhodov y Alexey Lavrov simplemente correctos sin ningún brillo al igual que el resto de los cantantes a excepción del astrologo de Alexander Kravets que subió el tono del elenco.

El público frío, pues no es una obra brillante y solo una buena escenografía y una gran interpretación orquestal y coral salvó del abismo.

 

   Francisco Mejorada Jiménez  Francisco Mejorada Jiménez  

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LA TOURNÉE DES PUCES PASÓ POR PARÍS

 

Los ingeniosos carteles de Karma Teatro anunciando La tournée des puces en la universidad habían despertado la curiosidad de estudiantes y profesores. Luego, fue para ellos todo un descubrimiento: la sucesión dinámica de las pulgas gestuales, la perfecta integración de vídeos y músicas, la actuación plena y entera del dúo Carmen Ruiz-Mingorance y Cristina Carrascosa Vega.
Escenificar las pulgas dramáticas de José Moreno Arenas requiere mucha exigencia en la preparación física y mental, supone un total dominio del hacer sobre el escenario. Tanto Carmen Ruiz-Mingorance como Cristina Carrascosa Vega demostraron poseer tales virtudes y lograron crear un universo prescindiendo de cualquier decorado; su perfecta complicidad en el escenario del Auditorium se llevó la adhesión y la participación del público, quebrando así la famosa cuarta pared.

De hecho, era un auténtico reto actuar ante un público de estudiantes poco avezados a la realidad del teatro contemporáneo, y menos todavía con una propuesta tan alternativa y novedosa como es la de José Moreno Arenas, en la que sin más se pasa del texto al gesto. Carmen Ruiz-Mingorance y Cristina Carrascosa Vega superaron tales dificultades como excelentes profesionales.

La puesta en escena de La tournée des puces evidenció que este teatro singular de José Moreno Arenas se presta perfectamente al encuentro con un público universitario. La atención prestada tanto al juego de las actrices como a las reacciones de los espectadores, me permitió comprobar hasta qué punto el feeling entre ellos era patente, cómo los estudiantes se mostraban ora impactados, ora conmovidos por El payaso, cómo también se reían con Las gafas. Si Carmen supo seducirlos y conmoverlos con La cantante, Cristina los dejó a todos deslumbrados con La gata.

Huelga decir pues que el público quedó totalmente conquistado por la original propuesta del dramaturgo español; su teatro mínimo, de trazas indigestas y subversivas, es más necesario que nunca, pues ayuda a nuestra sociedad a pensar. Los largos aplausos al concluir el espectáculo La tournée des puces confirmaron ampliamente la validez de la dramaturgia de José Moreno Arenas, de su necesidad ética y estética.

 

Espectáculo: La tournée des puces, compuesto por las obras La gata, La cantante, La noticia, El progreso, El exhibicionista, Las gafas, El payaso y El rifirrafe

Autor: José Moreno Arenas

Compañía: Karma Teatro

Directoras: Carmen Ruiz-Mingorance y Cristina Carrascosa Vega

Intérpretes: Carmen Ruiz-Mingorance y Cristina Carrascosa Vega

Escenografía: Carmen Ruiz-Mingorance y Cristina Carrascosa Vega

Luz y Sonido: Juan de Dios Martín

Vestuario y Atrezzo: Carmen Ruiz-Mingorance y Cristina Carrascosa Vega

Ambientación musical: Carmen Ruiz-Mingorance y Cristina Carrascosa Vega

Diseño Gráfico: Cristina Carrascosa Vega

Gerencia: M.ª Dolores Rodríguez

Producción: Karma Teatro

Lugar: Auditorio BU Georges Perec (Université Paris-Est Marne-La-Vallée, Francia)

Fecha: 3 de mayo de 2017

 

Claudie Terrasson - Catedrática de Literatura española contemporánea - Université Paris-Est Marne-la-Vallée

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VIENTOS DE LEVANTE: PARA DEJARSE LLEVAR

 

Hay en Vientos de Levante una bonita confusión de la que salen cosas. Cosas necesarias para desatascar una situación que parece sin salida y seguir adelante. Cosas buenas después del alboroto causado por el viento levantisco, que hace revolotear las faldas y hace que las cabezas se renueven, aunque sea para enturbiarse un poco más. No hay soluciones fáciles a los problemas del existir pero sí mucho arrojo a la hora de afrontar las situaciones nuevas -y eternas- por parte de estas tres mujeres guapas, con ganas y energía para dar y tomar, y de estos dos pobres hombres que aparecen maltrechos, como si les hubiera pasado una grúa por encima, pero que no se cansan nunca de pedir ayuda, aunque sea a través del piropo más trillado (¿será esto políticamente incorrecto?).. 

He aquí la sinopsis: “Es verano en la bahía gaditana. Ainhoa, una escritora que atraviesa una crisis personal, viaja por vacaciones para visitar a su amiga Pepa, una psicóloga que desarrolla su trabajo en una casa hogar de enfermos mentales y en el área de cuidados paliativos de un hospital, donde conocerá a Sebastián, enfermo de ELA (Esclerosis Lateral Amiotrófica). Durante unas semanas, nuestras protagonistas compartirán experiencias marcadas por varias realidades: la frágil frontera (o el cruel muro) que nos separa de la locura y afrontar la muerte como algo natural y cercano que acabará por ganarnos la batalla pero que nos deja de tregua la posibilidad de exprimir la vida al máximo y hasta el final.”

Mucha diversión y muchas ganas de abrir caminos hay en estos Vientos de Levante, que hasta el nombre lo tienen bonito. Un gran trabajo actoral, un texto divertido en el genuino sentido de la palabra, y la escena te consigue trasladar a la Bahía. A mí me tocó especialmente la fibra la reivindicación de una vida mediocre. Es una idea que resuena con fuerza cuando una de las mujeres le dice a la recién llegada, rebosante de salud pero que no acaba de encajar "de lo suyo", que no tiene derecho a estar mal porque  hay gente que lo tiene mucho peor y lucha. "Bueno, pues yo reivindico mi derecho a tener buena salud y encontrar mi vida desastrosa".  

Me gustó Vientos de Levante y salta a la vista que no sé decir muy bien por qué. Es lo mejor que se puede decir de una obra de arte.

 

Texto y dirección: Carolina África.

Iluminación: Luz E.T.

Escenografía: Almudena Mestre

Espacio sonoro: Nacho Bilbao

Vestuario: Carmen Mestre
Distribución: GG distribución escénica

Reparto: Tringo Gómez, Carolina África, Paola Ceballos, Jorge Mayor y Pilar Manso.

Una producción de La Belloch Teatro

Fechas: Del 4 al 19 de mayo de 2017.De jueves a sábados 20:00 h. Domingos 19:00 horas

Teatro Galileo

 

    Nunci de León    Nunci de León  

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LA TERNURA. UN DELICADO HOMENAJE A LA COMEDIA

Érase una vez una reina llamada Esmeralda, que tenía dos hijas, las princesas Salmón y Rubí…

Nuestro cuento empieza en Alta Mar, y en medio de un gran temporal... Las tres mujeres viajan con la Gran Armada, por mandato de Felipe II...

Pero la reina Esmeralda, tiene un plan, (ella siempre tiene un plan... nos recuerda a alguien)... Harta de que los hombres le impongan su voluntad, ha decidido usar su magia, para provocar una tempestad que hunda la gran Armada, y así poder escapar,  hasta una pequeña isla desierta.

Su plan es fundar con sus dos hijas, una república de mujeres... El problema es que en esa isla ya vive un leñador, que hace años huyó de las mujeres, y se instaló allí, con sus dos hijos…   Al descubrirlo, ellas se disfrazarán de soldados españoles, para mantener su identidad oculta.

La naturaleza jugará, y ganará su baza…  Se iniciará un baile de confusiones, entre los leñadores, que creen sentir inclinación hacia esos hombres, y las princesas, que ansiosas por caer en los tiernos abrazos de los leñadores, desean desvelar que son mujeres…

El escenario, desnudo, está cruzado en diagonal por unos cortinajes, que recuerdan los arcos de una Iglesia, y que sirven de foro, por donde salen y entran los protagonistas… Serán las palabras las que nos describan lo que los personajes ven, y nuestra imaginación recreará el cuadro... El barco sacudido por el oleaje, la tormenta que destruye la armada… La isla, con sus bosques, sus claros, las plantas, las flores, la fauna que se hace oír… Las cuevas, donde se refugian, el volcán dormido, que corona la montaña…

Alfredo Sanzol ha elaborado un texto fresco, moderno   que juega con el lenguaje, (hay que estar alerta para no perder detalle), con los clásicos, con la filosofía, con la poesía, con los equívocos, rizando el rizo de los errores, disparates, dislates, despropósitos… Con guiños al cine, al comic… (Pero no queremos desvelar sorpresas)… Y fiel a la tradición, incluye canciones populares, que arrancan risas y aplausos…  Y para colmo, dirige la acción con soltura, con tino…

 Con permiso del clásico, Sanzol tiene por naturaleza, y además ha tomado prestado de Shakespeare, (de las más divertidas e inteligentes de las comedias shakespearianas), los dones para construir una nueva comedia.

Y la guinda al pastel, la ponen los actores que dicen sus textos con desparpajo, e interpretan sus caracteres con talento…  Aunque declaro mi debilidad, (que viene de lejos)… por Paco Déniz.

Como diría el bardo ingles "Cuanto más grande es la prueba, más glorioso es el triunfo"

 

LA TERNURA, de Alfredo Sanzol

Reparto:

El Leñador Verdemar   Paco Déniz  

La Reina Esmeralda   Elena González 

La Princesa Salmón   Natalia Hernández  

El Leñador Azulcielo   Javier Lara  

El Leñador Marrón   Juan Antonio Lumbreras  

La Princesa Rubí   Eva Trancón 

Ficha Artística

Texto y dirección Alfredo Sanzol

Espacio escénico y vestuario Alejandro Andújar

Iluminación Pedro Yagüe

Música Fernando Velázquez

http://www.teatroabadia.com/es

 

Titania  

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LOS ESCLAVOS DE MIS ESCLAVOS: UN CÓCTEL EXPLOSIVO

 

Unas imágenes proyectadas al fondo del escenario nos recuerdan los horrores de un conflicto bélico, y nos sitúan en las montañas de Afganistán.

En la obscuridad surge una figura, un hombre, desarrapado, envuelto en andrajos, está encadenado… pero dispuesto a vencer la adversidad… Se convence de que debe hablar consigo mismo, para mantenerse cuerdo. Se impone la disciplina de leer, aunque sólo tiene la Biblia y el Corán. Se obliga a hacer ejercicio para mantener a su cuerpo en forma… Bromea sobre su sino, se ríe de sí mismo… Deja una puerta abierta a la esperanza…

Su único contacto con el exterior, es una mujer cubierta por un burca, que le lleva agua y alimento, que ignora sus llamadas, sus intentos de comunicarse, de tener información.

Unos meses después tendrá un compañero, alguien con quien hablar, de quien cuidar, y que le cuidará… Llegará un tercer prisionero, una mujer que posee información. 

Los tres intentarán sobrevivir a pesar de sus miedos, en compañía, con compasión, con toques de humor, de filosofía, de poesía, en una cueva en la que apenas ven el sol.

En un escenario desnudo, envuelto en sombras, el tiempo, la acción, avanzan, con fundidos a negro, con el curso de las conversaciones de los tres cautivos. Tres personas que han ido a Afganistán intentando ayudar, queriendo ayudar, y han acabado rehenes de alguna de las muchas guerrillas…

Al final también conoceremos el punto de vista de la mujer afgana, lo que ella piensa de los forasteros, de los extranjeros, de quienes han llevado la guerra, la miseria, la desesperanza a su país.

Un texto penetrante, cálido, una dirección ágil, certera, un interpretación sólida, sensible son los ingredientes de esta afinada, medida receta teatral.

Cada escena nos va perfilando el cuadro, dibujando los entresijos de la geopolítica, de los negocios, de los intereses creados, los ideales, las pasiones… al fondo de la escena, detrás de la escena… componiendo un Coctel Explosivo…

Los diálogos se suceden rítmicos, lanzándonos preguntas, ráfagas que nos explotan en la cara, calando en nuestro corazón.

 

Los esclavos de mis esclavos de Julio Salvatierra

Reparto: ANIK: Elvira Cuadrupani - AMINA.  Inés Sánchez - ISMAIL:  Älvaro Lavín - ROBER: Fran Cantos

Equipo creativo

Texto: Julio Salvatierra

Dirección: Álvaro Lavín

Espacio escénico: Meridional Producciones

Espacio sonoro: Alberto Granados

Iluminación: Luis Perdiguero

Vestuario: Lupe Valero

Diseño gráfico: Marianna Obregón

Vídeo y Dirección técnica: Julio Salvatierra

Realización técnica: Ignacio de los Ríos

Producción: Meridional Producciones

www.meridionalproducciones.com  - http://www.teatroscanal.com

 

Titania  

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TEATRO DE LA ZARZUELA: LA GATITA BLANCA Y ENSEÑANZA LIBRE

 

En la postguerra española, los  espectáculos de corte cabaretero o revisteril, sufrían una censura desmesurada, y al final todos ellos se ceñían a un argumento muy simple, de contenido picaresco con un alarde de coreografía, plumas mallas y chascarrillos, muy del gusto de un determinado tipo de espectador. Ese es el resultado que se rememora en el estreno en el Teatro de la Zarzuela, de una versión libre de La gatita blanca y Enseñanza libre, obras de género chico de Gerónimo Giménez y Amadeo Vives, a la que se les ha cambiado el libreto hablado, y se han convertido en una sola obra, conservando los números musicales intactos y añadiendo música en función del desarrollo de la acción. Con gran sorpresa escuchamos fragmentos de La pantera rosa de Mancini y Lucevan l´stelle de Tosca, pero con un interés humorístico, lejano al origen de esta música, añadido a fragmentos de otras zarzuelas. Las referidas modificaciones al libreto se deben a Enrique Viana, director artístico de la obra, experto en la creación de textos irónicos, que en este caso nos acercan a esas revistas de postguerra, pero con un contenido  evidentemente más moderno aunque en la misma línea de intención.

La escenografía, excelente, invierte los espacios de tal forma que el escenario es el patio de butacas, mientras que el público se sitúa en butacas colocadas en el escenario, además de los pisos superiores. Se crea así un ambiente cercano a las salas de fiesta donde antaño se ofrecía este tipo de espectáculos.

El resultado es brillante, y constituye una forma más de acercar el Teatro de la calle Jovellanos a un público diferente que en un momento dado enlace con el género lírico español.

El reparto es de lujo; en él destacaremos el buen hacer interpretativo y coreográfico de Cristina Faus, a lo que se añade su prodigiosa voz. Gurutze Beitia y Maria Jose Suarez, apartadas de sus ámbitos de interpretación, pero con resultados eficaces. Muy bien el todoterreno Ángel Ruiz, capaz de representar a Lorca, cantar a Miguel de Molina y ser un perfecto conquense. El resto se desenvolvió igualmente bien, entre tanto movimiento coreográfico, dirigido con gran brillantez por Nuria Castejón. Capítulo aparte merece el comentario de la cantante Roko, que cantó con micrófono, como es normal en una estrella que se supone que representa a una diva de sala de fiestas y que completó una notable actuación actoral aunque quizás su voz, versátil como ya viene demostrando, no se adaptó al papel de la Gatita, entre otras cosas porque la ecualización especialmente al principio, fue realmente deficiente.

La orquesta dirigida por Manuel Cove, contribuyó perfectamente al espíritu de la representación. Bien también el coro.

El público aplaudió con ganas, entendiendo que no habían visto una zarzuela sino una autentica revista musical, muy bien llevada y que en ningún momento aburre. Parece que de alguna forma el regreso al pasado ha sido un éxito.

 

   Francisco Mejorada Jiménez  Francisco Mejorada Jiménez  

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UN HOMENAJE A GINASTERA Y LAINEZ: BOMARZO EN EL TEATRO REAL

 

Una obra, considerada por muchos como maestra, de Mújica Laínez, Bomarzo,  sirvió de libreto, realizado por él mismo, para la ópera del mismo nombre de Alberto Ginastera, estrenada en 1967. El tratamiento narrativo, algo confuso, ya que de por sí la novela lo es, se realiza en un flash-back, en el que cuesta entender la relación entre los personajes, a excepción de la relación con la abuela asesina, que limpia el camino para conseguir que su nieto, Pierfranchesco Orsini, sea señor de Bomarzo. El autorehazo de sí mismo por su aspecto físico preside la obra, y explica en gran medida sus motivaciones. El segundo acto es de alguna forma el que condensa la obra, con esa cadena de muertes que envuelven al personaje y les convierte en sus monstruos a lo largo de toda la obra y que sugieren la construcción propiciada por Orsini, de su  Parque  de los monstruos de Bomarzo y que tanto influye estéticamente en la dirección artística de la opera, de Pierre Audi y escenografía de Urs Schöenmaum, con profusión en ocasiones reiterativa, de imágenes en video, con tendencia a lo macabro.

La música es una amalgama de estilos, en los que en conjunción con lo melódico, Ginastera aborda el dodecafonismo que si bien en la interpretación orquestal, plagada de percusión, resulta interesante, en lo vocal, lo convierte en un permanente recitativo en el que muy ocasionalmente aparecen líneas melódicas.

Los cantantes abordaron con profesionalidad esta compleja partitura de canto. Muy bien John Daszak con un más que correcto castellano y Nicola Beller Carbone como Julia Farnese, sin olvidar la notable Pantasilea de Milijana Nikolic.

Muy bien la orquesta bajo la  dirección musical de David Afkham, gran protagonista de la noche.

El público reaccionó de formas muy distintas. Una parte se salió en el entreacto y el resto aplaudió, aunque comedidamente, especialmente a Afkham y a Daszak.

 

   Francisco Mejorada Jiménez  Francisco Mejorada Jiménez  

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USTED TIENE OJOS… DE AMAR EL TEATRO

 

Se enciende la luz, y descubrimos, en el centro del escenario, a un señor bajito, poquita cosa, que garabatea en unas cuartillas… Es la representación de Jardiel Poncela en un Madrid de postguerra, desde este siglo XXI…

Jardiel batalla,  argumenta con una criada, que se burla de los trabajos del autor, (porque le parece que trabajar es otra cosa), de los insólitos problemas del autor, que prepara una versión de su obra, Usted tiene ojos de mujer fatal, para convertirla en un Radio-Teatro, que no despierte las sospechas de los censores...

Los protagonistas se lanzan frases chispeantes, juguetean, enredan con las palabras, con los dobles sentidos… Como son dobles sus caracteres, sus roles… porque el juego del teatro, dentro del Teatro, los pone en la piel de los seres reales que rodean al autor, pero también los coloca en los zapatos, de los personajes que él ha creado. Es el homenaje que le rinde Ramón Paso a su bisabuelo. Una mirada de Amor, sin H, a su Teatro… con Humor, con muchas Haches…

Tras esa apariencia de humorismo jovial, trivial, absurdo, entrevemos el hambre, la miseria, el estraperlo, las persecuciones políticas o morales, los crímenes sectarios, de la España de Postguerra… Vislumbramos el sempiterno desencanto del autor, Jardiel Poncela, porque unos le persiguen por rojo, otros le tachan de facha, y la crítica, ignora o desprecia su obra…

Y por supuesto, percibimos los desengaños amorosos, esas historias de amores y desamores, que sufrió el hombre, Enrique… Ya dijo el autor que,  El amor es como las cajas de cerillas, que desde el primer momento sabemos que se nos tiene que acabar, y se nos acaba cuando menos lo esperamos” .

El público actual, celebra  con risas, los diálogos, las ocurrencias, la vis cómica de los actores, la agudeza en la transformación de los personajes, el gracejo de los cambios de registro… Premia con aplausos el final de las escenas… Ya sabemos que el público siempre ha amado a Jardiel.

Y  el contento del público va de boca en boca, por todo Madrid, en este mayo de 2017… Amigos y familiares recomiendan a sus allegados, que vayan a ver a esta Mujer Fatal, antes de que se agoten las entradas, o de que levante el vuelo, buscando otros escenarios.

 

USTED TIENE OJOS DE MUJER FATAL... EN LA RADIO

De Enrique Jardiel Poncela y Ramón Paso

Intérpretes (por orden alfabético)

Juan Carlos Talavera

Ana Azorín

David Zarzo

Inés Kerzan

Carlos Seguí

Ángela Peirat

 

Producción ejecutiva Paso Azorín Teatro

Vestuario Sandra Pedraz Decker

Ayudantes de dirección Blanca Azorín, Daniel San Miguel

Dirección Ramón Paso

 

www.teatrofernangomez.com

 

Titania  

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EN LA ORILLA: SIN REMEDIO NI ESPERANZA

 

El hombre es lo peor de la creación, un experimento fallido, tal es la premisa de la que parte En la orilla, obra de teatro basada en la novela homónima con la que Rafael Chirbes (Tabernes de Valldigna 1949-2015) ganó el Premio Nacional de Narrativa en 2014, también el de la Crítica.

No hay riqueza inocente”, dijo su autor, pero la pobreza tampoco lo es en absoluto, y en la obra, los pobres se dejan querer mientras puedan sacar algo de los ricos, a los que consideran medio idiotas, pero en cuanto se les tuerce el designio (negocio),

ahí te pudras y se comprende: que ellos van a lo que van, y a lo que van les queda tan lejos (hacerse con los mandos de un mundo de explotación ciega y sorda), se ve que por el camino han perdido hasta las formas edulcoradas que en ellos despierta la visión del bienaventurado dinero. Quedan retazos de poesía, aunque sea falsa y altisonante, luego desmentida por las formas y mezclada con tacos de raigambre hispana, los juramentos más feroces que dicta el afán de una revancha que no llega: “Me cagoen… (lo más sagrado)” y que dejan al público como anonadado y con el alma desierta a lo que llegue.

Luego está el guerracivilismo que -según la función- sigue vivo entre nosotros como un cáncer que sólo esperaba la crisis para salir, como si ésta, con la renovada lucha de clases, reavivara unas cenizas y unos exabruptos cainitas que ya creíamos superados. ¿Esto es alarmismo o vacuna? ¿Será así de negativa la novela? Habrá que leerla. Sé que Chirbes fue un descubrimiento de Carmen Marín Gaite, y a la vista está que la función hipnotiza aunque peque a veces de altisonante y chillona.

Recuerda mucho a Nada que perder, que triunfó tres temporadas en La Cuarta Pared, y a la vista está, también promete. Aquí no hay piedad, ni salida, ni pensiones para los viejos y, entre el público entregado, no se mueve ni un rosario, pero repito: ¿De verdad no hay salvación? Supongo que el teatro tiene que extraer lo esencial y mirar hacia el futuro incierto de las cifras imposibles que, desde hace tiempo, oímos decir que no cuadran.

En la orilla, se habla de todo: los ricos, a lo de siempre: cazan para desestresarse, hablan de implantes dentales mientras saborean showcookings, asisten a catas de vino; los pobres se conforman con pescar a río revuelto, sin catas ni añadas de que presumir, pero no se salva ni el caballo del bueno. Hablan de la crisis, y en ella, los pobres viejos sin dignidad ni pensiones se llevan la peor parte. En este sentido la obra también puede ser, a la vez que profética, reaccionaria: “no sabemos lo que tenemos”.

Lo que sí puedo afirmar es que es un texto trepidante con siete actuaciones gloriosas que se lanzan a la cara de los invitados de postín (¿Habrá captado alguno la indirecta?) porque “hay que comer a diario y eso sólo lo aprendes cuando eres pobre.”

 

Reparto (por orden alfabético) Sonia Almarcha, Marcial Álvarez, Rafael Calatayud, Adolfo Fernández, César Sarachu, Ángel Solo, Yoima Valdés.

Equipo artístico:

Rafael Chirbes (Texto),

Adolfo Fernández y Ángel Solo (Adaptación)

Adolfo Fernández (Dirección),

Emilio Valenzuela (Escenografía),

Pedro Yagüe (Iluminación),

Miguel Gil Ruiz (Música y sonido),

Blanca Añón (Vestuario),

Sergio Parra (Fotos)

Coproducción Centro Dramático Nacional, K Producciones, La Lavana / Diputación de Valencia y Emilia Yagüe Producciones

Horarios: 19 de abril al 21 de mayo de 2017

Horario: martes a sábado a las 19:00 horas y domingo a las 18:00 horas

Sala Francisco Nieva (Teatro Valle-Inclán)

 

    Nunci de León    Nunci de León  

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PREFIERO QUE SEAMOS AMIGOS: LA AMISTAD COMO DESIERTO DEL AMOR

 

El 20 de abril se estrenó en el Teatro La Latina de Madrid Prefiero que seamos amigos, una comedia francesa con Lolita Flores y Luis Mottola de protagonistas únicos y, como en cualquier dramón español de amor y desamor que se precie, por muy francés que sea su autor, si la una es fuego y agua el otro, la pareja está servida. Lo cierto es que la comedia está tan bien traducida y adaptada a nuestra particular idiosincrasia televisiva, que no puede comprendernos mejor, pero de romántica no tiene nada. Y subrayo lo de televisiva y tacho lo de romántica porque hay parcelas de la realidad española, sobre todo en lo tocante a la actualidad televisiva, que uno puede imaginar que ocurren "tabique con tabique" en la casa de al lado y que cualesquiera de nuestros vecinos la están viendo en la pantalla. Tanto humor y tan bien construido que salta por los aires con una precisión a la que sólo la televisión nos tiene acostumbrados.

Porque bajo un título tan banal que más no se puede (Prefiero que seamos amigos: ¡cuántas veces hemos dicho u oído la frasecita!) lanza unas verdades tan grandes con tal humorístico descaro que parecen recién sacadas de nuevo cuño, poniendo al descubierto los tópicos ya consagrados en lo que se refiere a la guerra de los sexos y llenando de sorpresas agridulces la tarta de la amistad consolidada por los años de uso y abuso. Estamos ante la pareja formada por dos amigos, tan cercanos y tan cómodos en la mutua compañía, que creen conocer todo el uno del otro, de manera que cuando uno de ellos quiere cambiar las reglas del juego y pasar a otro nivel, el otro descubre que no conoce absolutamente nada de su amigo porque está totalmente cegado y es incapaz de ver más allá. Y viceversa. Aquí está servida la comedia. Uno busca algo más pasional que el sofá, la peli y una pizza en compañía de su amigo charlando e intercambiando historias de conquistas, lo que no imaginamos es de cuál de los dos se trata.

En cuanto a los dos protagonistas, ambos se diría que estaban hechos para esos papeles: Mottola con su despreocupación aparente y su pasotismo de mantenido, Lolita con ese sentimiento desgarrado que pone en todo y que le hace arrancarse por la copla en un par de ocasiones porque las palabras ya no bastan para expresar todo lo que ella siente, "que no cabe en ese cuerpo", y entre ellos se da el desconcierto más grande tapizado de humor que hace estallar la carcajada del espectador y también a veces la de ellos, como si dijeran: "¿Pero a qué he tenido que decir yo esto, es que acaso estoy hablando de mí mismo?"

Lo mejor para mí, el momento culminante, es cuando ella le retira la cena a la que le tiene acostumbrado en ese plan tan drástico que se ha propuesto llevar a cabo de "si no A, no B", o todo o nada: "Ah, ¿que no aceptas mi propuesta? Pues se acabó la mozzarella con el salmón". Fuera todo, bravo, aunque esto se podía haber llevado todavía más lejos a costa de otras escenas. Sin embargo, como en los dramas clásicos, será algo muy inesperado y externo a la escena lo que llevará a la pareja de amigos a un inesperado entendimiento. ¿Cómo acabará su historia después de tan larga travesía del sofá como desierto?

Prefiero que seamos amigos (Je préfère qu’on reste amis) es una comedia romántica de Laurent Ruquier estrenada en enero de 2014 en el Théâtre Antoine y que en dos temporadas cosechó más de 5,1 millones de espectadores.

 

Texto de Laurent Ruquier

Versión de Tamzin Townsend y Chema Rodríguez-Calderón. 

Reparto: Lolita Flores y Luis Mottola

Dirección: Tamzin Townsend. 

Diseño de escenografía: Ricardo Sánchez Cuerda

Iluminación: Felipe Ramos

Vestuario: Gabriela Salaberri

Producción de Jesús Cimarro para Pentación.

Fechas: Del 20 de abril al 25 de junio de 2017 en el Teatro La Latina de Madrid.

Fecha de la función comentada: 21 de abril de 2017

 

    Nunci de León    Nunci de León  

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SHAKE: UNA REFLEXIÓN TEATRAL, DELICIOSAMENTE DIVERTIDA

 

Llegamos a una playa, la Playa en la que naufragaron los gemelos Viola y Sebastian. Una hilera de casetas, es todo lo que necesita Dan Jemmett para reconstruir Noche de Reyes

En la primera caseta, un inglés de cierta edad, con aire filosófico, peculiar,  escucha música en un viejo tocadiscos, y cuenta chistes en español… un señor va al doctor y dice… Es el Bufón.

Su música servirá como hilo conductor, y narrativo de la trama… los personajes cantan, bailan, y los versos vuelan…

La segunda parece el camerino de una diva. La bella Olivia se acicala para representar todos sus roles, hermana afligida, amada desdeñosa, astuta enamorada,  amante apasionada, seductora…

La del borrachín Sir Andrew, está llena de botellas vacías…

Malvolio nos recuerda a un Peter Seller, que es a la vez, payaso, memo y mimo histriónico…

Orsino, asistido por Cesario, se prepara para su papel de galán desesperado,  mientras canta baladas de amor despechado…

Porque nuestra fábula nos habla de amores, filial, romántico, imaginario, iluso… Al mismo tiempo que refleja nuestra condición humana,  la tendencia de unos a la tristeza, a la melancolía, a los goces sin freno del placer de otros, o la rigidez por el orden y el deber.

Hay mucho humor, pero también hay tragedia y dolor porque los protagonistas han perdido a sus padres, a sus hermanos, o creen haberlos perdido.

Como en toda comedia de equívocos, los actores mutan de personaje, de personalidad, con un simple cambio de tocado… Viola que pretende ser Cesario, con un sombrero se transfigura en su gemelo Sebastian…

Estas trasformaciones se hacen a la vista del espectador, es parte del juego… La troupe es tan exigua que Sir Andrew dialoga con un sir Toby, que es una marioneta, sentada sobre sus rodillas… Y han tenido que eliminar el papel de la criada…

Y es que como dijo el propio Shake-speare… El mundo es un escenario, y todos los hombres y mujeres son meros actores… y pueden representar muchos papeles…

La gracia, los guiños prestados del cabaret, del circo, de los trucos de magia, del cine mudo, nos conducen con vivacidad por los actos, las escenas… Los errores, equívocos, malentendidos, navegan a favor del viento, y arribamos a la playa, en un delicioso desenlace, feliz, a pesar de todos los desastres, dolores o desengaños.

Un exquisito presente, rescatado por el Festival de Otoño a Primavera. Hacemos votos por la buena salud, y larga vida del FO.

 

SHAKE en Teatro La Abadía

Autor: William Shakespeare

Director: Dan Jemmett

Escenógrafos: Dan Jemmett y Denis Tisseraud

Reparto:

Vincent Berger (Sir Toby y Sir Andrew),

Delphine Cogniard (Viola y Sebastián),

Valérie Crouzet (Olivia)

Antonio Gil Martínez (Orsino y Malvolio)

Geoffrey Carey (Feste)

http://www.madrid.org/fo/2016-2017/

 

Titania  

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Mr. Pùntila e il suo servo Matti, de Bertolt Brecht, en el Teatro Arena del Sole de Bolonia

 

Desde sus primeras obras Bertolt Brecht se distancia del teatro expresionista de su época, que se ocupaba principalmente de los contrastes intergeneracionales, para interesarse de las dificultades del hombre en la sociedad. Fue precisamente la ciencia sociológica emergente la que lo acercó al marxismo. En esta obra, que puede considerarse una comedia popular finlandesa, se nota el influjo de su estancia en el país nórdico, donde se había refugiado tras haber pasado por Dinamarca, Suecia y Noruega huyendo de la ocupación nazi. Escrita en 1940, se estrenó en 1948 en Zúrich y el año siguiente inauguró la primera temporada del Berliner Ensemble.

Como en El alma buena de Szechwan encontramos el conflicto entre honestidad inoperativa y desorden social. El gran terrateniente Pùntila parece ser persona honrada sólo cuando está completamente ebrio: entonces revela sentimientos humanos y parece comprender los verdaderos valores de la vida, pero su honestidad es intrascendente, porque sus siempre aplazadas decisiones positivas se desvanecen, cuando vuelve a estar sobrio. Brecht quiere demostrar aquí que los contrastes de clase no se eliminan bebiendo en compañía y con las promesas de eterna amistad.

El montaje del Teatro del Elfo está bien estructurado, aunque la primera parte hubiera podido ser más concisa. Empieza como teatro musical de calle con redobles de tambores, música de Paul Dessau y arreglos de Matteo de Mojana, que también toca el acordeón y la guitarra según el momento. Después la historia se desarrolla a través de escenas intercaladas por breves cuadros musicales. El primer telón translúcido tiene estampado un gran billete de la moneda del país Puntiland, y se abre para dejar ver cuartos de suino colgados, sacos llenos de dinero de varias divisas y, al lado de un texto brechtiano en alemán, dos enormes estampas del despiece de una canal bovina. Al fondo una pantalla donde se proyectan los títulos de las diferentes escenas y cielos nocturnos, a veces con luna llena. Adecuado al escenario el vestuario de Gianluca Falaschi y perfectas las luces de Nando Frigerio.

El reparto es de altura: todos los actores demuestran gran oficio, desdoblándose algunos en diferentes personajes. Ferdinando Bruni, que es también el traductor de la pieza, es un Pùntila despótico o amigable según la cantidad de licor ingerida. Dueño del escenario, se mueve en frac siempre con agilidad e impecable actuación, transmitiendo la misma ambigüedad de otros protagonistas brechtianos, variantes del doctor Jekyll y Mister Hyde. Muy convincente también Umberto Petranca en el papel del diplomático tonto y endeudado que el Pùntila sobrio quiere imponer como novio a su hija. Luciano Scarpa es un perfecto Matti, el chofer de Pùntila, portador del mensaje de Brecht, que intenta que su señor no haga promesas que no mantendrá cuando vuelva a estar sereno. Tiene plena conciencia de su situación, de la de sus compañeros y de la inutilidad de intentar cambiar las cosas. No se hace ninguna ilusión porque conoce la arrogancia y los abusos de los ricos y su manera de embaucar a los pobres. Por eso no muestra sorpresa cuando en la celebración del noviazgo de su hija, Pùntila echa rudamente a las cuatro chicas del pueblo a las que había prometido matrimonio (perfectas y divertidas en la actuación y en el canto Ida Marinelli, Corinna Agustoni, Carolina Cametti y Francesca Turrini). Tampoco se alegra del ofrecimiento de la mano de su hija, una vivaz y sensual Elena Russo Arman, objetando sabiamente que no es adecuada para él, y abandona a su dueño como los demás en una acertada escena final, donde todos los criados dejan a Pùntila, saliendo en fila india. Espectáculo muy interesante que mejora sensiblemente en la segunda parte con ritmo más sostenido. Repetidos aplausos y ovaciones a todos los actores. 

Dirección y escenografía: Ferdinando Bruni y Francesco Frongia

Bologna, 2 de abril de 2017

Teatro Arena del Sole

 

Magda Ruggeri MarchettiMagda Ruggeri Marchetti 

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EXCELENTE RODELINDA EN EL REAL

 

Un estreno en España llega al Teatro Real, en coproducción con el Liceu, La Ópera de Frankfurt y la Ópera Nacional de Lyon, se trata de Rodelinda de Haendel, que ya se ofreció en versión concierto en el Auditorio Nacional y en el Arriaga de Bilbao. Después de la magnífica Billy Budd pensábamos que poco quedaba ofrecer en la temporada a lo que a calidad se refiere, sin embargo Rodelinda queda a la altura de la obra de Britten, en todos los aspectos, montaje, dirección musical, también de Bolton y elenco, sobresaliente en algún cantante y muy homogéneo en general dentro de un buen nivel.

La obra de Haendel es musicalmente intachable, con un libreto dentro del clasicismo más absoluto, que va desde la mitología griega pasando, en algún aspecto, por el Hamlet shakesperiano hasta Juego de Tronos.

Rodelinda representa la figura de la mujer fiel a su marido, rey derrotado y supuestamente muerto, que defiende a su hijo y desprecia al nuevo rey hasta que en un final feliz aquel recupera el trono. También tenemos a otro personaje Garibaldo con un ligero tufillo a Yago. Claus Guth, el director de escena, compone un montaje espectacular con una casa giratoria en la que se van sucediendo las diferentes escenas con una agilidad y claridad que casi parece un thriller, en el que el hilo conductor es Flavio el hijo de Rodelinda, que si bien no canta está presente en toda la obra y a través de sus dibujos, proyectados magistralmente sobre la casa nos va dando su impresión como si fuera un flashback de sus recuerdos, de todo lo que acontece, sus miedos y su visión de cada personaje. Un autentico acierto del regista alemán.

La orquesta, con algún instrumento barroco, impecable. Una magnifica dirección del titular del Real Ivor Bolton, especialista en barroco, que estuvo además muy pendiente de los cantantes, apuntando las entradas y respetando el volumen para no tapar las voces.

El elenco, como ya hemos dicho, muy homogéneo, en el que destacó sobre todo el contratenor Bejun Metha, en el papel de Bertarido, con una interpretación dramática y vocal excelentes, facilidad para las agilidades y un excelente fraseo. Lo mismo puede decirse de otro contratenor, Lawrence Zazo en su papel de Ununlfo. Bien la soprano Lucy Crowe como Rodelinda, aunque algunas agilidades no quedaran muy correctas y algunos sobreagudos estuvieran chillados. Bien también Sonia Prina como Eduige. Poco brillante el tenor Jeremy Ovenden y realmente flojo el barítono bajo Umberto Chiumo, con dificultades en las agilidades y en el fraseo. Cabe destacar la gran interpretación actoral de Fabian Augusto como Flavio.

El público reconoció la calidad de la representación y la buena labor de orquesta y elenco, con aplausos prolongados y bravos.

 

   Francisco Mejorada Jiménez  Francisco Mejorada Jiménez  

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LA RENOVACIÓN DE LA ZARZUELA EN UNA GRAN PRODUCCIÓN

 

La renovación de la lírica española llega a su máxima expresión en el Teatro de la Zarzuela de Madrid, en dos obras del género chico, Chateu Margaux y La viejecita, ambas del maestro Fernández Caballero, en una producción del Teatro Arriaga de Bilbao, el Teatro Campoamor de Oviedo y el Festival Grec de Barcelona, bajo la dirección escénica de Lluís Pasqual y musical de Miquel Ortega.

De la primera de ellas se elimina totalmente la referencia al libreto original y se reconvierte en el  concurso radiofónico  Camino a las estrellas, en el que dos cantantes finalistas, compiten para ser elegido como intérprete del anuncio radiofónico de navidad del vino catalán Chateu Margaux. Los números musicales de esta obra se interpretan en el estudio de radio, para así obtener el preciado galardón y son dos finalistas Angelita y Manuel Fariñas, magníficamente interpretados Ruth Iniesta y Emilio Sánchez. Todo ello aderezado con los comentarios del locutor, muy bien interpretado por Jesús Castejón,  que con fina ironía nos sitúan en los años 50, en pleno apogeo del nacional- catolicismo del régimen de Franco. Finalmente la ganadora, Angelita, interpreta el famoso vals  Chateu Margaux.

Muy conseguido tanto el decorado del estudio radiofónico, como el ambiente en el que se vive el concurso, aderezado por los anuncios comerciales de la época, deliciosamente interpretados por dos cantantes del estudio.

La segunda de las obras, La viejecita, también se inicia en el estudio aunque en este caso respetando la casi totalidad del libreto, con cantantes que en la obra se definen como  coro militar, para pasar a continuación en una alarde de transformación escénica, a la fiesta en el palacio del Marqués con una espectacular escenografía palaciega, donde se producen situaciones verdaderamente hilarantes centradas en el papel de la falsa viejecita, en realidad Carlos, que así quiere aproximarse a su amada salvando la oposición del padre.

Un auténtico éxito de Lluís Pasqual, que rejuvenece el género lírico español, que cada vez va tomando más auge en públicos habitualmente alejados y que en el extranjero cada vez se ve más solicitado.

El elenco, extraordinario tanto en voz como en interpretación dramática. Miguel Sola y Antonio Torres presentadores de anuncios, provocaron la carcajada del público. Los “militares”, de nuevo Antonio Torres, y Emilio Sánchez junto con Borja Quiza, perfectos y resaltaremos a este ultimo que realizo una soberbia interpretación del personaje “La viejecita”, con unos variados matices vocales dentro de una voz espectacular. Ruth Iniesta magnifica en el papel de Luisa, con una voz de gran proyección.

Una mención especial al ya citado Jesús Castejón, excelente como locutor y muy bien como Don Manuel. Su versatilidad le permite ser creíble en cualquier papel, tal y como ha  demostrado  a lo largo de su trayectoria artística.

La gran sensibilidad musical de Miquel Ortega, lleva  buen término la dirección de la Orquesta de la Comunidad de Madrid, en una interpretación francamente exquisita, Bien el coro. En resumen una gran espectáculo, con la memorable dirección de un autentico genio como es Lluís Pasqual.

El público aplaudió como pocas veces se ha visto en el teatro de la calle Jovellanos. Que siga la racha.

 

   Francisco Mejorada Jiménez  Francisco Mejorada Jiménez  

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MARINA: PROBLEMAS DE PRESUPUESTO Y SUS CONSECUENCIAS

 

Se ha estrenado en el Teatro Luz Gran Vía una producción de la compañía Estudio Lírico, de la ópera Marina, con dirección artística de Jesus Cordón, y musical de Fernando Álvarez Catanese. Hablar de dirección musical es un eufemismo, pues la orquesta la componían, además de un piano, no más de siete músicos, lo cual para la envergadura de la obra de Arrieta, es claramente insuficiente y de ello se resiente toda la representación. Las noticias que nos llegan, hacen referencia a que inicialmente el grupo orquestal estaba compuesto por más de veinte músicos, pero a la vista de la escasísima petición de entradas, que no podía cubrir el coste de la producción, se redujo drásticamente, con unos resultados artísticos verdaderamente lamentables. Hemos asistido a los dos repartos previstos por la compañía y la actuación en el estreno fue un autentico desastre, pues aparte de la mala sonoridad musical unida a la poca fiabilidad de los solistas y el grupo en general, los cantantes no la oían y los desfases y las desafinaciones eran continuos.

Parte de estos problemas se corrigieron en el segundo reparto, con un sonido mejor amplificado y por ello los cantantes estuvieron en un buen nivel, en especial Gema Scabal que dio una lección de interpretación. Muy bien el cubano Jorge de la Rosa en el papel de Roque, con una voz rotunda y de una calidad que augura un porvenir muy halagüeño. El tenor Gonzalo Terán, empezó con poca convicción en el aria Costas las de Levante, para ir remontando a lo largo de la obra: lamentablemente su actuación dramática fue inexistente. Carlos London aportó su buena voz y su seguridad de siempre.

El coro estuvo realmente mal, falto de ensayos.

El montaje escénico, convencional, sin complicaciones estéticas o modernistas, pero definió correctamente el libreto. Faltó un movimiento actoral, que hizo que los cantantes resultaran muy estáticos y perdiera  fuerza su interpretación.

El público aplaudió con poco entusiasmo el primer reparto, pero con fuerza a Gema Scabal y Jorge de la Rosa en el segundo.

Como resumen, diremos que las producciones en formatos de bajo presupuesto de obras menos populares, o sea de las que no se consideran de repertorio, está sujeto a este tipo de avatares. El público en estos casos quiere ver lo más conocido, tanto en ópera como en zarzuela. Lamentablemente, no existe una cultura musical en este país que permita grandes asistencias de espectadores, solo por el propio hecho de ver una obra de teatro musical clásico. Para ello se necesita crear una cultura de calidad en las producciones, que vayan llamando la atención y atraigan a nuevos públicos y consoliden los habituales. Este tipo de representaciones pueden llegar a vaciar los teatros y operan contra la credibilidad de las mismas compañías, que como en el caso de  Teatro Lirico, han hecho otras buenas producciones y que ya bastante tienen con sobrevivir sin una sola subvención y va en detrimento del propio teatro lírico.

 

   Francisco Mejorada Jiménez  Francisco Mejorada Jiménez  

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NON TI PAGO DE EDUARDO DE FILIPPO EN EL TEATRO ARENA DEL SOLE DE BOLONIA

 

Escrita y representada en 1940, esta obra pertenece a la primera época de la producción eduardiana, antes de que se vieran defraudadas las esperanzas de una sociedad mejor, tras el revulsivo de la guerra en Italia. El tema de la lotería y del fiar en el favor de la suerte que dé un vuelco a la situación económica, así como la picaresca y las estafas que se desarrollan en torno a ella, no es nuevo en un ambiente pobre, donde se vive de sueños e ilusiones. Ya lo había tratado Valle Inclán en Luces de bohemia (1924), donde el amigo del protagonista sustrae a dos pobres mujeres el billete de lotería premiado, y, años más tarde, Buero Vallejo en Hoy es fiesta (1957), donde Doña Balbina vende décimos caducados. Pero si en De Filippo y en Buero aletea la esperanza, en Valle todo termina trágicamente. Común a las dos últimas son la espasmódica espera del sorteo, las discusiones, chismorreos y desahogos de la amargura de la vida diaria.

Varios son los temas que se encuentran en la pieza que nos ocupa, siendo sin duda el primero el de la incomunicación en el seno de la misma familia. La dificultad en las relaciones humanas está a veces causada por la mentalidad del mundo pequeño-burgués y por las estrecheces en que vive, un ambiente donde reinan la envidia, la superstición, la creencia en la fortuna, en el poder de las maldiciones, en los conjuros para evitar los maleficios, que en Non ti pago parecen tener una fuerza casi física.

La escenografía es realista y de colores tenues. En una larga pared con puertas y ventanas que dejan ver un cielo amenazador, lleno de nubes que a menudo producen truenos tremendos, domina el retrato del difunto padre de Fernando Quagliolo, que estará cada vez más circundado de flores y velas a medida que avanzan la acción y el efecto de la maldición. El protagonista posee un puesto de lotería, y él mismo es un jugador, pero eterno perdedor, e inevitablemente envidioso de la suerte que sonríe a menudo al joven empleado que aspira a la mano de su hija. Éste gana cuatro millones de liras, jugando al número que le ha revelado en sueños el padre de Fernando, y este último, ciego de envidia, no quiere pagarle el premio sosteniendo que el difunto se ha equivocado y que en realidad quería revelar el número al hijo.

El cast formado por la “Compagnia di teatro Luca De Filippo” es de prestigio y merecería citación individual por su consumado oficio y porque al unísono contribuye al ritmo sostenido de una representación que, aparentemente ligera, es el retrato irónico de un mundo que vive de expedientes. Entre los expertísimos actores destacamos, en el papel de Fernando, interpretado originalmente por Eduardo y después por Luca De Filippo, a Gianfelice Imparato que, aun fiel a la tradición de aquellos, aporta su personal actuación. Carolina Risi encarna a Concetta, la sufrida mujer del protagonista, que soporta el carácter de este hombre despótico, pero a quien se opone enérgicamente llegado el caso. Víctima de este padre-patrón es la hija Stella (Carmen Annibale) que interpreta con sensibilidad su rol, así como Massimo de Matteo que dibuja cabalmente el papel del novio. Entre todos, el único amigo del déspota puede considerarse el dependiente Aglietiello (Nicola Di Pinto) que le ayuda a embotellar tomates, pero sobre todo a descifrar las formas y movimiento de las nubes, para leer en ellos el número afortunado de la lotería que nunca sale. Acertado el vestuario de la época y magnífica la música de Nicola Piovani.

El público, divertido por los numerosos gags y la brillante actuación, aplaudió repetidamente, incluso durante la representación.

Dirección: Luca de Filippo.

Escenografía: Gianmaurizio Fercioni.

Iluminación: Stefano Stacchini.

Vestuario: Silvia Polidori.

Música: Nicola Piovani

 

Magda Ruggeri MarchettiMagda Ruggeri Marchetti 

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LA CIUDAD DE LAS MENTIRAS, UNA MENTIRA DE ÓPERA

 

Una de las muchas definiciones de ópera, explica que es un género de música teatral en el que una acción escénica se armoniza, se canta y tiene acompañamiento instrumental. Las representaciones suelen ofrecerse en teatros de ópera, acompañadas por una orquesta o una agrupación musical menor. Forma parte de la tradición de la música clásica europea y occidental.

En La ciudad de las mentiras se altera totalmente el sentido de esta definición, ya que la música es sustituida por ruidos, acompañando a la acción, a través de una orquesta y unos músicos en el escenario, en el que se entremezclan una serie de cuentos de Onetti, con un resultado poco comprensible. ¿Es esto una ópera? ¿Por qué? ¿Por qué despreciar la música sustituyéndola por ruidos? No parece exacto llamarle teatro musical si prácticamente es un texto ininteligible e incoherente, acompañado de sonidos inconexos, partiendo de los citados cuentos de Onetti, que en principio parecían muy interesante y al final todo queda en un autentico guirigai.

La modernidad creemos que no se muestra por tal descoordinación, en la que aparecen además elementos superfluos, aunque algunos tengan algún valor, como un camarero simulando ser Charles Chaplin. Si uno lee el argumento de los cuatro cuentos y luego ve la obra, se sume en el más absoluto desconcierto, con el riesgo de desconectarse de la misma con dos opciones, marcharse o ver si algo mejora.

No somos de los que pensamos que solo existe la ópera antigua, ni somos “tra” “tros”, es decir que solo nos gustan Traviata y Trovador, pero al menos tenemos derecho a pensar en que al público hay que darle algo comprensible, dentro de la línea de lo que se espera de un teatro de ópera. Si solo los autores entienden la obra mal asunto, a no ser que se busque un espectáculo medio circense, como es el caso que nos ocupa pero no cabe duda de que la respuesta del público no es muy positiva. A este respecto nos remitiremos a vanguardias anteriores, como la escuela de Viena, que supuso una ruptura  artística, pero que pronto fue aceptada porque incorporaba elementos clásicos de la ópera, con una estructura musical diferente pero valorada por el espectador. En La ciudad de las mentiras no existe nada que se asemeje al concepto de ópera, solamente si lo entendemos con su significado del italiano, es decir obra. Ahí cabe todo. La cuestión es  ¿Lo entenderá el público así?

Es difícil juzgar al elenco y nos limitaremos a valorar la audacia del director, Titus Engels, capaz de sacar adelante una ¿partitura? en la que predominan los ruidos y algunas notas musicales de dudoso valor.

Parte del público se salió,  anticipadamente, con la esperanza de tiempos mejores. Otra parte aplaudió, no muy entusiásticamente, se supone que por personas que tienen otra visión de la ópera moderna, lo que nos parece muy respetable.

 

   Francisco Mejorada Jiménez  Francisco Mejorada Jiménez  

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LA REVOLTOSA: UN PROYECTO MUY DIDÁCTICO Y PROMETEDOR

 

La zarzuela como género lírico goza de buena salud, con un público fiel que asiste a los teatros con asiduidad y especialmente a las buenas producciones del Teatro Nacional de La Zarzuela de Madrid. Pero de tiempo atrás se observa un progresivo envejecimiento de los espectadores, que auguran un porvenir muy sombrío a este magnífico teatro musical, genuinamente español. En gran parte esto es debido al desinterés generacional, desde la juventud a una incipiente madurez que sincera y llanamente la desprecia, por varios  motivos, entre ellos el mal cartel de casposa, de franquista y de antigua, a lo cual han colaborado determinados sectores de la intelectualidad, que todo sea dicho desconocen su valor musical y teatral y prefieren el boato y el prestigio que proporciona hablar de otros géneros mas universales como la ópera. Esta circunstancias que apuntamos, son características de países con un histórico nivel cultural precario, en los que se toma como modelo todo lo que viene de fuera, o lo moderno. Tremenda error, pues la zarzuela como espectáculo lírico tiene obras maravillosas. Tanto en el llamado género chico como en las zarzuelas grandes, se puede disfrutar de momentos musicales y dramáticos de altísima calidad, pero como están en español y parece que los libretos están sobrepasados en argumento y contenido, todo ello huele a naftalina. Es lo mismo que decir que los amores de Romeo y Julieta son antiguos y despreciar una obra de referencia. Si se lee el libreto de  óperas como La Traviata, El trovador, por poner un par de ejemplos entre miles, se vería que los textos son infumables.

Todo este amplio preámbulo viene como consecuencia del estreno por parte del Teatro de la Zarzuela de La revoltosa, adaptada a los tiempos modernos con  rotundos cambios en la escenografía, en el libreto y en la concepción moderna de lo que sería una historia para jóvenes. La corrala se sustituye por Internet con sus whatsapp y demás métodos de comunicación que salen de estos teléfonos “todoterreno”. La obra está representada por jóvenes en su mayoría veinteañeros, con un estilo de canto más cercano al “musical” y a lo que se oye en la radio y se ve en la “tele”. Paralelamente se ha invitado a colegios  e institutos a las representaciones, con unos coloquios al terminar la obra, entre cantantes y espectadores con un resultado sorprendente, con una participación entusiastica de estos últimos, muy superior al frio público de las representaciones formales.

La dirección escénica, magnifica, ha sido de José Luis Arellano y la musical de David Rodríguez al frente de una orquesta de ocho músicos que podríamos calificar de excelentes, como solistas y grupalmente.

Del elenco, una modernísima, Ana Cristina Marco, con buena voz y dotes dramáticas y un Felipe de Alberto Frías, bien en su papel muy actual de chico de barrio enamorado. El resto a una gran altura.

El éxito ha sido rotundo y esperanzador, pues este joven sector de población ha conocido una música y unos argumentos, que ahora le son cercanos y abre unas expectativas de continuidad para nuestro magnifico genero lírico.

 

   Francisco Mejorada Jiménez  Francisco Mejorada Jiménez  

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LA MALIGNA PERSECUCIÓN DE LA BONDAD: BILLY BUDD

 

Muchas interpretaciones se han dado a la obra de Melville, y no es de extrañar pues el gran escritor norteamericano, siempre ha planteado en sus obras cuestiones morales profundas, no fáciles de asumir y analizar, basadas en sus azarosas experiencias como marinero en las que se incluyen un motín y una deserción. Esa vida en el mar la refleja en Billy Budd, obra que se ha llevado al cine y a la ópera y de ella vamos a comentar tras su estreno en el Teatro Real.

El tema de la obra nos plantea un enfrentamiento entre la bondad y la maldad, simbolizada esta por el poder omnímodo del estamento militar, en este caso marino, receloso y envidioso de este casi imposible candor,  al que se le intuye igualmente un comportamiento homófono, que sirve de rechazo para alejar unos posibles sentimientos homosexuales. La dureza y rudeza del entorno marinero, contrastan de esta forma con la nobleza del comportamiento de este joven y bello marinero, Billy Budd. Las referencias a las ideas revolucionarias francesas por parte de los rígidos oficiales y la alusión al barco de donde procede Billy Budd, “Derechos del hombre”,  crean un clima de sutil enfrentamiento ideológico, entre los maltratados marineros y la dominación de los citados oficiales y fuerza de seguridad del barco.

La dirección artística de Deborah Wagner es una auténtica lección de la interpretación del libreto de otro gran escritor E.M. Forster, basado en tres personajes, el propio Billy Budd, el capitán Vere y Claggart,  maestro de armas. La admiración de ambos por el marinero, contrasta con la animadversión que demuestra Claggart, temeroso de un motín promovido por un personaje tan admirado como Billy y una encubierta atracción por el, lo que le lleva a una obsesión destructiva que finalmente conduce al joven a la muerte, sin que el capitán pueda evitarlo, lo que le pesará toda su vida.

Esa cárcel que de alguna forma es un barco y que tan bien conoce Melville, queda representada por barrotes, destinados a sostener velas y por una bodega donde los marineros tienen su mundo, apartados de la clase dominante. El tratamiento de los personajes no se decanta por un juicio sobre ellos, sino que deja al espectador sacar sus propias conclusiones, acentuando los comportamientos mediante una fuerte escenografía que va calando profundamente en el espectador, llevado a su vez por una fascinante partitura de Benjamín Britten.

La orquesta, dirigida por el titular de Real, subraya con precisión cada momento de la obra, sin fisuras, componiendo una conjunción teatro-música admirable, a la que contribuyó de manera significativa el coro.

El elenco es correcto, con una actuación dramática realmente notable, donde de nuevo se ve la mano de Deborah Wagner, con voces nada espectaculares, pero que no desentonan de esta buena producción. Nos gustó el aria final de Billy interpretada convincentemente por Jacques Imbrallo.

El público ovacionó largamente a todo el grupo, ratificando que nos encontramos con una de las mejores producciones de los últimos años del Teatro Real.

 

   Francisco Mejorada Jiménez  Francisco Mejorada Jiménez  

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EL INTERCAMBIO, DE IGNACIO NACHO, UN ÉXITO (CON MAYÚSCULAS)

 

Un teatro de más de 450 localidades, lleno función tras función por un público que ríe a carcajadas, que interrumpe la acción con aplausos, que al concluir el espectáculo ovaciona puesto en pie y que, para postre, quiere volver a asistir a otra representación no se ve todos los días… Y es lo que sucede con este El Intercambio. Una sugerente y más que atractiva sorpresa que sube a los escenarios.

Ignacio Nacho ha creado un texto humorístico per se, muy cómico y divertido. La acción se desarrolla de maravilla, sobre la base de reacciones y situaciones inesperadas o insólitas, combinadas con otras recurrentes, más predecibles –que, lejos de devaluar, aumentan validez a la propuesta, en parte por los contrastes y en parte por su oportunidad--. Un humor conceptual y de acto, más que físico (aunque este aspecto resulta también importante), que huye de lo grosero y del chiste fácil de trazo grueso. Un texto plagado de gags, de guiños, de acciones hilarantes en sí mismas, que se suceden sin solución de continuidad para conformar un espectáculo que, en palabras del autor para el programa de mano, “conecta con el público a través de la empatía/compasión que transmite la engorrosa coyuntura por la que transita el protagonista”. Coyuntura a la que no me referiré por no desvelar lo que no debo, pero que sorprende e induce a la risa a toda clase de espectador.

La dirección de Juan José Afonso solo se puede calificar como extraordinaria. Todo el elenco, en general, transmite sensaciones estupendas. No hay choques, no hay estridencias. Afonso ha querido –y sabido— potenciar las virtudes del texto merced a las de cada uno de sus intérpretes, toda vez que el conjunto se verifica como mucho más que la suma de sus partes independientes. La dirección de escena es, como el texto, muy simple en apariencia… Apariencia que oculta ese buen quehacer cuyo resultado posibilita que el receptor perciba la función como un acto de “vida escénica”, es decir, con la naturalidad y la eficacia propia de la existencia real, sin perder la perspectiva de que asiste a un acto de arte teatral. Y eso no es nada fácil. Cabe destacar la excelente labor de Juan José Afonso en el aspecto concreto de la dirección de actores. El cuidado, la atención y el mimo con que, desde tan sabia dirección, se ha preparado cada uno de los personajes logra esa, llamémosle, “sinfonía teatral” a la que asistimos. Unos personajes que parecen fáciles pero que, con otro tratamiento, podrían resultar inverosímiles y sin ninguna convicción, aquí configuran una acción que se asume de forma automática y que discurre con estupenda fluidez.

Nuestro protagonista lo encarna Gabino Diego, un actor que siempre despunta por su humor, por imprimir su sello y su personalidad en los personajes a los que dota de carne, voz y alma, por su capacidad de crear complicidad. Un actor que, por increíble que pueda parecer, siempre se supera a sí mismo, en permanente inquietud por evolucionar, en mejorar y no quedar etiquetado. Y en esta ocasión nos ofrece toda la gama de sentimientos y sensaciones posibles en un ejercicio de versatilidad magnífico. La acción, centrada en él, le conduce a polos opuestos, en el espectro de la actuación, en las diferentes tesituras que le obligan a reaccionar. En cierto modo, el personaje es un trasunto escénico del espectador, en tanto descubren al unísono todo lo que se nos desvela sobre las tablas. La naturalidad con que interpreta Gabino Diego resulta un ejemplo de maestría actoral, resaltado por el juego de contrarios a que lo somete la peripecia accional. El reto lo supera con matrícula.

La vitalidad, la gracia, la frescura las encarna Teté Delgado. Toda simpatía, nos contagia el sentir de que no actúa, de que ella es así… ¡Y qué difícil es conseguirlo! (Que se lo pregunten a los miembros del Actor’s Studio.) Su personaje, como el de Gabino, se deja llevar por los acontecimientos que le suceden. Pero, al contrario que él –y por razones obvias, como se detectan sin la menor dificultad al asistir al espectáculo--, no se enfrenta a ellos. Los acepta, incluso los propicia y favorece. Como siempre, Teté realza los momentos festivos, incrementa el potencial humorístico de aquello en lo que interviene, a la vez que dota a sus personajes de cierto grado de ternura, con lo cual amplía su humanidad y poder de convicción.

Rodrigo Poisón se revela como un primerísimo actor todoterreno. Su porte y aspecto físico ya de por sí podrían condicionar (y para bien) al intérprete. Pero su talento supera con creces esa mera condición. Cada frase, cada gesto, cada actitud funcionan a la perfección. En escena es un derroche de energía, de complicidad –con los compañeros y con el receptor--, de brillantez. Nunca cae en el tópico, en todo momento es inteligente en su interpretación, y combina a la perfección momentos extremos de humorismo delirante con contención máxima, incluso no carentes de intimismo y alguna pincelada de dramatismo. ¡Ah! Y es el único actor que hace doblete en el espectáculo.

Su imponente humanidad (es muy grande, en todos los sentidos) no puede contener el talento y la versatilidad de Juanma Lara. En teatro, sobre todo, pero también en televisión, le hemos visto hacer de todo. Lo ha hecho todo, y todo bien, o aún mejor. O eso creíamos… Porque no, no lo habíamos visto todo. En este espectáculo nos regala un registro inédito en él, impactante y resuelto de la mejor de las maneras. No puedo anticipar nada del personaje, y reconozco que me encantaría, pero puedo afirmar sin temor a equivocarme que les sorprenderá, y de forma muy favorable. ¿Qué será lo próximo, Juanma?

Natalia Roig e Ignacio Nacho completan, con solvencia y acierto, el reparto. Su intervención presenta un giro más de complicación a la trama. La interpretación de Natalia Roig nos parece muy efectiva, desenvuelta y desinhibida. La de Ignacio Nacho,  mucho menos verbal pero no presente, ofrece el contraste perfecto, por oposición. La inclusión de estos personajes añade gracia y diversión, plantea, aun de forma tangencial, una perspectiva algo diferente y, sobre todo, aumenta el número de carcajadas del público, que ya eran muchas.

Se podría pensar: “A éste señor que hace la crítica, ¿le ha pagado la compañía?” Pues no. Intento exponer mis consideraciones y percepciones con total honestidad. Y voy a mencionar ahora el único “pero”, aquello que me no me ha terminado de convencer: el monólogo final, una especie de conciliación última, en mi modesta opinión, innecesaria y fuera de lugar. Mas hablo de un minuto y medio, en más de hora y media de diversión. Tampoco resulta decisiva ni menoscaba el conjunto para nada.

La escenografía que apoya la acción, destacando ciertos momentos, se debe a Ana Garay, quien también ha diseñado el eficaz vestuario; la siempre interesante música de Ricky Vivar; y la iluminación de Carlos Alzueta completan la propuesta escénica. Por su parte, la producción del espectáculo corre a cargo de Nearco Producciones, Olympia Metropolitana y Cobre Producciones.

En resumen, una fiesta de risas, de buen humor, de diversión, planteada y representada con generosidad y brillantez, llena de sorpresas y carcajadas, y que no deja sin cubrir exigencias ni satisfacciones. No se la pierdan. Disfrútenla.

 

Adelardo Méndez MoyaAdelardo Méndez Moya  (Málaga 25-2-2017) 

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LA VELOCIDAD DEL OTOÑO: NUESTRO ÚNICO TESORO ES EL TIEMPO

 

"Cuando tú eras pequeño... Cuando tú eras pequeño..." Esta frase tan odiosa, capaz sin embargo de ablandar a un cocodrilo del Nilo, se repite no menos de tres veces en La velocidad del otoño, obra que se representa en el Teatro Bellas Artes de Madrid, donde prosigue su exitosa andadura.

La sala, llena de gente mayor y con muchas ganas de aplaudir porque sin duda se identifica con el personaje de Lola Herrera, desborda de entusiasmo solidario, pues La velocidad del otoño trata del envejecimiento inexorable a partir del primer achaque avisador y de la resistencia numantina de su protagonista a dejar su casa por las buenas. Pero también trata de las argucias de una madre para envolver al hijo sensible, torcer sus intenciones primeras y hacer que no salga nunca de esa tela de araña tan sutilmente tejida por ella a base de los recuerdos más entrañables, juguetes, paseos, dulces y, cómo no, inmensas culpabilidades. Esa tela de donde nunca debió salir el hijo, y la prueba está en que ha vuelto para caer en ella mucho más enredado. "Cuando tú eras pequeño”...

Pero también se estudia en profundidad la psicología de este hijo viajero y artista fracasado, que no es sensible solamente hacia su madre y sus legítimos deseos de seguir en casa sino también hacia sí mismo, sabedor de que cuando su madre desaparezca para irse a una residencia y esa casa se cierre definitivamente, algo de él mismo habrá muerto también para siempre.

Y este papel de hijo pródigo, sensible y perdulario, lo borda a la perfección Juanjo Artero que no escatima en lágrimas, zalamerías y aspavientos cómplices hasta llegar a convencer a su madre de aquello para lo que el hijo más cruel (hay otros dos que esperan fuera) no hubiera sido capaz de lograr con amenazas: hacerla salir de su casa: "porque ahora que tú estás conmigo, hijo mío, y ya no me importa lo que me pase". Claro que, para ello, ha hecho falta antes un definitivo acto de amor: la madre no volará nunca la casa con el hijo dentro.

Y ahí es donde las lágrimas del hijo se desbordan y donde la tela de araña se cierra por completo sobre él. El final, sin embargo, es tan inteligente como para quedar abierto: ¿va Lola Herrera camino de la residencia de la mano de Juanjo o se va a quedar Juanjo definitivamente con ella en la casa común?

He aquí la sinopsis argumental entorno a la que se produce el diálogo entre madre e hijo. Un diálogo que no cesa a lo largo de los 75 minutos aprox. de duración de la obra:

"Alejandra, una artista de 79 años de edad, se enfrenta a su familia por el lugar donde va a pasar el resto de los años que le quedan de vida. A su favor tiene su ingenio, su pasión por la vida y una barricada que ha creado en la puerta de su casa con suficientes cócteles molotov para hundir el bloque entero. Pero sus hijos tienen su propia arma secreta: su hijo más joven, Cris, que regresa después de 20 años de ausencia apareciendo a través de la ventana del segundo piso en el que vive Alejandra para convertirse en un mediador in extremis de la familia. Apenas pronuncia las palabras 'Hola, mamá' cuando las bombas emocionales comienzan a explotar."

 

Autor: Eric Coble

Dirección: Magüi Mira

Adaptación: Bernabé Rico

Iluminación: José Manuel Guerra

Productor: Jesús Cimarro

Reparto: Lola Herrera y Juanjo Artero

Espacio: Teatro Bellas Artes

Fechas y horarios: Del 31 de enero al 26 de marzo de martes a viernes a las 20h. Sábados y domingos a las 19h

 

    Nunci de León    Nunci de León  

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TRISTANA: ¡QUE REVIENTEN LOS MODERNOS!

 

Aparece Tristana en la cartelera madrileña y ya pueden seguir hablando de la eterna crisis del teatro: las colas que se enroscan dando la vuelta al foro del Fernando Fernán Gómez son antológicas, lo nunca visto. De pie, entrada en mano, duplican, triplican la espiral que se sigue alimentando con nuevos aportes, verdaderas multitudes que, llegan, se suman y una vez dentro, llenarán el anfiteatro de la inmensa sala Guirau a rebosar. Allí, las butacas grandes y espaciosas, invitan a arrellanarse y disfrutar; que te cuenten un cuento. Y qué mejor que un folletín del XIX  muy bien contado, repeinado y con todos los aderezos de la técnica actual, pero sin faltarle ninguno de los ingredientes decimonónicos (problemas de dinero como salsa indispensable de todos los platos, pobres chicas que sueñan con  salir de ese entorno y brillar en sociedad, el fracaso cantado de toda legítima ambición por realizarse) para que el placer sea ya inenarrable. Si además te lo cuentan grandes actores como María Pujalte y Pere Ponce, que con su presencia y su voz dan valor y tormento a cualquier disparate por exagerado y mostrenco que parezca... ¡Y mira que se dicen aquí burradas! Cuando don Lope exclama mirando al cielo " ¡Ya no me la quitas!", ¿a quién creeremos que se dirige desafiante: al novio ausente y pusilánime de su Tristanita o a Dios mismo? Es un don Juan en los infiernos el que, por celos de perderla, se ve capaz de apostrofar al mismo cielo. Olivia Molina está bien en su papel de Tristana, con ese mohín encantador tan de los Molina, aunque a veces resulte cansino por repetitivo (o más encantador aún por lo mismo, según se tome), pero es que repetitiva es la historia y así nos gusta que nos la cuenten.

Tristana tiene cerradas todas las salidas por pobre y por huérfana: necesita un protector y tiene a don Lope, pero éste no se conforma con el papel de tutor. Sólo en la vieja Saturna (otrora Lola Gaos, ahora María Pujalte) encontrará algo parecido al calor maternal y un asesoramiento práctico, pero la realidad es tozuda. Al lado de Horacio, novio enamorado pero pusilánime, el tutor don Lope, aunque abusador, sale reforzado. Don Lope la deshonra, pero ese novio la aniquila: es un hombre pequeñito. Pronto la enfermedad mutilante de Tristana será sin duda producto de tantas mutilaciones en su cuerpo pero sobre todo en su alma grande.

En versiones anteriores, la liberación máxima de Tristana consistía en ser declarada por fin "públicamente" (esto era importantísimo y fue lo más imperdonable de cuanto el novio le negó: presentarla tan siquiera a su tía) concubina; en ésta, de estos tiempos nuestros que corren, es el matrimonio la institución elegida para salvar al menos los trastos si muere el jefe. ¿Por qué será?

El argumento es como sigue: "Al morir su madre, la huérfana Tristana, de 14 años, es recogida por un amigo de la familia, Don Lope, convirtiéndose en su tutor-seductor. Don Lope, de cincuenta y ocho años, es un don Juan en decadencia, arruinado, que sabe más por viejo que por diablo. Al poco, la joven conoce y se enamora de Horacio, un pintor que no acepta el espíritu feminista de Tristana. El pintor tiene que ausentarse de Madrid durante una larga temporada y la relación se enfría (aunque Tristana sigue idealizando a Horacio). Durante este tiempo, Tristana enferma y pierde, por amputación, una pierna. El joven Horacio viene a visitarla más por piedad que por sentimiento y desaparece. Nada queda en él del antiguo amor. En esta situación, Tristana se ve nuevamente atada a Don Lope."  

Publicada como novela en 1892, Tristana se convierte en una de las protagonistas femeninas de la literatura de finales del siglo XIX que pagaron trágicamente, a veces con su vida su lucha por la independencia de la mujer, como también lo fueron Ana Karenina, Nora (Casa de muñecas), La señorita Julia, o Madame Bovarie. En 1970 Luis Buñuel adaptó la novela de Galdós a la pantalla. La película, protagonizada por  Fernando Rey en el papel de don Lope y Catherine Deneuve en el papel de Tristana, fue candidata al Óscar de Hollywood por Mejor película de habla no inglesa.

 

Autor: Benito Pérez Galdós

Versión: Eduardo Galán con colaboración de Sandra García

Dirección: Alberto Castrillo-Ferrer

Escenografía: Mónica Boromello

Iluminación: Nicolás Fischtel

Vestuario: Cristina Martínez

Sonido: Tuti Fernández

Dirección de producción: Luis Galán. Secuencia 3

Reparto: Olivia Molina, María Pujalte, Pere Ponce y Alejandro Arestegui.

Coproducen Secuencia 3, Som Produce, Pedro Hermosilla Managment, Cow Events Group

Espacio escénico: teatro Fernán Gómez 

Fechas y horarios: Del 17 de enero al 26 de febrero de 2017

Martes a sábado – 20:00h Domingos – 19:30h

 

    Nunci de León    Nunci de León  

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El amor brujo: el fuego y la palabra en el Teatro Comunale de Bolonia

 

Manuel de Falla compuso El amor brujo en 1915, una obra instrumentalmente grandiosa que asimila y eleva la música y los ritmos típicamente españoles. La partitura inquietante, sensual, revela esa sensibilidad ibérica integrándola en la corriente sinfónica europea del momento, que el compositor había absorbido durante su larga estancia en París en contacto con Albéniz, Debussy y Ravel entre otros.

Carlus Padrissa en el centenario del estreno en Madrid (Teatro Lara, 1915) de esta magnífica pieza, donde se funden sonidos clásicos, flamencos y folclóricos, ha querido rendir homenaje al compositor y a la ciudad del Genil, incorporando también a un excelso granadino como José Val de Omar, del que se proyectan durante el espectáculo vetustos celuloides de principios del siglo pasado que nos revelan una Granada desconocida y la belleza de la Alhambra.

Esta versión, estrenada en Granada en 1915, coproducción del Teatro Comunale de Bolonia con el Festival de Danza y Música de Granada y otras entidades artísticas, es espectacular, excéntrica, hipnotizante, y añade a la música de El amor brujo partes de Noches en los jardines de España, El sombrero de tres picos y La vida breve, intercalados con las proyecciones de José Val de Omar. Las imágenes de los juegos de agua de la Alhambra y el Generalife, esporádicos taconeos, y la entrada de los novios por el patio de butacas, nos introducen en la historia, pero se trata de una lectura muy personal de Padrissa que identifica a Candela con María de la O Lejárraga, supuesta autora del libreto que, por la mentalidad de la época, tenía que firmar con el nombre del marido. El propio Padrissa ha explicado que la versión de La Fura dels Baus es en realidad un acto de concienciación feminista, la demostración de que la mujer posee la fuerza para conquistar a su hombre sin necesidad de la ayuda de brujas.

La revisión de la obra no afecta pues a la música sino al libreto que se aparta notablemente de la versión más conocida. La principal novedad reside en la puesta en escena, dominada casi siempre por una estructura móvil con extremidades inferiores abiertas a modo de grúa portuaria, proyectada a lo alto del espacio escénico, seguramente inspirada  en el cuadro Jirafa ardiendo (1937) de Dalí. El brazo oscilante superior sustenta aéreas evoluciones de acróbatas con luces a modo de antorchas, y la base cuadrada representa lo femenino y la fuerza de Candela (Esperanza Fernández) que, cantando sujeta a otro elemento oscilante, consigue que Carmelo vuelva a ella.

El juego de las luces y los efectos especiales de Thomas Bautenbacher son deslumbrantes. El agua en el escenario y las salpicaduras que producen los artistas bailando sobre ella, el fuego eficazmente reproducido con proyecciones, humos y luces para salvar los problemas de seguridad, la fuerza física de los movimientos corporales de los actores en el suelo o sujetos a la grúa que los eleva a gran altura, contribuyen a crear un espectáculo subyugante, pero que relega la danza a un plano muy secundario. La guitarra de Miguel Ángel Cortés es magnífica y nos parece un acierto su integración escénica. El quejío de la cantaora (Esperanza Fernández) fascina al público con su expresión de la angustia flamenca y el arte de una voz singularmente adecuada para esta música.

Un público entusiasmado aplaudió repetidamente a toda la compañía, con especial obsequio a la cantaora y al guitarrista.

 

Director musical: Felix Krieger.

Dirección de escena y escenografía: Carlus Padrissa / La Fura dels Baus .

Coreografía: Pol Jiménez.

Vestuario: Chu Uroz.

Iluminación: Carles Rigual.

Cantaora: Esperanza Fernández.

Guitarra flamenca: Miguel Ángel Cortés.

Orquesta y técnicos del Teatro Comunale de Bolonia

14-19 de febrero 2017

 

Magda Ruggeri MarchettiMagda Ruggeri Marchetti 

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