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NOTICIAS TEATRALES Publicación creada el 6-8-2002 / Esta es la edición de 15-11-2017

 

NOTICIAS TEATRALES
Elaboradas por Salvador Enríquez
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DESDE LA PLATEA

 

Índice de comentarios

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UNA CARMEN DE REFERENCIA

Por Francisco Mejorada Jiménez

VANIA: ADIÓS AL AMOR; SÓLO NOS QUEDA EL TRABAJO

Por Nunci de León

EL RUFIÁN DICHOSO: CAMALEÓNICO CERVANTES

Por Nunci de León

EL VIAJE A ALGUNA PARTE DE ANTONIO GIL APARICIO. 40 FESTIVAL DE TEATRO DE BADAJOZ

Por Francisco Collado

MARAT/SADE DE ATALAYA. LA LOCURA COMO EJERCICIO DE CORDURA. 40 FESTIVAL DE TEATRO DE BADAJOZ

Por Francisco Collado

DON JUAN TENORIO. HERMOSA REVISITACIÓN DE UN MITO. DE AMARILLO PRODUCCIONES. 40 FESTIVAL DE TEATRO DE BADAJOZ

Por Francisco Collado

TERRENAL, QUE NO PARAÍSO

Por Titania

IL LIBRO DI GIOBBE DE EMANUELE ALDROVANDI Y PIETRO BABINA EN EL TEATRO ARENA DEL SOLE DE BOLONIA

Por Magda Ruggeri Marchetti

DIVERTIRSE SIN COMPLEJOS: EL CANTOR DE MÉXICO

Por Francisco Mejorada Jiménez

LA RUTA DE DON QUIJOTE: PARA SEGUIRLA Y AMARLA

Por Nunci de León

VIEJOS: ¡OJALÁ TODOS LLEGUEMOS A SERLO ALGÚN DÍA!

Por Nunci de León

LUCIO SILLA, EXTRAÑA INAUGURACIÓN DE TEMPORADA DEL TEATRO REAL

Por Francisco Mejorada Jiménez

GROSS INDECENCY: LA BELLEZA ESCANDALOSA DE WILDE

Por Nunci de León

EL INTERCAMBIO: ENTRE PILLOS Y ACTORES

Por Nunci de León

UN NABUCCO DE LUJO EN EL FESTIVAL DE ÓPERA DE MEDINACELI

Por Francisco Mejorada Jiménez

CERVANTINA. NO HAY MEDICINA QUE CURE EL RONLALISMO. 33 FESTIVAL DE TEATRO CLÁSICO DE ALCÁNTARA. RON LALÁ

Por Francisco Collado

La Bella Helena, dentro del Festival de Teatro de Mérida

Por Francisco Collado

HAMLET. UNA REVISITACIÓN DE LUJO. 33 FESTIVAL DE TEATRO CLÁSICO DE ALCÁNTARA. TEATRO CLÁSICO DE SEVILLA

Por Francisco Collado

LOS MISTERIOS DEL QUIJOTE. EL TRIUNFO DE LA “BRUJERÍA”. 33 FESTIVAL DE TEATRO CLÁSICO DE ALCÁNTARA

Por Francisco Collado

LOS PELÓPIDAS: LAS TRAMPILLAS DE LA HÉLADE - NOCHES DE VERANO EN BADAJOZ

Por Francisco Collado

EL MUNDO DE LA TARÁNTULA: INVITACIÓN A VIVIR

Por Nunci de León

SOÑANDO CERVANTES EN EL XXVII FESTIVAL DE TEATRO CLÁSICO DE CÁCERES

Por Francisco Collado

UNA MUY BUENA BUTTERFLY EN EL TEATRO REAL

Por Francisco Mejorada Jiménez

CUATRO CORAZONES CON FRENO Y MARCHA ATRÁS: PARA COMERSE EL VERANO

Por Nunci de León

ADIÓS A LA BOHEMIA, DEL BUEN HACER Y DE UNA OBRA MAGISTRAL

Por Francisco Mejorada Jiménez

UN GRAN ELENCO JOVEN EN UNA GRAN PRODUCCIÓN: MARINA EN EL TEATRO DE LA ZARZUELA

Por Francisco Mejorada Jiménez

UN HAMLET QUE NOS CUESTIONA QUIENES SOMOS… O NO SOMOS…

Por Titania

EL GALLO DE ORO UNA ÓPERA PRESCINDIBLE

Por Francisco Mejorada Jiménez

LA TOURNÉE DES PUCES PASÓ POR PARÍS

Por Claudie Terrasson

VIENTOS DE LEVANTE: PARA DEJARSE LLEVAR

Por Nunci de León

LA TERNURA. UN DELICADO HOMENAJE A LA COMEDIA

Por Titania

LOS ESCLAVOS DE MIS ESCLAVOS: UN CÓCTEL EXPLOSIVO

Por Titania

 

UNA CARMEN DE REFERENCIA

 

La ópera Carmen que se está representando en el Teatro Real en su producción de la Opera National de Paris del año 1999, ha sufrido una polémica antes del estreno con motivo de algunas escenas controvertidas sobre la utilización de la bandera española. El momento político que vivimos aconsejó hacer “ajustes” en palabras del director del Real, Joan Matabosch. Como en la rueda de prensa no estuvo el director artístico, Calixto Bieito no pudimos conocer su impresión.

La producción es realmente impresionante en muchos de sus aspectos, pues descartaríamos la interpretación dramática de algunos cantantes, moderniza el entorno social de la obra de Merimee-Bizet, al convertir el cuartel de carabineros en un cuartel de legionarios con una muy buena escenificación, sin necesidad de attrezzo. La irrupción de las cigarreras se reviste de una gran carga erótica que se acentúa con la aparición de Carmen. En ningún momento sin embargo se adivina procacidad ni exhibicionismo sexual. La obra se adentra en la relación con los contrabandistas que a la vez ejercen de proxenetas, con una Carmen también prostituta en la escena de la taberna de Lilas Pastia. Es en la escena de la guarida de los contrabandistas, actualizada con numerosos coches, entre los que se desarrolla la acción, que quizás por exceso de  elementos escénicos, el encuentro de Carmen con las cartas de la suerte, pierde algo de fuerza, también la sosería de Gaëlle Arquez influye sin duda, por el contra la irrupción de Micaëla llena de vigor vocal y sin el miedo a estar en tamaña situación, para una jovencita de un pueblo navarro. El final, muy bien planteado con un escenario vacío, no es correspondido por la actuación de Leonardo Caimi y Arquez, en un enfrentamiento más propio de una pelea “poligonera” que del dramatismo que la acción exige. Todo ello no desvirtúa en absoluto una magnifica producción escénica, rompedora pero fiel al libreto.

El elenco del tercer reparto, correcto pero falto de vigor. Como ya hemos apuntado con anterioridad, la Carmen de Gaëlle Arquez, bien de voz pero sin conectar con el público lo mismo que Leonardo Caimi, con una bella voz, que si bien en la canción de la flor, hizo una irregular interpretación, el resto lo llevo con corrección. Ambos no convencieron en el dramatismo de una obra que no se presta  a medias tintas en ese aspecto. Bien la Micaela de Eleonora Buratto, al igual que Kyle Ketelsen en Escamillo. Cumplieron sobradamente Mikeldi Atxalandabaso como Le Remendado, Borja Quiza como Le Dancaire, Olivia Doray en su Frasquita y Lidia Vinyes como  Mercedes.

La orquesta dirigida por Marc Piollet con un inusitado brío, suponemos para estar a la altura que marca Bieito en  la producción y desde luego lo consigue. Solo la obertura ya deja clavado en la butaca al espectador.

El coro, muy importante en esta obra, respondió con brillantez.

En resumen una representación de altísimos nivel, con algunas lagunas, ya comentadas, pero que como es sabido en su larga andadura, es considerada referente en esta ópera. El público salió satisfecho aunque no tanto de los protagonistas.

 

   Francisco Mejorada Jiménez  Francisco Mejorada Jiménez  

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VANIA: ADIÓS AL AMOR; SÓLO NOS QUEDA EL TRABAJO

 

La novedad que la compañía Les Antonietes añade al texto clásico es un humor actual, que podríamos llamar televisivo, de hacer ver el absurdo de ciertas situaciones sin tocar para ello lo trascendente ni mollar del asunto sino muy al contrario, haciéndolo de la manera más banal.

Por ejemplo, un personaje pregunta por otro al que requiere en escena junto a él con insistencia, cosa imposible puesto que ambos personajes son representados por el mismo autor. Con ello rompen la cuarta pared y consiguen arrancarle unas risas a público, que ya venía cargado y un poco harto y adormido de tanta monserga ecologista y tanto existencialismo avant la lettre. Aquí, a este último le llaman filosofía para hacer reír un poco más al tendido: “No empieces con tus filosofías”, se apostrofan, y como nadie calla en escena, la gente ríe.

Pero el denominador común se mantiene como en toda la obra de Chejov: “Todo es inútil. No se puede hacer nada pero, en caso de que pudiéramos hacer algo, también sería inútil porque no serviría de nada”. Y para empezar, el médico, doctor Astrof, trasunto del propio Chéjov, que con ser un personaje “decente” (ama la soledad de la naturaleza, el gozo en sus paseos entre las plantas y los bosques y expresa sus sentimientos en un largo texto hermoso y actual, cruce entre Garcilaso y Al Gore), esconde un amor oculto que lo paraliza por completo por la esposa de Serebriakov, dueño de la finca. Una finca preludio de El jardín de los cerezos, donde transcurre la acción. Ello le sirve a Chejov para mostrar un encuentro familiar plagado de problemas y donde nadie es inocente, ni siquiera el médico, ni siquiera las víctimas, en un contexto de ruina que parece presagiar la inminente Revolución bolchevique.

Puestos a filosofar, Les Antoinetes plantea esto: “¿Y si el malestar del hombre no proviniera de su relación con el mundo exterior? ¿Y si el malestar tuviera su origen en uno mismo?”

Chéjov, con Tío Vania, nos advierte del peligro de cavar demasiado hondo en el interior de uno mismo, porque total, eso sólo sirve para ahondar en nuestra desgracia. No hay duda de que en Vania, personajes y actores se ven a sí mismos como marionetas de alguien que se está riendo entre bambalinas. Por ello la frase de Vania que encabeza este texto es necesaria hoy como siempre porque alerta del riesgo de caer en el cinismo, la introspección, y la desidia.

Les Antoinetes, que triunfó en este mismo centro Fernando Fernán Gómez en 2015 con Stockmann de Ibsen, muestra ahora el texto más germinal de Chejov en toda su crudeza existencial y discursiva, con el alivio de esas gracietas tan fútiles para hacernos volver en sí.

 

Vania de Antón Chejov.

Compañía: Les Antonietes Teatre.

Dirección y adaptación: Oriol Tarrasón.

Reparto: Alejandro Cano, José Gómez-Friha, Teresa Hurtado de Ory, Alicia Rubio, Oriol Tarrasón.

Escenografía: Les Antoinetes.

Producción y distribución: Annabel Castan, Les Antoniettes.

Fechas: del 19 de octubre al 12 de noviembre de 2017

Fecha de la función comentada: 28 de octubre de 2017

Lugar Centro de Arte Fernando Fernán Gómez (Madrid)

 

    Nunci de León    Nunci de León  

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EL RUFIÁN DICHOSO: CAMALEÓNICO CERVANTES

 

En El rufián dichoso la música que, según su autor "nunca puede contener cosa mala", inicia y acaba la representación. Es un bailecito muy cervantino, muy bien traído y muy bien cantado que, sin embargo, es lo único. La única música que se va a escuchar en toda la función. Todo el resto de la obra carece por completo de ese elemento tan querido  a su autor, por lo que quizás la acción y todo lo demás discurra un poco a saltos, sin amortiguadores. Va un poco a tropezones. Los cortes en la acción son tan bruscos que se pasa de una escena a otra -muy distintas y distantes ambas entre sí - sin más transición que el cambio que el operado en las luces y colores del escenario, muy significativos pero cuya estructura básica no varía, y eso es un logro en medio de tanta movilidad. Sólo el criado Lagartija parece, de entre los 9 personajes, estar imbuido de esta zozobra barroca producida por tantos y tan súbitos cambios. Él, mezcla de pícaro, criado y Crispín nos hace reír y comprender mejor toda la gravedad de los hechos.

En efecto, como si en la obra Cervantes quisiera hacerse eco de las críticas que ha vertido al principio contra esa ruptura de las tres unidades clásicas de acción, tiempo y lugar y que tanto le sublevan, este Rufián las rompe todas y así pasa de España (Sevilla) a México, de una casa de lenocinio a otra que es del inquisidor cuya mujer lo protege, y va sin detenerse a otra que es del alguacil, para seguir saltando de allí a la calle y de la calle al convento ya en México y después de cruzar el mar, con cambios tan radicales en los personajes como la lepra "repentina" de la señora del alguacil, antaño lozana y perseguidora del Rufián que se le aparece en México, o el hábito frailuno en que éste se esconde y que acabará siendo algo más que un hábito porque aquí el hábito sí hace al monje. Por lo que se ve en la función y tal como refleja la azarosa vida del propio Cervantes, entonces se movían mucho más que ahora y lo de pasar a América, con todos sus vahídos y nauseabundas vascas, era paseo obligado para quien se lo pudiera permitir.

¿Y de qué trata este rufián tan dichoso?

El Rufián dichoso cuenta la historia de la conversión de un hombre perteneciente al hampa sevillana, Cristóbal de Lugo, criado del inquisidor Tello de Sandoval. Bajo la protección de su amo, Lugo tiene libertad para actuar a su antojo en los escalones más bajos de la sociedad hispalense, sin muestras de arrepentimiento. Tras una elipsis temporal, Lugo aparece convertido en Fray Cristóbal de la Cruz. Este cambio repentino se explica a través de la intervención de los personajes alegóricos que su criado nos sirve y que explican el cambio de Lugo hasta llegar a convertirse en el hombre santo que ahora es.

 

Dirección: Rodrigo Arribas / Verónica Clausich

Adaptación: José Padilla

Reparto: Javier Collado, Montse Díez, Pablo Vázquez, Alejandra Mayo, Julio Hidalgo, Raquel Nogueira, Nicolás Illoro, José Juan Sevilla, Raúl Pulido

Dirección: Rodrigo Arribas / Verónica Clausich

Adaptación: José Padilla

Diseño de Iluminación: Alberto Yagüe

Diseño de Vestuario y Caracterización: Pablo Porcel / Antonio Sicilia

Diseño de Escenografía; Anna Gil

Composición Musical: Xavier Díaz-Latorre

Maestro de Armas: Javier Mejía

Hasta el 5 de noviembre en el Teatro Bellas Artes (Madrid)

Función comentada: 2 de noviembre

 

    Nunci de León    Nunci de León  

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EL VIAJE A ALGUNA PARTE DE ANTONIO GIL APARICIO. 40 FESTIVAL DE TEATRO DE BADAJOZ

 

“Vastos son los territorios de la memoria”. En estas andaban mis pensamientos, cuando sobre la foto-fija que representaba el cartel de “El Viaje Ninguna Parte”, alcancé a leer: “Emblema Producciones”.

Algo parecido debió sucederle a Proust (salvando las distancias) con su famosa magdalena. La memoria, juguetona y sin conciencia, a veces nos juega malas pasadas y en  ocasiones nos reconforta y acoge. Rememoraba, como en esta misma platea; hace algunos años; visioné el corto “El Emblema”, que reseñé en las páginas culturales de la desaparecida ¿cómo no? revista “Nuevo Guadiana”.

 No ha llovido tanto desde entonces, aunque como pude apreciar, algo de cabello se nos ha quedado a todos en el camino.  Como curiosidad, reseñar que en la edición de ese año de “El Vuelo de la Palabra.”, publiqué una narración titulada “La Canción del  Emperador”, sobre una conspiración contra el emperador en Yuste, que este año será recogida en formato guionizado, en el libro “Escritos para el Cine” de la “Fundación ReBros”. (Curiosa y fermosa coincidencia creativa).

El cortometraje “El Emblema”, hoy en día puede visionarse en el catálogo Jara, con el director ejerciendo de capitán de alabarderos.  Antonio Gil Aparicio ha  sido director de la Filmoteca de Extremadura, autor de esa remembranza silente en blanco y negro (y matices púrpura) de la Azuaga de los años 50 que es la galardonada “En  la Memoria”, proyectada entre la rejería  modernista de los antepechos del Teatro Real Cinema. También colaborador del notorio Festival de Cine Inédito de Mérida, director de la premiada (y comprometida) “El Viaje de Cris”, del documental “Amazonía, entre la magia y la realidad”, o promotor del solidario proyecto de cine inclusivo. El amor por las tablas, su propia vinculación como director teatral, han fraguado esta mirada de tres décadas hacia la farándula, hacia el cómico de la legua, que comenzara con los camiones-escenarios, bebiendo directamente de la lorquiana “Barraca”, con el objeto de acercar la cultura a poblaciones que padecían una profunda sequía por su situación geográfica o número de habitantes. Pero retomemos el hilo (como la magdalena proustiana) de este nostálgico; pero no sensiblero; viaje por el teatro de provincias. Con equidad, el documental recoge los primeros balbuceos de una arriesgada aventura (el oficio de cómico, nada menos), las ilusiones, el esfuerzo detrás de las bambalinas (nunca bien apreciado), los kilómetros y las cicatrices del  alma, la falta de sueño…

Pero también reivindica la labor de los pioneros. Un campo yermo, donde las instituciones y políticos jugaron un papel importante para mover ficha en este tablero de ajedrez de la cultura con la creación, cuyo cenit fue la hoy desaparecida, ¿cómo no? Consejería de Cultura. Una colaboración que consiguió acercar el espectáculo cultural a rincones, que de otro modo no habrían tenido acceso a esta liturgia del verbo y lo visual que es el teatro. Tomando como excusa el montaje de “Los Pelópidas” de la Compañía Suripanta (ya reseñado en este blog): 

http://elgabinetedekaligari.blogspot.com.es/2017/07/los-pelopidas-las trampillas-de-la_24.html

Este viaje iniciático, emotivo y nostálgico, pasea al espectador por los primeros pasos, la creación de la ESAD, la Escuela de Teatro y Danza de Olivenza, la dignificación como profesión (y como titulación) de los profesionales que tanto asustaban a sus padres con aquello de “Papá, quiero ser artista”…

Sería prolijo (y complicado, si se deja en el tintero a alguien) reseñar todos los nombres de actores, productores, dramaturgos, guionistas, críticos, políticos (sí, también), directores de Festivales de Cine, actores, etc, que desfilaban por la pantalla o se encontraban en el patio de butacas.  Melancólicos retazos de antiguos montajes, figuras casi en la sombra; como los técnicos de luces; diálogos que arrancaban las carcajadas cómplices del público y un velado homenaje a Javier Leoni en sus primeras incursiones. El teatro es como el borgiano jardín de senderos que se bifurcan. Una lucha entre ardiente vocación y realidad, entre facturas letales y aplausos enriquecedores, entre camerinos gélidos y mugrientos frente a la calidez de un público receptivo. Un presente que vive de lo ya escrito, flujo y reflujo en devenir constante. Una profesión, que habita; como todas aquellas en que se mantiene inseparable convivencia lo artístico con lo cotidiano, una difusa frontera y requiere de una entrega profunda y sin fisuras, de un amor intenso y una capacidad de ilusión que se renueva cada vez que se escucha: “Que comience el espectáculo”. Antonio Gil Aparicio ha sabido extraer la savia al árbol genealógico del teatro extremeño. Lo hace ayudado por las confidencias, sueños, decepciones, dudas y alegrías de todos los implicados en ese viaje que con toda certeza les llevara a “alguna parte” más luminosa y dionisíaca.

 

El Viaje a alguna parte

Director: Antonio Gil Aparicio

Producción: Gaia Media/Emblema Films/Zagal Audiovisual/MDZ

Con el apoyo de: Junta de Extremadura

Fecha de la función comentada: 18 de octubre de 2017

 

Francisco ColladoFrancisco Collado 

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MARAT/SADE DE ATALAYA. LA LOCURA COMO EJERCICIO DE CORDURA. 40 FESTIVAL DE TEATRO DE BADAJOZ

 

Desde que Adolfo Marsillach estrenara en 1968 este Marat/Sade, los fantasmas a los que se enfrentaba se han retroalimentado, se han modernizado. De aquella  sociedad garbancera, de amplia grisura espiritual, han evolucionado y habitan otras pieles. Pero su discurso continúa siendo el mismo. “Atalaya” da otra vuelta de tuerca a la excusa argumental del asesinato de Jean Paul Marat para conducirnos por el jardín de senderos que se bifurcan.

Sade organizaba veladas teatrales a las que acudía la burguesía. Partiendo de esta esperpéntica realidad, la compañía realiza un juego de espejos al que nada humano le es ajeno. Por el escenario pasea el disparate valleinclanesco, la parodia; inspirada en el burlesque de los temas musicales, el expresionismo de los juegos de luces contrapicadas y de sombras, el look kaligariano ¿o timburtoniano? de Sade, la crueldad de Artaud, el vodevil pervertido o las comedias de puertas, en este caso sustituidas por una división modulable de las mortajas/sábanas que señorean el escenario como un ser que se alimenta de la sintaxis brechtiana.

“Sin libertad no hay igualdad”, pero también “Para que sirve la Revolución, sino hay fornicación”, son los dos extremos en los que se mueve la tesis de estos enfermos mentales que se acompañan al acordeón para preguntar a la sociedad cual es la mayor locura. Modélico el juego escénico donde lo poco se transforma en mucho. El parco escenario es utilizado con sabiduría en un juego constante donde las  cortinas evolucionan en columnas, en habitáculos, sudarios, o sirven de pared para diferenciar los mundos. Una silla, la intermitente bañera rodante de Marat y un artefacto-puerta, consiguen un  juego dinámico y enriquecedor al que se suma un piano utilizado para llevar el compás en determinados momentos. Metáfora de esa lucha eterna entre el individuo y la sociedad, entre el bien común y el goce individual, descrito en soberbios diálogos defendidos con técnica y visceralidad por Manuel Asensio (excelente dicción), en el rol de noble libertino (se han eliminado los asuntos más espinosos del original,) y Jerónimo Arenal (gran vis cómico/burlesca), interpretando al ampuloso jacobino autor de la “Declaración de los Derechos  del Hombre y del Ciudadano”.

Peter Weis presenta un orate con un elevado nivel intelectual, un filósofo cuya insanía no resta persuasión a su discurso que casi consigue apagar el de Marat, aunque este se apoye notablemente en el coro de dementes revolucionarios. Ricardo Iniesta maneja  los  hilos ¿o las cortinas? de este pandemónium donde la locura oculta una cordura y una claridad metateatral y contemporánea que se permite algunas referencias de latente actualidad.

El montaje es modélico, con aprovechamiento de medios y exprimiendo al máximo los recursos visuales y dramáticos. El juego de espejos presenta una panoplia de personajes variados y pintorescos. La enferma/sonámbula transmutada en la homicida girondina Carlota Corday, es interpretada con solvencia por Silvia Garzón, en un trabajo de esforzada expresión corporal destacar también el incendiario sacerdote libertario Jacques Roux (notable Raúl Vera).

Este juego, esta poética metateatral con estética de luces y sombras, deja un mensaje sobre la locura, el arte, la impostura o la quimera de las ideologías, teñidas de una contemporaneidad palpitante, disfrazada de musical surrealista, exprime soberbiamente la expresión corporal, mixtura la técnica del clown con la sintaxis brechtiana, presiona la cuarta pared hasta hacerla estallar ante el espectador e involucrarlo y hacerle tomar postura, bajo la batuta omnipresente del demiurgo de pelos electrizados. Hasta hacerlos comulgar con la duda y el escaso límite entre o ilusorio y lo real.

Obra seminal del siglo XX, este desfile de internos de Charenton, imaginado por Peter Weiss, presenta a la sociedad sus vicios y virtudes con precedentes tan ilustres como los montajes de Marsillach (1968), Animalario (2006) o Miguel Narros (199), o la propuesta de los gaditanos Carrusel Teatro, no se presta a las modas ni a las etiquetas. Atalaya tampoco lo ha hecho. La compañía andaluza ha destilado el jugo primordial  del mensaje, transmutándolo con la alquimia de su versión, dejando intactos los temas universales, llenándolos del humor negro de las composiciones de Luis Navarro y obligando a la platea a mover pieza en esta partida de ajedrez atemporal.

Se trata, realmente, de un “ménage à trois”, un juego dialéctico. el autoritarismo es personificado por el alcaide “Abbé de Coulmier”, interpretado el actor cacereño Joaquín Galán. Una visión del mundo a tres bandas: la del cansado e incrédulo Marqués, el utópico y verborréico Marat y el orden establecido, que desea permanecer así, simbolizado por el cargo oficial. Divertida y con gran poder escénico; Carmen Gallardo; ejerciendo de maestro/a de ceremonias, que se desenvuelve por la laberíntica escenografía ideada por Pepe Távora (si señor, hermano de Salvador), vestida por Carmen Giles y maquillada por Manolo Cortés. La expresionista luminotecnia (diseñada por el propio director), corre a cargo de Alejandro Conesa con un trabajo reseñable que destaca las coreografías creadas por Juana Casado. Completan el elenco José Ángel Moreno, un divertidísimo “cartoon” que encarna al maníaco libidinoso Duperret, Lidia Maudit (Rossignol) y María Sanz (Simonne Evrard), todos con notable dominio de la expresión corporal.

Este Marat/Sade de Atalaya es un espectáculo con mayúsculas donde el absurdo se da la mano con el respeto a un tótem teatral. Un juego de cajas chinas donde se exprime esa comunión actor/público que propugnaran Artaud y Grotowski, ese desleimiento de los límites entre escenario y platea como una ceremonia iniciática, que obliga a implicarse al espectador y tomar partido. La antipsiquiatría de los 60 también sobrevuela sobre el escenario. Brech está presente con el efecto de distanciamiento, las canciones, los recuerdos, la ruptura de la línea dramática, la alteración de la secuencia cronológica. Meyerhold y su biomecánica/simbolismo, sobrevuelan con su concepto fantasmagórico y grotesco. Incluso podrían hallarse semejanzas con el teatro/documento (Teixidor, Benet, etc.) y su compromiso político. El texto juega, mezclando las dos convenciones ideológicas con las concepciones dramáticas aplicadas, para sacudir al espectador.

Anclada en lo universal como ceremonia con la coartada de lo burlesco, esta versión de Atalaya y Ricardo Iniesta es una propuesta imprescindible, donde la austeridad formal camufla la riqueza de la propuesta, donde el contexto histórico disfraza la atemporalidad de los temas, donde la dialéctica se presenta con el disfraz de la estética, donde lo grotesco cela la lucidez del discurso, que juega a la iconoclastia satirizando con el cuadro “La Muerte de Marat”. Una invitación para aventurarse por los senderos más espinosos de la sociedad, la dialéctica hegeliana, el materialismo histórico, lo colectivo y lo  individual, la honestidad y la degradación, la religión, o la muerte en un prodigioso juego de pugilismo verbal/visual que ningún amante del teatro debería perderse. Eso sería un verdadero ejercicio de Sadismo.

Fecha de la función comentada: 22 de octubre de 2017

 

Francisco ColladoFrancisco Collado 

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DON JUAN TENORIO. HERMOSA REVISITACIÓN DE UN MITO. DE AMARILLO PRODUCCIONES. 40 FESTIVAL DE TEATRO DE BADAJOZ

 

La iconografía clásica de este drama, nos remite a la época elegida por Zorrilla para situar sus personajes: los últimos años del emperador Carlos V (1545). En una Sevilla bulliciosa, plena de picaresca y rufianesca, pero con una iconografía (y un aliento) mucho más acorde con el siglo en que vivió el autor, que con la calza corta, la jarretera, los jubones acuchillados o cruces de Calatrava del original. El mito de Don Juan encuentra más similitudes con el hálito enfermizo del Romanticismo que con el áureo siglo de hidalguía y picardía. El carácter del protagonista bebe de las fuentes de un romanticismo de manual. Es subversivo y tentador. Un arrogante que se encuentra con el ideal romántico de la pureza, del amor eterno y la redención, bastante alejados de los conceptos del decimosexto siglo, enfrentado a la tradición medieval que representa Don Gonzalo.

Añadamos un amor “fou”, lejano a la  cordura, y el trágico final de un romanticismo arrebatador. Por esto ha sido todo un acierto que De Amarillo Producciones, opte por una evocadora vestimenta esproncediana (Luisa Santos), y estilizada para este convidado de piedra. La misma estructura del drama, rompiendo la regla neoclásica, alejándose de las tres unidades, sin respeto a la unidad de acción o al cauce temporal, unida al grandilocuente ejercicio en los ripios, la polimetría del verso, que contribuyen; no escasamente; a la familiaridad con la obra, acerca más a esa tormenta creativa e imaginativa dieciochesca.

¡Cual gritan esos malditos! Nunca un verso fue tan fácilmente reconocible y equivocado (cuán)  como el primer verso de Don Juan Tenorio. La compañía opta por una adaptación bastante fiel, en la que Miguel Murillo ha respetado el verbo original. Desaparecen en el primer acto los personajes de Centellas y Avellaneda, siendo sustituidos por un coro femenino enmascarado, acorde a la época festiva.

También desaparece el personaje de la tornera del Convento, que no aportaba demasiado a la historia. La escena IV con Don Luis y Doña Ana también innecesaria desaparece, dando Don Luis las explicaciones sobre la llave en monólogo. Por último la aparición de Doña Inés tras la cena a Don Juan, tampoco se produce. La escena XI, según indicación del propio Zorrilla, con Inés y Brígida descubriendo los cadáveres, puede ser suprimida.

La escenografía modular es acertada y funcional, una rampa, una mesa, una celosía, que se van transformando acorde a las situaciones, aprovechada y exprimida en todas sus posibilidades, apoyada por la potente luminotecnia

El carisma de los personajes nace de las potentes interpretaciones de todo el elenco, Guillermo Serrano compone un personaje poliédrico, atormentado, que oculta bajo la máscara de la infamia, el deseo de un amor redentor, manteniendo el ritmo narrativo y gestual durante toda la representación, llegando a crear un personaje cercano y con cierta empatía, pese a sus villanías. En las antípodas del siniestro personaje que refería el “Don Juan” de Mayorga/Portillo. Una renovación del mito que parte más del lenguaje gestual, el ritmo interno, las pausas, los matices que de cambios en la versificación. Uno de los aciertos es la sublimación del verso hasta el punto de que casi desaparece rítmicamente, coqueteando con la prosa, jugando con el timing y el ritmo interno. Ana Batuecas, habita con certeza la piel de una mujer enamorada del "yo interior" del conquistador.

Memé Tabares; dicción clásica, potente emisión de voz; maneja con soltura los apartes y la complicidad con el respetable. Dibuja una suerte de trotaconventos, una Brígida rica en recursos y matices vocales. Francis Lucas en el personaje de Ciutti está sembrado, compone un buscavidas simpático de bandolérica y hachada patilla, con gran dominio de la expresión corporal. Eficiente, Juan Carlos Castillejo, que borda al mundano tabernero (Bufarelli). Javier herrera, recrea al intransigente padre del calavera: Don Diego Tenorio. Gema González, pese a la brevedad de su papel, compone una encantadora y divertida criada Lucía. El eterno rival (y espejo) del burlador; Luis Mejías; está interpretado con eficiencia por Fermín Núñez. La abadesa de las calatravas es Elena de Miguel y Don Gonzalo de Ulloa es interpretado con solidez por Rafael Núñez. 

 En el epílogo, coreografía con influencias de Magritte. Una “Santa Compaña” envuelta en sudarios faciales asciende por la escalera en un instante de una belleza plástica y sobrecogedora. Este Don Juan es una experiencia visual harto recomendable.

Lo mejor: Las certeras interpretaciones de todo el elenco. La belleza de la escenografía, apoyada por las luces y el vestuario.

Lo peor. La colocación de los altavoces ocultaba en algunos instantes la emisión de voz. Que seguimos siendo una ciudad parca en aplausos. Un espectáculo de este nivel, con sabor intensamente extremeño, hubiera merecido mucho más calor.

Fecha de la función comentada: 24 octubre de 2017

 

Francisco ColladoFrancisco Collado 

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TERRENAL, QUE NO PARAÍSO

 

Mauricio Kartun nos sitúa a Caín y Abel en la Pampa.

El escenario recortado, por unos cortinajes raídos,  que aparentan las vallas onduladas, oxidadas del cercado de hojalata donde viven.

Es un Retrato a lo gaucho de  Vladimir  y Estragón, esperando a Tatita

En esa espera los trajes y sombreros se les han quedado chicos.

Ellos han crecido riñendo, rivalizando…

Los diálogos se entrelazan, traban, tejen, chispeantes, incisivos, rápidos, súbitos, como en un juego de pimpón.

Caín y Abel, separados por una red invisible, pero que Caín,  señala en cada gesto, levanta con cada aseveración. En cada aserción, construye el muro que les separa…

El uno ataca con anhelos de librepensador.

El otro devuelva un revés con dichos añejos, rancios, de pequeño capitalista.

Uno defiende su libertad. Protesta pidiendo, proponiendo innovación.

Otro se queja. Se lamenta, quiere imponer su punto vista, su visión de la vida, de la sociedad.

Son Caín y Abel, combatiendo física y verbalmente, intercambiando, entrecruzando frases hechas.

Uno protege su hacienda, dispuesto a atacar, a destruir todo lo que le parezcan amenazas.

Otro busca una evolución de futuro, una vuelta de tuerca libertaria.

Pero ya sabemos cómo acaba la fábula.

Caín vencerá con el uso de las armas, de la violencia.

Su prole se extenderá por la tierra, imponiendo su mirada estrecha.

Afortunadamente para todos los descendientes, las simientes están mezcladas…

Aunque por ahora vayan ganando los cainitas… Nos queda la esperanza de que los hijos de Abel se unan, hermanen, colaboren, para combatir, refrenar, neutralizar, quizá convencer, a los que cierran sus mentes, ojos, corazones y murallas, al otro. Al diferente, porque piensa de forma distinta. Sea o no forastero.

Kartun nos brinda un texto lúcido, cosido a lo criollo, con refranes, bordado, por los intérpretes, en cada mirada, en cada gesto, en cada ademán… En cada guiño al público. Público al que hacen pensar y reír al mismo tiempo, en el mismo momento.  

Un montaje esplendido que levanta con todos los honores el telón de esta Edición XXXV del Festival de Otoño a Primavera.

 

Terrenal. Pequeño misterio ácrata

Reparto:

Claudio Da Passano (Abel)

Claudio Martínez Bel (Caín)
Rafael Bruza (Tatita)

Ficha  Artística:

Autor y director: Mauricio Kartun

Escenografía y vestuario: Gabriela Aurora Fernández

Iluminación: Leandra Rodríguez

Diseño sonoro: Eliana Liuni

Asistente de dirección: Alan Darling

http://www.teatroabadia.com

http://www.madrid.org/fo/2017-2018/

 

Titania  

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IL LIBRO DI GIOBBE DE EMANUELE ALDROVANDI Y PIETRO BABINA EN EL TEATRO ARENA DEL SOLE DE BOLONIA

 

El Teatro Arena del Sole comienza la temporada 2017-18 con el estreno de Il libro di Giobbe (Job), una obra nacida de la colaboración entre dos confirmados hombres de teatro, Emanuele Aldrovandi (1985), ganador de numerosos premios entre los que señalamos el Pirandello 2012, y Pietro Babina (1967), conocido director y autor, receptor varias veces del premio Ubu entre otros.

De una propuesta de escenificación de un tema inconmensurable, nada menos que el problema del mal, del dolor y de la muerte, cabe esperar cualquier cosa, pero también el acuerdo tácito con el público de que se tratará siempre de una visión muy parcial, de una sección del problema oblicua y llena de riesgos. El canon expresivo elegido, de bíblica tradición, es el de la alegoría, la parábola, insertada de debates verbales explícitos y envuelta en imágenes de realidad virtual que transmiten el horror, la angustia y el desasosiego que causan lo absurdo y lo incomprensible, lo incontrolable en suma. El espectáculo está estructurado en una parte introductiva, una serie de diálogos y un final inevitablemente abierto.

Dentro de una representación de más de dos horas, nos parece algo excesiva la insistencia en la alegoría del tenis a lo largo de toda la obra, una vez que en la primera parte hemos captado que el jugador-Giobbe se rebela contra la victoria del contrincante, en una clara imagen de la interpelación a Dios del personaje bíblico, convencido de su propio mejor juego y anonadado por la incomprensibilidad de su derrota. Inutil conseguir que el vencedor se la explique y le revele su presunto secreto. El vídeo de fondo, con la red en medio término y los dos jugadores en el primero que golpean de espaldas al público, nos sitúa primero en una estática cancha de tenis. Ya entrado el primer diálogo, el debate entre los contendientes tiene continuidad con los comentarios a borde de pista de una cronista, que se tramuta en entrevistadora de Giobbe, siempre en torno a la incomprensible derrota del veterano jugador.

En las partes sucesivas es grande el esfuerzo del espectador para seguir el insondable significado de los diálogos y descifrar simultáneamente los vídeos al fondo, que en cualquier caso provocan siempre fuerte desasosiego: documentos de atentados; el interminable viaje en videojuego de un conductor bajo la lluvia, que se precipita repetidas veces al mar por un acantilado; el vagar errático de un cerdo por calles desiertas sorteando solitarios transeúntes; unos marginados como larvas humanas en precarias yacijas bajo un paso elevado, etc. Todo ello en la atmosfera incongruente y angustiosa de las pesadillas, que de algún modo el Hijo y a veces Giobbe intentan pilotar con los mandos de la playstation.

En el plano narrativo, pasamos del ambiente del tenis a la preparación de una mesa donde surge el tema de la comida vegana y el sufrimiento de los animales, pero también de su propia crueldad en ocasiones. Después se vuelve sobre el libro que está escribiendo Giobbe y las eternas y angustiosas preguntas sin respuesta posible. El protagonista, derrotado en el deporte y en la vida, evoca el abismo del dolor hablando de una imaginaria brecha negra que se abre en medio de la pista y todo se traga, una puerta espacio-temporal a un insondable universo que en realidad lo es todo. El vídeo de fluyentes campos de estrellas y sistemas planetarios extrasolares, refuerza la referencia a la “puerta de las estrellas” de la novela de Arthur Clarke, que en las escenas finales de la realización cinematográfica, 2001 una odisea del espacio, nos sumerge en un largo desfile de imágenes alucinatorias en nuevas dimensiones. El protagonista decide poner fin a su tormento ahorcándose, pero sus preguntas siguen dominando los cuadros finales bajo la violencia de un huracán.

Apuesta ambiciosa en demasía la de esta obra, pero al menos hay que reconocer a los autores la valentía de asumir el riesgo. El tratamiento onírico, la profundidad deslabazada y alegórica de los diálogos, la intensidad perturbadora de las imágenes de videojuego, producen primariamente tensión, desorientación y angustia, intrínsecos también del tema abordado. El público reaccionó con perplejidad y se escucharon tímidos aplausos al final.

 

Dirección, iluminación y escenografía: Pietro Babina.

Vídeo: Riccardo Mengoli.

Intérpretes: Leonardo Capuano, Fabrizio Croci, Giuliana Vigogna, Alessandro Bay Rossi, Andrea Sorrentino, Barbara Chichiarelli.

 

Magda Ruggeri MarchettiMagda Ruggeri Marchetti 

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DIVERTIRSE SIN COMPLEJOS: EL CANTOR DE MÉXICO

 

Llega a la Zarzuela una producción propia conjuntamente con la ópera de Lausanne, El Cantor de México, opereta compuesta a mayor gloria de Luis Mariano, estrenada en el Theatre Chatelet de París en 1951. El libreto es de Félix Gandera y Ramón Vincy y la música de Francis López.

Esta obra, a la cual en esta versión de Emilio Sagi  se le ha cambiado el libreto con nuevos textos de Enrique de Viana, tiene una historia de éxitos que incluye la versión cinematográfica del mismo Luis Mariano en 1956. La historia que nos narra es muy simple, típica de una opereta de la época, escrita más para lucimiento del cantor vasco que para marcar hitos en la historia de este género lirico.  La dirección artística de Sagi, unida a la fantasía de Daniel Bianco, construye un decorado kitsch con la intención de representar el estilo mexicano voluminoso y barroco. El resultado es un espectáculo realmente brillante y colorista con un buen efecto en el público que aceptó lo que veía, con un sentido de optimismo balsámico para los negros nubarrones del país en estos momentos. Ciento cuarenta minutos de disfrute, dividido en dos actos, de los cuales el segundo decae un poco por su difícil encaje en la obra, aunque también momentos escenográficos brillantes como las referencia a Acapulco.

El elenco bien en general, pero mejorable especialmente en la siempre brillante voz de Sonia de Munck, que en este caso no se adapta a la partitura de Cricri, a la que le resta intensidad vocal, compensada por una gran actuación dramática. Bien José Luis Sola como Vicente Etchevar, el cantor de México, que se permitió algunos alardes vocales con los falsetes. Buena presencia vocal la de Manel Esteve en el personaje de Bilou. Perfecto Luis Álvarez, como Riccardo Cartoni. El resto en un buen nivel, homogéneo, que aportó brillantez a la escena. Mención especial a las limpiadoras, Nagore Navarro y Maribel Salas. Dejamos para el final a la verdadera protagonista de la obra, la Eva Marshall y Coronela Tornada de Rossy de Palma, que se encontró como pez en el agua, como si fuera una obra escrita para ella, con un saber estar y un aporte humorístico de gran calidad.

La orquesta, bien llevada por su director titular, Oliver Díaz, adaptándose a un tipo de música de corte moderno, diferente al lirico habitual, con una buena percusión y ritmo.

El coro muy bien, en una partitura en la que la parte coral es realmente importante para la construcción de la obra.

Como ya dijimos, el público enormemente satisfecho, sonrisas por acá y por acullá y sensación de haber pasado una tarde realmente agradable.

 

   Francisco Mejorada Jiménez  Francisco Mejorada Jiménez  

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LA RUTA DE DON QUIJOTE: PARA SEGUIRLA Y AMARLA

 

Es éste un viaje por el alma y el lenguaje de la Generación del 98 de la mano de uno de sus mejores representantes, Azorín. La adaptación teatral del magnífico texto narrativo de Azorín cuenta con la estupenda interpretación de Arturo Querejeta, dicción perfecta, versatilidad infinita en las voces y los acentos con que convoca diferentes presencias, todas ellas fantasmales, puras sombras del pasado y, sin embargo, tan reales, imágenes llenas de melancolía en una gran pantalla sobre el mapa de La Mancha. El de Azorín era un viaje periodístico mezcla de lo poético con lo real (torreznos, duelos y quebrantos, soledad infinita, falta absoluta de luz en medio de la llanura…), enriquecido con un castellano noble y como salido de la tierra, hoy casi olvidado, mediante el cual el espectador recorre los caminos por los que cabalgó Don Quijote en la novela inmortal. Es la España de 1905 que, pese a la distancia, se ve muy cercana.

Arturo Querejeta, en su papel de narrador descriptivo, ha de entrar en el detalle de lo Laque ve y de lo que le asombra hasta adentrarse en la intimidad más honda de los hidalgos manchegos y otros personajes increíbles con los que se encuentra (amas de casa, amas de llaves, mozas y mozos de pensiones) en un mundo increíble que lo deslumbra por perdido y dormido en sus quimeras de glorias pasadas (¡Que se lleven a Cervantes pero que no nos quiten a Alonso Quijano!). Una visión de España que es nostálgica y a la vez regeneracionista porque pretende ser un aldabonazo a esta tierra incógnita y lunar que, con su ensimismamiento, invita tanto a reír como a llorar. De ahí la inmensa melancolía que desprende a ojos de hoy esta obra y la oportunidad de su rescate.

El montaje de esta Ruta se organiza en torno a los libros de viajes decimonónicos que  fueron un género habitual en lo literario y que se trasladó al ámbito periodístico ya avanzado el siglo. Los lectores urbanitas de los diarios, ávidos de conocer mundo, demandaban este tipo de crónicas que conectaban una vida monótona y limitada con las fronteras de aquello que deseaban conocer. Las redacciones españolas enviaron a escritores como Azorín, Unamuno, Valle-Inclán…  Por ello, el inicio de este viaje tiene lugar en una pensión madrileña, desde la cual parte Azorín en solitario hacia Argamasilla de Alba, primera parada de La ruta de Don Quijote. El trabajo cuajó en una serie de 15 crónicas que el periodista envió al periódico El Imparcial y que acabaron recopiladas en un libro con el añadido del artículo Pequeña guía para los extranjeros que nos visiten con motivo del centenario, subtitulado: The time they lose in Spain.

Apasionante de seguir este viaje por La ruta de Don quijote. Apasionante y muy emocionante de ver y de oír.

 

Título: La ruta de Don Quijote

Autor: Azorín 

Versión y dirección: Eduardo Vasco

Protagonista: Arturo Querejeta

Noviembre Compañía Teatro

Ilustraciones en video, escenografía y vestuario: Carolina González

Iluminación: Miguel Ángel Camacho

Música: Granados, Ortiz, Shostakovich, Vasco

Espacio sonoro y vídeo Eduardo Vasco
Realización escenografía Mambo decorados

Fechas: del 28 de septiembre al 15 de octubre, de martes a sábado, 20:30h; domingos, 19:30h

Fecha de la función comentada: 7 de octubre de 2017

Sala José Luis Alonso del Teatro de La Abadía.

 

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VIEJOS: ¡OJALÁ TODOS LLEGUEMOS A SERLO ALGÚN DÍA!

 

Impresionantemente buenas las actuaciones de Viejos. Creo que eran cinco actores pero se diversifican lo necesario mudando de rostro y de máscara. Y hasta el cura es útil y no sólo un jarrón chino y bobalicón. 

Sólo les faltan las manos para ser del todo viejos, que las de éstos no están hinchadas en los nudillos ni agarrotadas, son frescas y pequeñas y eso los delata, pero las máscaras hacen su trabajo y los cuerpos miman esos movimientos y esos gestos, gestos -repugnantes o tiernos, según cómo se los mire-, de los muy viejos; pero sobre todo ese humor inconfundible y chinchoso con que se vengan del mundo y sus miserias.

Todo florece en la tercera edad, o en la tercera juventud de la cuarta edad, para ser más exactos, que eso es Viejos. Y casi a la vista de la función, casi, casi digo, no sea que me tomen la palabra, me han empezado a caer bien las residencias de ancianos, esos centros de reclusión obligada de donde no se sale si no es para qué decirlo, porque un anciano solo en su casa, por  muy bien asistido y por mucho que guste de ser independiente, no podría interrelacionar y chinchar como lo hacen éstos, que ahí está la salsa y el ají de la vida y de ahí el humor negro que se da a raudales, pura desesperanza, pura reinvención de sí mismos. Y así hasta que florece el amor.

 Porque ellos, sabiendo que no han de salir de allí, hacen de ello su arma y reivindican: "no os queda más remedio que aguantarme". Y así es, y también porque aquí la cuidadora (otra vieja diversificada) es maja y comprensiva.

Viejos obtuvo el primer premio Jóvenes Creadores del Ayuntamiento de Madrid en 2015 con la historia de cinco ancianos cuyas vidas se entrecruzan en el día a día de una residencia. La estrategia es la clave de supervivencia diaria y sus relaciones están marcadas por la fuerza de la personalidad llevada al extremo por el paso de los años, abundando los retos y las pasiones humanas (del amor al odio, pasando por el chantaje o la frustración que conlleva el peso de la edad y sus limitaciones). Ojalá todos lleguemos a Viejos. Así, sí.

 

Reparto: Víctor Algra, Adán Coronado, Manuela Morales, Cyprien Rausis, Sara Gilsanz

Iluminación: Cachaba Teatro

Sonido: Cachaba Teatro

Vestuario: Cachaba Teatro

Fotografía: Laucafoto

Producción: Cachaba Teatro

Teatro del Barrio (Calle Zorita, Madrid)

Fecha de la función comentada: 8 de octubre de 2017

 

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LUCIO SILLA, EXTRAÑA INAUGURACIÓN DE TEMPORADA DEL TEATRO REAL

 

Habitualmente los principios de temporada de los teatros líricos se realizan con obras conocidas, a ser posible espectaculares, con grandes producciones. En el caso del Teatro  Real, hay un acuerdo de hacerlo con estrenos de producciones propias o coproducciones, cosa difícil de considerar en esta ocasión ya que como mucho se trata de una revisión, sino un alquiler de algo que proviene de dos diferentes producciones.

Independientemente de esta consideración, la obra que  abre la temporada 2017-2018 es una ópera menor por muy de Mozart que sea, si bien tiene momentos brillantes, más parece una sucesión de arias, anormalmente largas y dúos a los que se añaden los recitativos, con una reiteración musical que dada la longitud de la obra, provoca un cansancio  con el consiguiente abandono de la sala en el intermedio, lo que pareció situarnos en tiempos pretéritos bastante cercanos. El libreto es bastante limitado con, un argumento muy simple de cruces amorosos en los que influye la  prepotencia del tirano  Lucio Silla.

La dirección artística de Claus Guth, propone una  escenografía que alivia la monotonía de la obra, con una concepción de universo agobiante en cambios escénicos muy dinámicos  apoyados en un excelente dominio de la luz.

Ivor Bolton, gran conocedor del mundo de la música barroca, nos ofrece una autentica dirección maestra con unos matices realmente sorprendentes dentro de las limitaciones de la partitura.

El elenco es bueno en general ya que la obra es complicada, solo para voces buenas capaces de aguantar arias de más de diez minutos. El personaje principal, Lucio Silla, interpretado por Kurt Streit, quedó un poco deslucido en las notas altas, mientras que la Giunia de Patricia Petibon, que ya nos gustó en aquella maravillosa Dialogo de Carmelitas, da una autentica lección de interpretación vocal y dramática. La española Silvia Tro, muy bien en el papel de Cecilio. El resto, Maria José Moreno, Inga Kaina y Kenneth Tarver mantuvieron ese buen nivel general de todos los cantantes.

El público que no abandonó antes del intermedio, que no fue mucho, aplaudió sin gran entusiasmo, a excepción de a Patricia Petibon que, como ya hemos dicho, dio una lección de interpretación canora.

Como hemos indicado en el encabezado, es una extraña inauguración de la temporada, ya que si bien es un Mozart, ni es lo mejor del genial saltzburgues, ni es atractiva teatralmente. Parece una especie de “genialidad” de la dirección artística del Teatro Real.

 

   Francisco Mejorada Jiménez  Francisco Mejorada Jiménez  

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GROSS INDECENCY: LA BELLEZA ESCANDALOSA DE WILDE

 

Amor por la belleza, amor puro y exclusivo por lo bello de este mundo, especialmente por lo joven y fresco y osado -y de su mismo sexo- es lo que guía a Oscar Wilde en su vida y en su obra. Esto lo pone muy en claro la compañía Teatro Lab en la representación de Gross Indecency, con exclusivo dominio del negro en vestuario y objetos escenográficos simples, bien aderezados con músicas y danzas pertinentes que sin embargo a veces parecen querer pasarse de rosca, "salirse" como decimos ahora, aunque la realidad de lo expuesto no es para menos. Y esa es la razón de algunas repeticiones de más que dan idea de lo que son los abogados de la acusación a la hora de restregar la indecencia por los ojos del indecente durante los juicios públicos -no menos de tres se suceden en la función- hasta hacer aborrecer no sólo al ser amado sino también lo que con tanto ímpetu creador salió de la pluma del artista. Así la expresión "muchacho mío", con que Wilde inicia una de sus primeras cartas a Lord Alfred Douglas, se repite no menos de tres veces a lo largo de la función, con lo que al final resulta dolorosamente cierta la afirmación de Wilde de que "un poema es bello u horrible -y hasta inmoral- dependiendo de quién lo lea.

La única excepción del dominio de lo negro son los jóvenes chaperos que, en calzoncillos blancos, son obligados a declarar contra Wilde, del que habían recibido regalos, cenas, atenciones de artista... y al que confiesan, además, haber extorsionado. La escena resulta por ello doblemente refrescante y actual.

Amor por la belleza es su alegato, la moral puritana como ruina del arte (El retrato de Dorian Gray sale citado a este propósito muchas veces), brillantes son los textos intercalados con la cita completa al mismo volumen gestual y vocal que el resto, un documento histórico de primera puesto sobre las tablas con vehemencia juvenil. La pasión de Wilde por los buenos libros se transmite, hay lágrimas en la sala entre el público más joven. Y esa consigna de amor por lo bello es la que rige su comportamiento, tanto al elegir sus amistades como al ponerse a escribir, que fue mucho. Mucho era lo que ya había escrito en el momento del escándalo y ya entonces era un autor de éxito con dos obras simultáneamente en las carteleras de Londres (La importancia de llamarse Ernesto y Un marido ideal), cuando por sus andanzas privadísimas topó con la justicia. Esta fue su ruina y la ruina de su vida, aviso para ingenuos.

Pero no seamos simplistas al hablar de esto porque, ¿qué significaba en tiempos de Óscar Wilde (finales del siglo XIX) que alguien dejara en un club privado al que perteneces una tarjeta con la inscripción "Para Oscar Wilde sordomita"? ¿Era tan grave como para meterse en juicios públicos siendo famoso? Los resultados fueron tan catastróficos como era de esperar.

La palabra, por más que estuviera incorrectamente escrita (sordomita) debía de tener un significado muy contundente y deshonroso (bíblico) para que el aludido, desoyendo los consejos de sus amigos y editor, se lanzara a un proceso contra el difamador. Proceso que le enredaría en otros procesos sucesivos que constituirán una auténtica pesadilla de la que no saldrá ya nunca.

¿Creía acaso que su amor por la belleza y su capacidad de expresarse con las frases más bellas jamás oídas le iba a beneficiar? Pobre poeta catalizador de asombros.

El difamador era el padre de su "My own boy", el chico de su predilección, 20 años más joven que él y sobre el que había puesto sus ojos con un amor totalmente correspondido. Aquí, en estos juicios a los que asistimos y en los se basa Gross Indecency (pecado nefando o algo así debe significar la expresión) no se habla de homosexualidad ni de gays, ya que dichos términos no se habían inventado todavía, pero sí queda claro que se condena a un hombre por algo que era de buen tono y hasta aconsejable en épocas pretéritas consideradas por la tradición más consagrada como guías de la humanidad, como la Grecia clásica (véanse los Diálogos de Platón), pasando, la época helenística (véase El muchacho persa) y la Roma de los emperadores y filósofos (Memorias de Adriano), lo cual no impedía que estos hombres fueran padres y esposos competentes. Trasfondo que resuena con fuerza en la función, lo que no obsta para que Wilde acabe perdiendo a sus hijos.

El propio reo en su apasionada defensa de la belleza, tanto en la escritura y el arte en general como en la elección del ser amado, deja claro lo que hay que esperar del arte y cuál es la obligación del artista hacia su arte. De nada le valdrá. Es condenado a prisión por dos años, sus obras desterradas de los teatros y la ruina personal y económica llegará inexorable.

Al salir, tendrá todavía el consuelo de su amante, pero enfermo ya desde la cárcel y con muchos dolores encima, apenas sobrevivirá a su desgracia.

Hoy Oscar Wilde es el escritor inglés más leído después de Shakespeare.

Argumento: "En Abril de 1895 Oscar Wilde llevó a cabo una demanda por difamación contra el Marqués de Queensberry, padre de su joven amante, quien públicamente le tachó de sodomita. Al hacer esto, el imperante hombre de letras inglés, puso en marcha una serie de eventos que culminarían en su asedio y encarcelamiento. A lo largo de un año un desconcertado Wilde fue juzgado por cometer actos de “grave indecencia” e implícitamente, por una visión sobre el arte que indignó a la sociedad Victoriana."

Texto: Moisés Kaufman

Adaptado por Gabriel Olivares y David DeGea

Intérpretes: Javier Martín, David DeGea, Eduard Alejandre, César Camino, Alex Cueva, Guillermo San Juan, David García Palencia, Andrés Acevedo, Asier Iturriaga, Alejandro Pantany, Carmen Flores Sandoval

Dirección: Gabriel Olivares

Escenografía y vestuario: Felype de Lima

Iluminación: Carlos Alzueta

Espacio Sonoro: Ricardo Rey

Una producción de TeatroLab Madrid y El Reló

Fecha de la función comentada: 24 de septiembre de 2017

Hasta el 8 de octubre de 2017

Teatro Fernán Gómez Centro Cultural de la Villa- Sala Jardiel Poncela

 

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EL INTERCAMBIO: ENTRE PILLOS Y ACTORES 

 

El intercambio es una comedia protagonizada por Gabino Diego y Teté Delgado cuyo éxito indudable y redondo se basa en los efectos visuales que llevan al espectador de sorpresa en sorpresa. Porque nada en ella es lo que parece y nada resulta como se espera: nos han preparado para ver entrar por la puerta a una brasileña veinteañera y respingona, de ojos y pelo tremendos, y aparece una Dómina de lo más dominante, látigo en mano y enamorada de la cabra de la Legión;  esperábamos a un enano cuellicorto y atrincherado, con ojos de hamnster y orejas a juego y aparece Rodrigo Poison dominando como John Wayne el escenario el crimen. ¿Y cuál es el escenario del crimen? Hablamos de intercambio de parejas, naturalmente, algo ya instalado en nuestras fantasías como la bomba. Pero no sólo al espectador sorprende lo que allí pasa, también y sobre todo, a Jaime, su protagonista (Gabino Diego), que hasta entonces llevaba mansamente su matrimonio con Eva (Teté Delgado), sin saber cuánto la quería hasta esta noche y lo que es mejor (o peor, según se mire), cuánto la querrá de allí en adelante y a partir de ahora. Pronto lo sabrá.

Todo son golpes bajos para un desarmado Jaime que sobrelleva a calzón quitado, todo lo diplomáticamente que puede, el regalo de cumpleaños que se veía tan prometedor. 

Sobra decir que la parte mejor de la función es ver desenvolverse a estos actores en unos papeles que parecen hechos para ellos, y a los que se ajustan a la perfección. Todos, principales o secundarios, están magníficos, pero el que se mantiene siempre en escena es Gabino Diego, héroe engañado que en su noche de triunfo realizará una auténtica bajada a los infiernos. 

El intercambio de parejas es un tema ya instalado en nuestras sociedades liberales como vivificador de matrimonios caducos y que el teatro ya ha tratado en serio y hasta en su forma más dramática. Aquí su autor ha querido darle su dimensión más bufa con un arrepentimiento y marcha atrás absolutamente conservadores pero logrando con ello una comicidad sin límites al destapar nuestros vicios y aspiraciones más secretas y aplastarlas con la dura realidad: "¡Dónde vas a estar tú mejor, cariño mío, que en casa y con lo tuyo (= con lo que Dios te dio)?" 

Pero como en El intercambio nada es lo que parece y nada es como se espera, resultará que incluso dos polacos vendedores de biblias que parecen en principio personajes de relleno, tienen su recorrido completo y oportuno cuando ya la bufonada parecía llegar a su fin, reavivándola; y hasta el portero de la finca que pasaba por allí tendrá su oportunidad totalmente inesperada porque, ¿qué tiene de malo ser útil?. Pues a mandar. 

Una función muy completa.

El 23 de marzo se estrenó en el Festival de Málaga El intercambio película, dirigida por el propio autor, pero con el reparto y el final totalmente diferentes.

 

Título: El intercambio

Autor: Ignacio Nacho.

Compañía: Nearco Producciones

Director: Juan José Afonso

Escenografía y el vestuario: Ana Garay,

Iluminación: Carlos Alzueta.

Música de Ricky Vivar.

Reparto: Gabino Diego, Teté Delgado, Rodrigo Poisón, Juanma Lara, Natalia Roig, Ignacio Nacho

Duración: 1 h 30 min

Fecha: Del 1 de septiembre al 29 de octubre de 2017 (M a V a las 20.30 h. S a las 19 y 21.30 h. D a las 19 h).

Función comentada: 2 de septiembre de 2017

 

    Nunci de León    Nunci de León  

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UN NABUCCO DE LUJO EN EL FESTIVAL DE ÓPERA DE MEDINACELI

 

Desde estas líneas nos hemos planteado en muchas ocasiones la relación entre la calidad de una producción operística y la inversión consiguiente. Es evidente que a mayor inversión hay aparentemente más posibilidades de ofrecer una gran calidad. Pero no siempre sucede así y lo hemos podido comprobar en el Nabucco del Festival de Ópera de Medinaceli realizada por El Telón Producciones en un escenario nada convencional como es el Palacio Ducal de la villa soriana. Una escenografía realizada por uno de nuestros grandes directores de escena, Ignacio Garcia, en la que fusiona épocas de desarrollo de la obra, en las que se encuentran las luchas de poder en la época asiria, con las actuales, en Siria, a través de una proyección en varias pantallas, de los desastres como resulta de la actuales guerras con el Califato, representado por el ISIS y los enemigos que tratan de expulsarlos. El escenario del Palacio Ducal de Medinaceli, permitió la fusión con el decorado de piedra de la producción, que unido a la proximidad del público, dio una sensación de cercanía ambiental irrepetible. El momento de mayor relevancia se centra en el coro de esclavos hebreos, interpretado magistralmente por un coro de 45 cantantes, vestidos con el mono rojo de los condenados a muerte. El movimiento escénico de todos los intervinientes, excelente.

La Orquesta Filarmónica, de una calidad especial por la categoría de los músicos y la dirección de Pascual Osa, se complementó en cada momento con el grupo, con un gran respeto a los cantantes. Magnifica la obertura.

El elenco, impecable, encabezado por un Nabucco extraordinario vocal y dramáticamente, por Luis Cansino en una interpretación de referencia

Lo mismo puede decirse de la Abigail, interpretada con una exquisitez y sensibilidad  de primera figura del panorama internacional en ocasiones muy superior a lo que hoy oye y ve, en los grandes teatros. El aria Anch'io dischiuso un giorno y el dúo con Nabucco serian muy aplaudidos en teatros como el Met, la Scala y otros coliseos de primer nivel.

El resto muy bueno, sin desmerecer de los protagonistas, demostrando que una compañía de ópera de buen nivel, no solo tiene que tener un par de buenas voces, como se nos acostumbra en muchos afamados escenarios, sino que se debe ofrecer un conjunto homogéneo con cantantes que no “chirríen”

Recordaremos a estos cantantes, como el Zaccharia de Antonio Alonso, La Fenena de una gran Pilar Belaval, la esplendida voz de tenor de Mario Corberán, en un más que notable Ismael y por supuesto Daniel Bañez Esteban Barranquero y Estefania Ariza.

En resumen, una autentica explosión de calidad premiada por el público, de pie,  con bravos y una gran salva de aplausos.

Nos queda una observación y una reclamación. Los cantantes eran todos españoles, de gran calidad, y solo uno de ellos Luis Cansino, ha estado en un papel principal en una ópera en el teatro Real de Madrid, cuando a veces se nos ofrecen voces realmente vulgares. ¿Por qué?

 

   Francisco Mejorada Jiménez  Francisco Mejorada Jiménez  

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CERVANTINA. NO HAY MEDICINA QUE CURE EL RONLALISMO. 33 FESTIVAL DE TEATRO CLÁSICO DE ALCÁNTARA. RON LALÁ

 

Año del Señor de 2017

Ya era tiempo de retornar al goce, por estos pagos, de la troupe de cómicos de la legua, que ya levantara la admiración de vuestras mercedes, en la edición del 201, durante la notable celebración del señero Festival de Teatro de Alcántara, con su prodigioso enredo “En un lugar del Quijote”.

Tiempo es, de que estos pícaros, titiriteros del lenguaje, taimados bullebulles, metijones y esquinados malandrines retronaran a las tablas del Conventual de San Benito para llenar de regocijo los menesteres (mundanos y espirituales) de sus discípulos más acérrimos o de los neófitos, que acuden expectantes para reír con mágico prodigioso, con pícaro irredento o desvergonzada moza. Y es que Ron Lalá se reinventa en cada montaje, ejerce su ministerio vital con alquímico prodigio, destilando la hechicería de la palabra cervantesca, reinventando entremeses, reconstruyendo el verso áureo, remedando vanidades mundanas, fatuidades y pompas, o burlando del necio que se creyó  sublime, del  vano petulante, o del gobernante que engrosó antes sus arcas que su honra.

Han de saber vuestras mercedes que aquestos malandrines de la palabra, ejercen también de musicantes y son notables seguidores de la musa Euterpe (la del agradable genio) ya que tañen bordones y hacen uso del  plecto con gracejo y donosura.

Pero no se equivoquen altos ministros, ni pueblo llano; que al fin y la cabo la sepultura les volverá iguales; pues estos bulliciosos comediantes ocultan bajo el disfraz de la carcajada un discurso tan juicioso como el de grandes filósofos, tras la simulación de la anécdota, la sabiduría del verbo depurado por un orfebre. Disfruten, pues, vuestras mercedes, vivan la ajena tragedia del bellaco y el perillán que terminan desdentados tras las migajas. Complázcanse con ese extremeño celoso que no logra vigilar el virgo de Leonora y sus cuitas para que no goce de fogoso de amante, sigan la historia de la gitanilla Preciosa;(excelente Daniel Rovalher), nacida para ser ladrona; pero de noble origen, vean como los ladinos Rinconete (Miguel Madalena) y Cortadillo se presentan ante Monipodio (Juan Cañas) y su cofradía del hampa, recréense en la histriónica musa recreada por Iñigo Echeverría, rían con la tronchante Cariharta de Alvaro Tato, maravíllense con los prodigiosos atuendos (Tatiana de Sarabia) y la potente escenografía (Carolina González). Toda esta barahúnda, bajo la hábil batuta del desfacedor de entuertos Yayo Cáceres. Y es que el ronlalismo, cuando se te enquista en el alma, no hay remedio ni aspirina que lo cure…

Aquesta folia fermosa

de mago y titiritero,

plena de amor e de rosa,

no dejará  a nadie entero.

¡Que vienen los ronlaleros!

Fecha y lugar de la función comentada: 8 de Agosto de 2017.  Conventual de San Benito

 

Francisco ColladoFrancisco Collado 

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La Bella Helena, dentro del Festival de Teatro de Mérida

 

Ya desde los primeros compases de esta Bella Helena queda patente su vocación de musical of Broadway. La obertura de Offenbach, con ese preludio de vientos, que es toda una declaración de intenciones del contenido bufo e iconoclasta de la obra, es sustituida por una pieza al más genuino estilo del musical.

Diversos son los cambios y arreglos en la orquestación y la estructura dramática con respecto al original del teutón. Se transforma y “aligera” el aria “Au Mont Ida”; obra de enorme exigencia para el tenor; en un genuino número de music hall: Evohé, que ces d‚esses, Ont de drôles de façons”.

Se conserva también la extraordinaria y burlesca “Tzing la la, tzing la la, Oya Kephale, Kephale, o la la”, durante la entrada del controvertido Orestes y sus acompañantes. Desaparece el personaje de la criada Bachiss. El dúo de Helena y Paris; una melodía disneyana; transforma el original libreto: Va-t'en, va-t'en, mon amour te suivra! Je crains leur fureur. Vete, vete, mi amor te seguirá! Temo su furor. El diálogo se convierte en el divertido: ¿Quien es él?. Me fascina su mirada felina…. También se elimina el  coro que acompañaba al dúo. Se añade un divertidísima y disparatada interacción del cornúpeta Menelao, oculto bajo el diván, ya que en el libreto original tan sólo aparece al final del acto, junto a los reyes. Otro de los aciertos es convertir la presentación de los reyes y el oráculo en uno de los momentos más desternillantes y surrealistas del libreto.

No son estas las únicas innovaciones. Aquí, los dos Ayax, que en el original eran un par de zascandiles, se convierten en dos “reinonas drag” y Aquiles se transmuta en un retardado y escueto Robocop. La melodía del entreacto se escucha brevemente entre los dos actos en que resume esta versión la tríada del original. Uno de los momentos más espectaculares es la “Tirolesa con Coro” donde el actor extrae todo su registro vocal (La lai tou la la la la), para finalizar en el divertido y prodigioso epílogo, de pegadizo compás. Ma foi, partons pour Cythère!..tons pour Cythère. También la inclusión del can-can, quizás la obra más conocida del iconoclasta autor. Este pentagrama es utilizado para la presentación de Afrodita, Una juguetona y pizpireta Rocío Madrid.

Se ha optado por el final alternativo. De las ocho versiones existentes tan sólo una; la edición Gérard; tiene el epílogo frívolo y festivo por el que ha optado esta adaptación. El resto terminan en una declaración de guerra, que no es acorde con el ambiente dionisíaco y lúdico de la sátira.

El violonchelista Jacques Offenbach fue un iconoclasta que aplicó la comicidad en el género naciente de la opereta (aunque ésta se presenta como ópera “bufa”) para fustigar la decadencia moral del Segundo Imperio Francés y la sociedad conservadora. Su colaboración con los libretistas Henri Meilhac y Ludovic Halévy, autor de “Carmen”; fue muy fructífera. El éxito de esta precuela de La Guerra de Troya, fue inmediato, y este compositor alemán, pero afrancesado en sus conceptos, llegó a ser el más representativo en el periodo que abarca el reinado de Luis-Felipe hasta la III Republica.  La partitura de “La Bella Helena”, se hallaba a caballo entre el concepto culto de la gran ópera y el desenfreno de la música popular y los cuplés. Herramienta soterrada para la crítica a una sociedad de moral puritana, mediante la farsa y lo bufo (no había otro modo de burlar a la censura). Los autores satirizaron y ridiculizaron; camuflando en Olimpo bullicioso; vehiculando mediante lo caricaturesco y el absurdo, la realidad oficiante. Offenbach utilizó la partitura para contraponerse a una ópera que consideraba vacía de conceptos y contenidos, pese a su estructura formal perfecta. No podían faltar las acusaciones de falta de patriotismo para argumentos que se mofaban de instituciones intocables y sagradas como el matrimonio y el fervor popular, hasta acusar a la música del autor de que; en su decadencia; había facilitado la derrota ante Prusia. El fanatismo no conoce límites ni épocas. La crítica de la ópera “ochocentista”, de sus argumentos encorsetados, su lenguaje grandilocuente y disparatados argumentos, había dado su fruto: el nacimiento de un nuevo género donde la comedia alocada se mezcla con elementos musicales y sociales. Como curiosidad añadir que el título que en principio se pensó para la opereta fue “La Prise de Troye”, afortunadamente olvidado en beneficio de este “Bella Helena”

Fue tanto su éxito que impuso todo un género, después imitado por otros compositores como Johann Strauss, Frank Lehár o Arthur Sullivan. Offenbach es, sin duda, creador de una especie nueva, aunque existían antecedentes como Hervé. Con esta creación reinó absolutamente solo en un concepto musical genuinamente francés: refinado, ingenioso, con perfiles definidos clásicos, de perfecta a indiscutible factura. Pero si fue el padre de la opereta en el sentido de su dignificación y popularización, atribuirle ser el creador de la Comedia Musical no es totalmente exacto. Offenbach sería un precursor de este género cuyos estilemas, estructura musical, requerimientos vocales y nivel conceptual no encajan enteramente en la Opereta. Para remitirnos a los orígenes del musical tal y como lo conocemos, debemos adjudicar el mérito a George M. Cohan, cuyas aportaciones se apartaban del burlesque, de la opereta o la revista, creando una forma completamente nueva con obras como “Little Johnny Jones” (1904). Se diferenciaba de géneros anteriores en que los personajes no eran héroes mitológicos ni habitadores del Olimpo. Eran los vecinos de al lado. Boxeadores, fabricantes, jockeys y otros tipos cotidianos, junto al aire ligero, coloquial y alborozado de las letras (esencialmente norteamericano), alejado de los, aún encorsetados, pentagramas gabachos. Añadan la utilización del baile para avanzar el argumento y tendremos los orígenes del musical.

Offenbach vivió en el Paris de los “boulevardiers”, la cuna de la bohême, donde postureaban  (no es nada nuevo) los dandis. Allí las cafeterías, teatros o cafés-conciertos estaban invadidos por la jeusesse dorée, pero también de la vanagloria del imperio de Luis Napoleón. Además tiene el atrevimiento de introducir historietas llamadas “couplets”, diálogos hablados o bailes como can-can o rigodón.

Desde el libreto original, el director  Ricard Reguant y la pluma de Miguel Murillo en la adaptación, han extraído ese rechazo al esquematismo racional, la crítica estética que camuflaba la sátira política, el humor como canal de la denuncia. Aquí y allá lo han aliñado con denuncia social bajo la máscara del humor, con pinceladas surrealistas, dignas del 13 Rue del Percebe. Con brochazos sin compasión a la mezquindad, la sociedad autosatisfecha, el postureo y la falsedad moral que ya denunciase Offenbach. La apuesta estética juega con el desorden vital. Desde la máscara de la mitología y una aparente  y disparatada frivolidad, se destrenzan las corruptelas políticas. Bajo el disfraz de la crítica estética surge el dedo acusador contra la mediocridad, con esa querencia en la escena actual de reflejar el hecho coyuntural del teatro de la vida sobre las tablas. Un filón que no cesa, dada la inmensa cantidad de lerdos y zascandiles que se ubican en los diferentes colores y banderías para dar juego en la ficción dramática, frente a los que la mirada de Offenbach resulta totalmente contemporánea.  El libreto de Miguel Murillo apuesta por la ironía y el desenfado conceptual con jocosos diálogos de rabiosa actualidad, mixturados con elementos de cabaret, burlesque y music hall.

El mezquino y dogmático sacerdote Calchas (aquí Calcas), se intentó suprimir del libreto original, porque pensaban que ofendería al clero católico, nefasta idea, que afortunadamente no llegó a puerto, y nos permite disfrutar de la notable interpretación del mallorquín Joan Carles Bestard (Sé fuerte), dotado de una apreciable “vis cómica”, con diálogos cargados  de segundas (e hilarantes) intenciones. El cornúpeta; e intelectualmente menguado; Menéalo, es defendido por Javier Enguix arrancando abundantes carcajadas entre el respetable por la recreación disparatada y burlesca de su personaje. Pleno de matices, se encuentra el Agamenón dibujado por el extremeño Jose Antonio Moreno, de amplio y múltiple registro vocal que recrea un esperpéntico monarca micénico (Me he equivocaaado, pido perdón), con abundantes referencias del Tex Avery más disparatado, portando una cabeza de mamut a modo de mochila.

Es, sin duda, una de las mejores escenas de la obra, digna del camarote de los hermanos Marx, donde las alusiones a hechos y personajes de actualidad, gozaron de la complicidad del público, siendo interrumpidos con aplausos.

Otra actriz extremeña, Clara Alvarado (que repite musical en las piedras milenarias), interpreta a la cortesana Partemis, personaje que no figura en el libreto original y sustituye a Bachiss. El emeritense Cayetano Fernández, junto a Pablo Romo recrean a los dos Ayax, un dúo de héroes mitológicos nada marciales. Los guerreros aqueos son travestidos en dos “petardas” de logrado lenguaje corporal y amplio rango de naturalidad en la interpretación. El Robocop helénico de Javier Pascual, prototipo del acéfalo anabolizado, se apoya en su preparación física en halterofilia, para vestir la piel de un personaje algo retardado. También se añade a modo de maestra de ceremonias, el personaje de Eris, interpretado por una encantadora Cata Munar.

La interpretación de Gisela como Helena deja patente que está curtida en musicales. La cantante aboceta una Helena, casquivana, pizpireta que detecta el “olor a macho” y a “pastor aromático”, con un amplio registro en el lenguaje corporal y una correctísima declamación. El amplio rango sonoro de su instrumento hace el resto. Nada sería igual sin ella. El toledano Leo Rivera también acarrea algunos musicales sobre sus espaldas. Su interpretación del desvergonzado príncipe Paris (bucólico, campestre) define un personaje simpático que sale airoso de canciones con gran exigencia vocal. Atenea (Marta Arteta) y la esposa de Zeus (Hera), interpretada por Graciela Monterde, con uno de los momentos más impactantes visualmente (la danza de Hera)  llenan de sensualidad las caveas emeritenses con amplio dominio vocal y gestual, tras el que hay mucho rodaje. No les andan a la zaga en sus perfomances Tamara Agudo como Leana y Mikel Hennet en el rol del disipado Orestes. El excelente trabajo de peluquería, máscaras y tocado ha estado a cargo de Pepa Casado, con vestuario de Maite Álvarez.

Destacar el certero y eficiente coro de bailarines, coreografiados por Maite Marcos,  para esta celebrada coproducción de Rodetacón y el Festival de Teatro Clásico de Mérida:

El polifacético Ferrán González incorpora composiciones propias que orientan hacia el musical en los arreglos, alejándose de la orquestación offenbachiana, agregando voces a lo que antes eran arias o “aligerando” las melodías para eliminar el hierro operístico. Xenia Reguant se ha encargado de dar sentido a este pandemonium desde su labor de letrista. Los puristas no deben  rastrear a Offenbach en este loco divertimento. Simplemente no está. Ni falta que hace. Esta “Bella Helena” es un espectáculo rotundo, con ramalazos montypythonescos y referencias al esperpento más carpetovetónico (la sombra de Valle-Inclán es alargada). Por mucho que lo hubiera deseado Offenbach, en aquella época no le hubieran dejado estirar tanto la cuerda.

Reparto:

Gisela - Leo Rivera - Rocío Madrid - Javier Enguix - Josean Moreno - Cata Munar - Cayetano Fernández - Marta Arteta - Graciela Monterde - Joan Carles Bestard - Clara Alvarado - Tamara Agudo - Pablo Romo - Mikel Hennet - Javier Pascual

 

Coro:

Lara Martorán - María Amado - Alba Gómez - Jose Antonio Sáez - Helena Guerrero - Silvia Reguera - Daniel Balas - Marta Manchón - Nuria Llano - Marta Castell

 

Cuadro Artístico Técnico

Adaptación: Miguel Murillo y Ricard Reguant

Compositor y director musical: Ferrán González

Letras canciones: Xenia Reguant

Coreografías: Maite Marcos

Vestuario: Maite Álvarez

Escenografía: Pablo Almeida y Gonzalo Buznego

Iluminación: Luis Perdiguero

Sonido: Ricardo Gómez

Máscaras, tocados y caracterización: Pepa Casado

Jefe de producción: Miguel Molina

Producción: Juan Carlos Parejo Dirección: Ricard Reguant

Una coproducción de Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida y Rodetacón Teatro

Fecha de la función comentada: 5 de agosto 2017

 

Francisco ColladoFrancisco Collado 

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HAMLET. UNA REVISITACIÓN DE LUJO. 33 FESTIVAL DE TEATRO CLÁSICO DE ALCÁNTARA. TEATRO CLÁSICO DE SEVILLA

 

“Hay más cosas entre el cielo y la tierra, Horacio. Que las que sospecha tu filosofía.”

 Un octogonal laberinto que espejea las almas de los participantes en esta tragedia. Un suelo que adquiere vida propia y refleja la pasión, el dolor o la locura en su continuo transmutar. Un vestuario apabullante, casi palpitante que compite (y se híbrida) con el cromatismo reinante. Esto, y mucho más, es lo que ofrece esta notable revisitación del mito isabelino.

Un Hamlet al que la insanía le otorga cordura, que adquiere la lucidez de ver la realidad en medio de las tinieblas., interpretado excelentemente por Pablo Gómez-Pando.

Un príncipe de Dinamarca (nada dubitativo) que declama a ritmo de ametralladora, en difícil ejercicio lingüístico de una fisicidad extenuante. Una Ofelia, recreada por Rebeca Torres, de amplio registro, que se sale en la escena en que la locura se apodera de su espíritu ante la muerte de su padre Polonio, sostenido con temple y raza por Manuel Monteagudo, que da una lección de arte teatral en la escena del sepulturero.

Alfonso Zurrón desarrolla un Hamlet eminentemente visual, donde el cromatismo y el ritmo narrativo sin aliento; son apoyados por la música casi "metálica" (Jasio Velasco), en su justa medida, que va condicionando los tempos narrativos, las entradas y salidas de los personajes a través de los espejos. No es de extrañar que esta propuesta haya recibido tres premios ADE. Mejores Dirección (Alfonso Zurro), Escenografía (Curt Allen Wilmer) e Iluminación expresionista (Florencio Ortiz), una iluminación palpitante que extrae todos los recursos posibles de la escenografía y la intensidad dramática. Amén de ocho premios Lorca, entre otros. Multitud de instantes señeros, como el espíritu representado por una gasa etérea, la coreografía y posición en escena; acordes con las emociones humanas; el impactante entierro de Ofelia y los modélicos cambios de registro.

Este príncipe vagando por el castillo de Elsinore, es un escalofriante ajuste de cuentas con todas las agitaciones humanas: miedo, conciencia, venganza, arrepentimiento.

El certero Hamlet, que nos sirve el Teatro Clásico de Sevilla, tiene notables hallazgos plásticos y dramáticos, momentos apasionantes como el duelo con espadas (Juan Motilla), instantes de intenso e hilarante verbo como las conversaciones del príncipe desnortado con los pánfilos Rosencrantz y  Guildenstern (sosias de Andy Warhol y Ángel Garó), o el diálogo del príncipe con Polonio, siendo estos los momentos donde más brillan los recursos de Pablo Gómez-Pando logrando la carcajada y la complicidad del espectador. Enormes están, también, Juan Motilla; de amplio rango sonoro y potente emisión vocal; Amparo Marín (Gertrudis) y Antonio Campos (Horacio), que pedía a gritos más extensión dramática sobre el papel para disfrutar del personaje. Plenos de "vis cómica" los "amigos" del príncipe, interpretados por José Luis Bustillo (Rosencrantz) y José Luis Verguizas (Guildenstern) o la poderosa presencia de Manuel Rodríguez (especialmente en el rol de cómico). Hamlet es una tragedia universal, pero también atemporal por eso el hecho de que el príncipe danés vista ropa anacrónica, no es más que una afirmación de la que las pasiones humanas no han cambiado, ni cambiarán, retornando eternamente entre los espejos.

Una versión del clásico que se convierte en imprescindible para todos los que quieran acercarse por primera vez al mundo shakesperiano, los que retoman tras largo tiempo de ausencias el verbo áureo o los conocedores del intramundo de Elsinore. Ninguno de ellos saldrá decepcionado. Hay muchas tablas y mucho saber hacer detrás de esta aventura donde el dramaturgo ya nos avisa de que: "En estos tiempos de corrupción, la virtud tiene que pedir perdón al vicio». Teatro en estado puro. Un acierto del Festival de Alcántara.

Para nada empaña el resultado algún pequeño lapsus  lingüístico, bastante comprensible en una obra de tal extensión y densidad, ni el desmesurado colapso final. El exceso dramático isabelino es de difícil digestión para nuestra época. Pero así la escribió el bardo de Stratford, y así seguirá siendo por los siglos. Después, solo queda el silencio.

Fecha de la función comentada: 2 de agosto de 2017

 

Francisco ColladoFrancisco Collado 

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LOS MISTERIOS DEL QUIJOTE. EL TRIUNFO DE LA “BRUJERÍA”. 33 FESTIVAL DE TEATRO CLÁSICO DE ALCÁNTARA

 

¿Otra vez a ver al brujo? Esta fue la lógica (por otra parte, aplastante) y asombrada pregunta de mi entorno. Traté de convencerles, a duras penas, ya que en poco tiempo habíamos visto a Rafael Álvarez en dos ocasiones. La primera en el López de Ayala en Badajoz, con la obra que suscribe y la segunda en el Teatro Sierra de Aracena con “Cómico”, Se escaparon de ver “El Asno de Oro” en Itálica por tablas. Pero el verbo sereno; heredado de las grandes plumas y mi lógica abrumadora; plagiando grandes filósofos; término desarmando a la “peña”: El Brujo es como el océano, flujo y reflujo. Un continuo devenir, bla, bla, bla, la respiración del agua, bla, bla, bla, el susurro del viento. Para evitarme la prédica “brujeril” (sabían que no iba a detenerme) terminaron accediendo y allende el río Tajo nos encontramos en el Conventual de Alcántara frente al desnudo escenario que utiliza Rafael Álvarez para sus nigromancias. Esta es la magia del teatro.

El día anterior El Hamlet de la Compañía de Teatro Clásico de Sevilla había impactado con una escenografía barroca, cromática y palpitante. Ahora un solo actor, habitado de sefardita sayuela, deambula por el escenario casi desnudo como “peonza que da vueltas y vueltas en un olivar sefardí” (con permiso de Sabina). Rafael tiene un público fiel que le  sigue, que reconoce sus sesgos, su liturgia verbal, la alquimia que imprime al verbo y el dominio del lenguaje gestual, tallado en muchas leguas de camino de este bululú contemporáneo. El Brujo es un juglar de lo heterodoxo, un nigromante que lo mismo coquetea con el mágico verbo áureo, que loa inmortales clásicos, que se burla del lenguaje absurdo y estulto de parte de nuestra sociedad o entremezcla vivencias personales (o imaginadas) con historias cotidianas (quizás reales) de personajes mundanos. El Conventual, lleno a reventar, disfrutó con la magia de este titiritero del lenguaje, con sus teorías sobre la autoría del “caballero de la triste figura”, con su verbo poliédrico y hechizador.

En sus manos, El Quijote cobraba vida, palpitaba. La manchega llanura se hacía real y las peripecias de los personajes, reales o imaginarios, se entremezclan en la turmix de su capacidad de improvisación, topan con el ajado cuero de su cervantina adarga. El Brujo nos habla sobre la misericordia, sobre la capacidad humana de perdón. Este es el mensaje final tras el cervantesco disfraz, tras la excusa de la literatura hay un desfacedor de entuertos humanos. Un nigromante del sentimiento que se lleva de calle al público. Y lo  hace con mentadas a clásicazos y recitados de poemas que, en otros foros, pondrían pies en polvorosa al respetable. Esto es encomiable. Acercar al pueblo las cumbres literarias mediante el humor. Resucitar con su liturgia verbal la palabra antigua. Sacar de los polvorientos anaqueles a aquellos que cimentaron con su pasado nuestro futuro. Un público que ya ha hecho suyas las brujeriles frases “A veces me confundo” “Me he separado, pero estoy bien”. Termina la función y nos damos cuenta que Rafael Álvarez lo ha conseguido de nuevo: Dejarnos con ganas de más. La liturgia ha finalizado y el Conventual se viene abajo. Los neófitos acaban de descubrir que el verdadero embrujo de Rafael Álvarez está en la palabra. Los veteranos se marchan con la “misericordia”, que el generoso hidalgo ha repartido, a buen recaudo en sus corazones. ¿Otra vez a ver al brujo? Sí, hija, sí. Y las que hagan falta…

Fecha de la función comentada: 3 de agosto 2017

 

Francisco ColladoFrancisco Collado 

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LOS PELÓPIDAS: LAS TRAMPILLAS DE LA HÉLADE - NOCHES DE VERANO EN BADAJOZ

 

En 1966 el dramaturgo Jorge Llopis satirizaba en el escenario del Bellas Artes aquellas desaforadas tragedias helénicas, pletóricas de maldiciones, suicidios, parricidios y nefandos pecados a manos deidades veleidosas. "Los Pelópidas" es vocacionalmente iconoclasta, como ya lo fuera aquella "venganza de Don Mendo" de Muñoz Seca. Aquí, el metateatro está presente exprimiendo una ironía corrosiva, con situaciones de un surrealismo atroz y desenfadado, donde el absurdo campa a sus anchas ¿Acaso no lo hace en toda la Tragedia Clásica? Para ello, Llopis toma los arquetipos y los vuelve del revés, les arranca la piel en que habitan y los deja desnudos. Cautivos y desarmados ante el absurdo y la desmesura de la narrativa clásica.

Florián Recio adapta los ripios de Llopis para esta hilarante astracanada, les añade situaciones próximas y referencias reconocibles por el público, partiendo del lenguaje de los 50 y con cariñosas referencias castúas.

La veterana compañía Suripanta, aborda el desafío en una escenografía (Ana Garay) llena de trampillas (casi un trasunto de las comedias de puertas) y con aire de vodevil. En esta vuelta de tuerca del panegírico heleno nada es lo que parece. Los amantes son hermanos, los hijos son padres, las criadas; herederas; las fámulas se convierten en madres y un largo etc, desternillante. Sobre todo en el último tramo.

En "Los Pelópidas" lo importante es el verbo y la utilización del lenguaje como arma arrojadiza, como denuncia, del absurdo como postura intelectual frente al la grisura cotidiana. Aquí la labor de Florián Recio ha sido notable, en cuanto a contribuciones personales se refiere, sobra una joyita de texto de los que ya no se escriben (desafortunadamente) hoy en día. La apariencia estrambótica y surrealista de la trama. oculta cargas de profundidad de amplio calaje, sostenidas por una literatura dramática de primera división, plena de inteligencia, de juego verbal, donde el retruécano o el análisis lúcido y humorístico de la condición humana, son la constante.

Bien saben los amantes de Talía que; pese a la patina que cubre a los interpretes del drama en estado puro; la comedia es la más difícil de las artes.

Y esta compañía sale con orejas y rabo (si es políticamente correcto el símil taurino) de esta aventura tebana. y casi "montypythonesca"

Los actores demuestran las tablas y el buen hacer de la compañía, en roles tan diferenciados como el usurpador Phideos (Simón Ferrero) y su aire "makinero", que regresa al escenario en el epílogo para bordar una sorpresiva madre (Arsinoé) en este embrollo heleno-genealógico, Paca Velardiez se aposenta en la piel de Electra para extraer una "vis cómica" certera que caricaturiza las heroínas de la Hélade clásica. Excelente también Eulalia Donoso con una Yocasta desternillante, y casi expresionista,  con influencias de aquella "Doña Urraca" de posguerra. dibujada por Miguel Bernet Toledano, habitada de luto de pies a cabeza.

Todos los actores de este montaje dirigido por Esteve Ferrer, cumplen sobradamente con sus roles. Haciéndose cercanos, e insuflando vida. Destacar a la divertida Menestra (Ana García), al sorprendido rey Ántrax, que retorna a un mundo del revés, interpretado por Pedro Rodríguez de cuidada dicción y "vis cómica" notable. Otra creación destacable es la que Eva Gómez hace de una Creosota disparatada e impetuosa. Juan Carlos Tirado recrea un Faetón de Estraza que representa a todos aquellos acólitos, escuderos, criados y pícaros que acompañan al protagonista en la dramaturgia clásica. Su personaje consigue el equilibrio entre lo esperpéntico en el lenguaje gestual (sobre todo al inicio), para madurar en un imprescindible amigo-filósofo. Posee un notable timbre y proyecta la voz con precisión.

Jesús Martín Rafael extrae con naturalidad (está sembráo, dicen en mi pueblo), un Zeus esperpéntico y tronchante, para transmutarse en mensajero que hace parecer sencillo el arte de la comedia. Se echa de menos una música diegética más eficiente, que jugara con personajes y situaciones, representando con sonidos y notas los estados de ánimo, los constantes cambios y; sobre todo; un leitmotiv para las originales apariciones de los personajes en las trampillas, etc . El maquillaje y caracterización han corrido a cargo de Pepa Casado, con vestuario de Maite Álvarez y eficiente diseño de iluminación de Juanjo Llorens

El público pacense rió sin parar con esta hilaro-tragedia donde los arquetipos helénicos (y universales) se aproximan desde la vertiente del humor más satírico. Propuestas tan valientes como esta, sirven para hacer el teatro más próximo, para darle un sesgo de vecindad. Aunque tras la aparente sencillez de este puzzle helénico, hay mucha enjundia, muchas tablas y (afortunadamente) mucha inteligencia.

 

Reparto: Pedro Rodríguez - Paca Velardiez - Simón Ferrero - Juan Carlos Tirado - Eulalia Donoso - Jesús Martín Rafael - Ana García - Eva Gómez

Cuadro Artístico Técnico

Diseño de Iluminación: Juanjo Llorens

Diseño de Escenografía: Ana Garay

Diseño de Vestuario: Maite Álvarez

Dirección de Producción: Pedro Rodríguez

Ayudante de Producción: Pilar Gómez

Producción Ejecutiva: Suripanta S.L

Versión: Florián Recio

Autor: Jorge Llópis

Dirección: Esteve Ferrer

Fecha de la función comentada: 23 de julio de 2017

 

Francisco ColladoFrancisco Collado 

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EL MUNDO DE LA TARÁNTULA: INVITACIÓN A VIVIR

 

Tarántula o crápula, risas o lágrimas, el caso es vivir. Con esta exaltación vitalista, digna de la mejor picaresca española, Pablo Carbonell (Cádiz, 1962), artista de la farándula más multidisciplinar que podamos imaginar (cantautor, actor, director, productor y distribuidor de sus propias producciones multidisciplinares) cuenta su vida y sus inicios en el faranduleo hispano subido al escenario del Círculo de Bellas Artes de Madrid.

No hay que explicar que tarántula se refiere a la farándula, término que alguna madre muy mosca con las actividades del chaval, modificó, pero que a estas alturas, vista desde la atalaya de los años por ese mismo chaval, es la reivindicación de un tipo de vida que se inició a la muerte de Franco para cualquier aspirante a artista en el seno de una familia seria.

Carbonell está solo en el escenario y como tal, monologa y de vez en cuando, gime y se retuerce con sus aventuras sobre una especie de chaise longue con cornucopia que parece heredada de La velocidad del otoño, pero los diálogos, que también los hay -muchos, muchísimos- lo ponen rápidamente en pie porque lo son en primer lugar consigo mismo, pero también con sus padres, sus compañeros de colegio, sus profesores -los jesuitas y los de la escuela pública-, sus novias, su hija y, por encima de todo, sus compañeros de profesión "a los que tanto debe y a los que rinde sentido homenaje de admiración". Es así como desfilan por su obra -una función que antes fue libro- el insigne Pedro Reyes, el Gran Wyoming, el poeta y músico Javier Krahe con su voz sentenciosa de modales únicos, el desgarro jienense de Joaquín Sabina...  De todos ellos se declara deudor en cuanto a aprendizaje y apoyos generosos y fraternos, pero a alguno le llegó a deber en aquellos primeros años de farándula, años de hierro como actor callejero y más tarde en salas "puntito menos que alternativas, la cama, el colchón y hasta el sitio donde tirar la mochila al volver derrengado “a casa”.

Pero como todo tiene un límite por muy alternativo y tarántula que uno sea, llegó el día en que había que buscarse "una pensión donde por poquito dinero alojan a la gente" y el éxito le llega por fin con su actuación televisiva en La bola de cristal y el triunfo mundial de su grupo Los toreros muertos, nombre que ha de reivindicar apasionadamente ante las folklóricas viudas de España y que a día de hoy sigue cosechando triunfos en espacios multitudinarios y editando discos.

Toda su peripecia vital la acompaña con su guitarra, a la que no menciona con nombre propio que yo sepa. Con ella en brazos, va jalonando de canciones propias y ajenas (Siete novias Adela, Agüita amarilla, Cuerpo de ola) aventuras divertidas y ciertas reflexiones muy serias sobre su adolescencia y juventud  pero que sólo a la luz de la actualidad más cruda han ido encarnándose en su memoria (v. gr. el posible incesto que él no supo ver entonces y que ahora se le revela en el comportamiento de su primera novia, reflejado en la canción Cuerpo de ola, de Hilario Camacho; el acoso escolar que él mismo sufrió de modo cierto en su traslado a Huelva) junto con algunos motivos de su reivindicación vitalista con la que se pone al público y sus gustos por montera.

El caso es vivir, eso es lo que dice el pícaro: "a tuerto o a derecho, nuestra casa a puerto"; pero si éste es, además, artista, su función es hacer sentir al público que está vivo. Vivo, vivo por encima de todo.

El mundo de la tarántula se basa en la obra homónima de Pablo Carbonell editada el año pasado en formato libro, al precio de 19,90 euros, por Blackie Books. Barcelona, y que el propio Carbonell firma a la salida del Teatro a quien se la quiera comprar.

 

Autor y reparto: Pablo Carbonell

Dirección: José Troncoso

Escenografía: Asier Sancho

Diseño Iluminación: Juanan Morales

Música: Tuti Fernández

Fechas y horarios: Del 12 al 23 de julio de miércoles a sábado a las 20:30h. Domingos a las 19h.

Función comentada: domingo 16 de julio de 2017

Espacio escénico: Teatro Bellas Artes

 

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SOÑANDO CERVANTES EN EL XXVII FESTIVAL DE TEATRO CLÁSICO DE CÁCERES

 

Ningún lugar mejor podría imaginar el creador del “caballero de la triste figura” que esta hermosa ciudad antigua de Cáceres que rodea con sus piedras milenarias la propuesta de Miguel Murillo; que por estructura y concepto; está más cercana a la perspectiva postmoderna de revisitación (y actualización) de los clásicos De la mano de la compañía villanovense “Teatrapo”, el dramaturgo  pacense, presenta a un Cervantes atípico. La obra busca la complicidad del público. Tarea harto ingrata para el cómico si no hay implicación del respetable, oficio que precisa de tablas y soltura. En estas lides, solventa su personaje  con eficacia y bonhomía sanchopancista, el conquense Juan Carlos Castillejo. (El mal del Arriero). Añadir que la compañía se ha visto obligada a "renunciar" a parte de la escenografía para "aprovechar al máximo" la arquitectura de la plaza de San Jorge.

El texto nos muestra al Cervantes cautivo en “Los Baños de Argel”, al Cervantes en ergástula por malversación durante su etapa de recaudador de impuestos, al Cervantes que tiene una hija con la esposa de otro. 

El hombre excomulgado, el que siente una; nada sana; ojeriza por Lope de Vega, el que tiene puesto el pie en el estribo…”Soñando Cervantes” es un espectáculo que juega con las sensaciones, con los aromas y los platos de la era cervantina. No en vano se presentó en “Grastroweekend” (Los Manjares de Cervantes), o en Alcalá de Henares donde la propuesta era mucho más interactiva y los atavíos del siglo décimosexto, se transmutaban en trajes de cocinero. La obra trasgrede claramente las tres unidades Aristotélicas, mezcla lo trágico con lo cómico, lo lúdico con lo dramático en un juego de espejos perspicaz y jocoso. El espectador acompaña con palmas cuando la cofradía gastronómica interpreta el “Chin, chin con la olla podrida” o sufre con la agonía del escritor junto a la Muerte Velada, sonríe con las peripecias del orate Don Quijote o siente la angustia del pie “puesto ya en el estribo”. La apuesta era arriesgada. La hibridación cómico/trágico/lúdico, requiere “desfacer” algunos lances. El texto de Murillo los sortea con eficacia, apoyado por la notable interpretación actoral, la original música, la ecléctica escenografia y sumando elementos audiovisuales mixturados con tramoya clásica

Eva Marciel luce con donosura los ropajes del siglo áureo como una segunda piel, proyecta la voz con claridad, juega con los tempos, las inflexiones, aprovecha su timbre cristalino, o coquetea con la expresión corporal para ofrecer una Dama Velada y una Catalina de Salazar, de lo mejor de la función. Destacar la “vis cómica” de  Jose Carlos Valadés (maestro de ceremonias), interpretando al jocoso y satírico "Licenciado Gastro-Prieto", la versatilidad de Chema Pizarro (excelente y trabajado timbre) recreando la locura poética de Alonso Quijano, la festiva interpretación de Roser Pujol; que compone una Dulcinea certera y humorística; contrapunteada por la mundana Teresa Panza que dibuja Manuela Serrano, con certeza y gracejo. Rafael Núñez soporta el peso del ilustre manco con verbo nítido, siempre apoyado por la acertada escenografía de Laura Ferrón/Diego Ramos y las imágenes en movimiento de Nieves Ferrer/ Félix Méndez  tras los ventanales.

En esta panoplia cervantesca están presentes y mixturados, los personajes y escritor, en un ejercicio de metateatro que transita por La Galatea,  la amante y actriz Ana Franco, la falsa princesa Micomicona, Auristela (Los Trabajos de Pérsiles y Segismundo), El Licenciado Vidriera o la mora Zoraida de “Historia del Cautivo”. La partitura es solventada con su acostumbrada eficiencia (ya escribió la música de “El Caballero de Olmedo”) por el especialista Luis Delgado (La Musgaña, Los Músicos de Urueña), utilizando modos tonales habituales en la era de la vihuela y la zampoña, con profusión de percusión o reviviendo unos aires de “tarantella”, cuyo alegre compás puede seguir el público con palmas. La colección de instrumentos musicales en tiempos de Cervantes, comisariada por este compositor, se encuentra itinerante con el titulo de “Sonando Cervantes”, sin la “ñ”. Todo un “gastroespectáculo" de la compañía villanovense, que bajo la certera dirección de José Fernando Delgado arrancó numerosos aplausos.

[Función comentada: 30 de junio de 2017]

 

Francisco ColladoFrancisco Collado 

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UNA MUY BUENA BUTTERFLY EN EL TEATRO REAL

 

Buen remate de temporada de ópera representada en el Teatro Real, pues queda un Macbeth pero en concierto, de Placido Domingo, con una reposición de Madama Butterfly de Giacomo Puccini, en una  producción del Teatro Real del año 2002.

La dirección escénica es de Mario Gas, que plantea la obra como el rodaje de una película, en la que el plató es la casa de Butterfly, sin renunciar al clasicismo original del entorno japonés muy bien conseguido por el escenógrafo Ezio Frigerio, El resultado final es armónico y no desvía el sentido de la obra, que queda enmarcado en el gran dramatismo que exige el libreto. Este dramatismo, cobra una especial dimensión mediante la colocación  de una pantalla que obtiene primeros planos de los intérpretes, en forma de “ojo de gato”, supuestamente obtenidas por las cámaras  que están rodando la obra en el ya mencionado plató.

El elenco,  dominado por la figura de Ermonela Jaho, una de las emergentes sopranos del panorama operístico, a la que vimos una buena Traviata y una no tan buena Desdémona.. La interpretación que la albanesa hace, tanto en lo dramático como en lo vocal, puede calificarse de muy buena, pues si bien el ya mencionado “ojo de gato”  acentúa y permite apreciar en toda su intensidad,  la capacidad de definir el personaje, como cantante. Nos ofrece toda una gama de expresiones, que van desde los apianados a unos excelsos agudos pasando por deliberados cambios de color en función de la situación emocional de la infortunada Butterfly.  Una autentica joya.

El resto de las voces, compone un reparto muy equilibrado, con un Pinkerton bien llevado por el español  Jorge de León,  que con una potente y afinada voz, compone un perfecto marino americano, rígido y envarado. El Sharpless de Angel Òdena  convincente en todos los sentidos, en un papel que no permite excesivas florituras, pero que el cantante catalán saca adelante con su habitual maestría. Una correcta Suzuky la de Enkelejda Shkosa aunque con poca convicción dramática. Los personajes secundarios realmente buenos.

El coro muy bien en general y especialmente en la “Boca chiusa”  en que el  su sonido se fundió con la orquesta.

Muy buena dirección musical de Marco Armiliato que nos ofreció una impecable Butterfly, muy pucciniana;  apoyando a los cantantes, sin taparlos, con los alardes que a veces ignoran que las voces tienen que traspasar el foso. Los  momentos puramente orquestales, muy bien llevados.

La reacción del público ante esta noche mágica fue apoteósica, cosa rara en este Teatro, más dado a los aplausos de cortesía que a las grandes explosiones, todo ello porque la emoción que transmitió la obra, se contagio a los espectadores

Resumiendo, una gran noche operística, que vuelve a poner en su sitio el papel de los cantantes, de la fuerza que ellos tienen en los sentimientos del público, especialmente cuando nos encontramos con interpretes de la talla de los protagonistas de esta obra. No lo olvidemos, la ópera es eso.

 

   Francisco Mejorada Jiménez  Francisco Mejorada Jiménez  

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CUATRO CORAZONES CON FRENO Y MARCHA ATRÁS: PARA COMERSE EL VERANO

 

Música de los años 70. Sobre el escenario,12 actores interpretan atrevidas coreografías con música de la época (Boney M, Dúo Baccara, Village people…), temas que aún resuenan con fuerza en nuestros oídos y que traidoramente nos recuerdan lo eternos que nos creímos hace nada, al tiempo que subrayan los cambios de humor en el tratamiento de un tema gravísimo, la eternidad, siendo la música protagonista principal. Dan ganas de bailar, de ponerse en pie y acompañar a los actores en el ritmo mientras se ríe y se piensa. Porque reír, se ríe pero pensar, hace pensar un rato. Algunos -la mayoría-, además, cenan veraniegamente croquetas, nuggets de pollo, cosas de poco momento, mientras otros más cautos se conforman con beber.  Es la terraza del teatro Galileo, donde el público, distribuido en mesas, ocupa todo el patio y la intendencia se ha apoderado del resto, no hay función en la sala interior, todo está subordinado a este montaje. Esta función a la vez hilarante y grave, equidistante entre la tragedia y la farsa bufa, en la que Jardiel Poncela expresó de la única forma posible, con todo el humor de que fue capaz, que era mucho, esa angustia del "saber que un día pasaremos" que tanto atormenta al hombre desde siempre y que ha impulsado en él la búsqueda eterna de la eterna juventud: 

¿Y si pudiéramos vivir siempre? Mejor aún: ¿y si ello fuera posible sólo a unos cuantos elegidos que nos partiríamos de risa viendo a los demás "pasar"?

Tal es el tema de Cuatro corazones con freno y marcha atrás escrita por Enrique Jardiel Poncela y estrenada por primera vez en 1936. Compuesta en tonos risueños por alguien que le dio muchas vueltas en su fértil cabeza al tema de la eternidad, esta comedia adquiere a la luz de la música todo su significado, a la vez que se hace precursora, con su solución más imaginativa aún, de otras muchas comedias que ha tratado también el cine, como el curioso caso de Benjamin Button (2008), con lo que uno acaba su noche exclamando: verdaderamente Jardiel era un precursor, un genio.

.He aquí el argumento:

“Dos parejas de enamorados y un cartero en apuros deciden tomar la pócima de la eterna juventud para solucionar todos sus problemas. Creen que van a alcanzar la felicidad absoluta, pero su existencia se va a convertir en un infierno. ¿Hay solución?”

La hay, y también el antídoto a la misma.

Jardiel plantea aquí, con su estilo humorístico y profundo, algo que no se puede plantear de otra manera: el deseo de inmortalidad en el hombre y la tragedia de conseguirla, con toda la enseñanza que se desprende de ella: hay que vivir cada día como si fuera el último, como si nos fuéramos a morir mañana, ¡hay que vivir!

Y porque es “en esa tragedia de saber que un día pasaremos, donde reside todo nuestro arte".

 

Autor: Enrique Jardiel Poncela

Compañía: TeatroLab Madrid

Director: Gabriel Olivares

Intérpretes: César Camino, Álex Cueva y David García Palencia Patrick Martino, Silvia Acosta, Eduard Alejandre, Esperanza de la Vega, Pedro Farera, Asier Iturriaga, Guillermo Sanjuán y Mateo Rubinstein 

Escenografía y vestuario: Marta Guedán y Claudia Pérez.

Iluminación de Carlos Alzueta

Duración: 1 h 30 min

Espacio: Teatro Galileo (Galileo 79, Madrid).

Fechas: hasta el 2 de septiembre de 2017. Horarios: Lunes a sábado 21'30

 

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ADIÓS A LA BOHEMIA, DEL BUEN HACER Y DE UNA OBRA MAGISTRAL

 

Adiós a la Bohemia es una obra cumbre del teatro lírico español. Compuesta por Pablo Sorozábal, que la describió como una Opera chica, está basada en la obra del mismo nombre de Pio Baroja y que se enmarca dentro de un estilo que ya quedó definido en su trilogía «La lucha por la vida», aunque no pertenezca ella. La dureza del fracaso, que genera una vida sombría en la que un bohemio pintor, Ramón, se reencuentra con Trini su novia de antaño, ahora ejerciendo la prostitución en un cafetucho en que se entremezcla todo tipo de clientela, vagabundos, lectores de noticias morbosas, sátiros, supuestos intelectuales que evocan a pintores y un largo etcétera muy del Madrid de entonces, con una vida bohemia amarga, que Baroja odiaba, muy diferente de la que Henry de Murger retrata en Paginas de la vida bohemia que sirvió para la creación de La Boheme de Puccini. El final de la obra es trágico, Trini y Ramón comprenden la inviabilidad de estar juntos y el final de la obra queda reflejado en la frase del pintor “me voy a dar un paseo largo... muy largo”.

Sorozábal crea una partitura muy moderna, mezclando el clásico lirismo con apuntes atonales, que confieren a la partitura una entidad muy superior a lo que se componía en España en esa época, creando así una obra fundamental en la lírica de nuestro país. Solo apunta hacia el clasicismo una bella romanza que interpreta Trini, la famosa Recuerdas aquella tarde, dentro del magistral diálogo con Ramón. El resto es una obra coral, con personajes que pululan por el café.

La compañía creada en torno al Coro voces de Sigüenza, se encarga de la representación en el teatro El pósito, de la histórica ciudad alcarreña, con una calidad sorprendente, bajo la dirección de sus dos mentores, Mabel Gonzalez y Manuel Valencia. Los papeles principales son llevados con un nivel canoro y actoral muy alto por Darío Gallego y Mabel González en torno a los cuales gira un excelente elenco del cual destacaríamos a Antonio López como lector del Heraldo, con una expresividad actoral de altos vuelos. Sería difícil mencionar a todos los componentes pero destacaremos a Lola Cruz Juan Lizosoain, Alberto Lugones y especialmente a Sadot Lugones, en representación de un elenco muy equilibrado.

El coro, un elemento siempre complicado, tuvo una notable actuación que no desmerece de compañías privadas, e incluso las supera, que actúan por esos mundos de Dios.

La dirección escénica de Mabel Gonzalez, creó un creíble ambiente de cafetín madrileño de principios del siglo XX, con una iluminación perfecta. Mucha soltura en el movimiento actoral y del coro.

La dirección musical de Manuel Valencia perfecta, como siempre, pues es uno de los pianistas que mejor saben acompañar a solistas, coro y todo lo que se le ponga por delante. Muy bien también el violín de Eduardo Carpintero.

El público que llenó el teatro valoro ampliamente la gran representación que hicieron estos seguntinos, entregados a la calidad y al buen hacer, lo que demuestra que con muy bajo presupuesto se pueden conseguir grandes cosas.

 

   Francisco Mejorada Jiménez  Francisco Mejorada Jiménez  

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UN GRAN ELENCO JOVEN EN UNA GRAN PRODUCCIÓN: MARINA EN EL TEATRO DE LA ZARZUELA

 

La ópera Marina nos visita en el Teatro de la Zarzuela en la versión ya estrenada en el 2012 y en esta ocasión se presenta con dos repartos en los que se da oportunidad a cantantes muy jóvenes. El estreno, como es habitual, lo hizo el primer reparto.  La dirección musical corre a cargo de Ramón Tebar  y la artística de Ignacio Garcia. Como es sabido, Emilio Arrieta pensó en Marina como zarzuela con el libreto de Francisco Camprodón  y como tal  se estrenó en 1855, pero por sugerencia del entonces famoso tenor Enrico Tamberlick, la transformo en ópera en tres actos, esta vez con libreto de Miguel Ramos Carrión  basado en el de Camprodón. Se le añadieron tres dúos y un rondó final de soprano. La obra desde el criterio italianizante de Arrieta, está muy influida por Donizzeti, especialmente su Lucia di Lamermoor, aunque en la  versión operística también se manifestaron influencias verdianas. La producción actual  presenta la obra completa en la cual se aprecian estas diferencias aunque se suprime el dúo de barítono y soprano del segundo acto.

Ignacio Garcia aborda la dirección escénica con una concepción verista, saliéndose de ese molde que algunos han calificado de cursi, tratando de presentar una aldea de pescadores y de trabajadores de astilleros dentro del ámbito popular, sin concesiones a vestuario refinado ni a cuadros escénicos ñoños, ciñéndose a la realidad de lo que sería un puerto de mar de la época en este caso Lloret de Mar, en la que se sitúa la acción. El montaje es brillante y hace creíble un libreto que en principio no lo es. La  iluminación es excelente, en esta ocasión menos oscura por decisión del propio Ignacio, sin perder ese toque verista ya comentado. Muy buena la transición del primer al segundo acto con escenario abierto al igual que el movimiento actoral tanto de protagonistas, figurantes y coro, que es muy bueno y dinámica, no olvidemos la influencia de este último en una obra fundamentalmente coral, que Ignacio Garcia potencia para resaltar el ambiente popular. Quizás para el público veterano y conservador sea una representación contra natura, con los antecedentes de anteriores representaciones, pero para un público actual, abierto a innovaciones, represente una apertura a la modernidad en la lirica española.

La orquesta dirigida por Ramón Tebar, brillante, dirigiendo muy bien a coro y cantantes, y con una variedad de matices que resaltaron la brillantez de la representación

El elenco de jóvenes cantantes, se convirtió en un elenco de grandes promesas  con un nivel realmente excelente.  La Marina de Olena Sloia una cantante descubierta por el maestro Gómez Martínez cantando en la calle Arenal de Madrid, empezó algo dubitativa pero fue consolidándose a lo largo de la obra, hasta llegar a un rondó final de excelente factura. Su solvencia dramática hizo el resto. El Jorge de Alejandro del Cerro fue una sorpresa, porque nos encontramos a un tenor, cuerda escasa en los tiempos que corren, que hizo una impecable interpretación  atacando los agudos con una pasmosa facilidad, para deleite del público, sabedor de las dificultades de esta obra, a lo que en su haber hay que añadir una notable interpretación drámatica. Asombrosa la seguridad y soltura escénica del búlgaro  Ivo Stanchev con una potente y bien controlada voz que le llevó a componer un Pascual realmente bueno. Damián del Castillo nos ofreció un buen Roque, personaje difícil pero bien llevado actoralmente y con solidez vocal. El resto en un nivel acorde con la producción, es decir alto.  Magnífico equilibrio general en el elenco.

Un reconocimiento especial al maestro Antonio Fauró, director del coro, por la gran labor realizada en una obra complicada por el gran protagonismo de la agrupación coral.

El público salió muy satisfecho, pues el espectáculo fue de una gran calidad, elenco muy equilibrado, apoyado en la juventud,  que nos demuestra que no solo las figuras ya consolidadas son los únicos en aportar calidad y que se nos abre un futuro lírico realmente prometedor.

 

   Francisco Mejorada Jiménez  Francisco Mejorada Jiménez  

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UN HAMLET QUE NOS CUESTIONA QUIENES SOMOS… O NO SOMOS…

 

Al entrar en la Sala nos encontramos con los actores sentados frente a sus espejos, en medio del escenario, como si les interrumpiéramos, perturbáramos, en la intimidad de un camerino coral.

Parece que se analicen a sí mismos, a sus personajes, como si repasaran su papel, hicieran sus estiramientos, sus ejercicios de respiración, de voz… O quizá observan cómo el público entra, se sienta, o reacciona ante lo inédito de ser recibidos, admitidos, en una zona tan sagrada, privada para el actor.

Ya dijo el clásico, que el Teatro era el espejo en el que mirarnos… Ahí estamos… Los actores que se enfrentan a su imagen en el espejo. Los espectadores que descubrimos que los espejos también nos reflejan, que podemos observarnos a nosotros mismos, o a los demás, que llegan, se sientan, se sorprenden por lo inédito de la escena que ocurre en el escenario, convertido en camerino… O deciden ignorarlo, para seguir representando, aparentando su papel…

Esa visión, esa espera ya nos contagian la ansiedad, la angustia, la duda…  

Cuando se apagan las luces de la sala, el dramatismo brota como el vapor que escapa de un geiser… Los actores, los personajes, haciendo coro, todos a una, preguntan, interrogan con obstinación, a su reflejo en el espejo, ¿quién eres?... Al principio, con voz queda… pero el tono va creciendo en fuerza, hasta desembocar en un rugido repetido, chirriante…

Así nos estalla la visión de Korsunavas sobre Hamlet. Una versión oscura, tenebrosa, que se mantiene fiel a la línea central del texto de Shakespeare, pero empecinada en subrayar que lo que ocurre sobre el escenario, nos está pasando a nosotros, que las dudas, incertidumbres que atormentan, asfixian al joven príncipe, también  ahogan a los jóvenes de este siglo… La ventaja de recitar a Shakespeare es que parece que hablamos de otra época, de otras guerras, de otros corruptos… La sorpresa para quienes le descubren, es que nos suena tan válido, que sus metáforas nos duelen en carne propia…

Las calculadas treguas que nos da el humor, llegan con el discurso hueco, afectado de Polonio… O la incompetencia, de los torpes Rosencrantz y Guildenstern, que ponen notas de color, sobre el blanco y negro… parecen vestidos para celebrar el día del orgullo gay…

Koršunovas nos transmite su pasión, su frenesí por el teatro, por el proceso creativo… Los actores se enfrentan a sus personajes, al reto de recrearlos, juegan a interpretarlos, se encaran a su ser o no ser... frente a nosotros... Y nos desafían a escudriñar es ese reflejo confuso, a cuestionarnos, a descifrar… quienes somos o no somos…

Este Hamlet, es un memorable cierre de temporada del Festival de Otoño a Primavera, que nos hace esperar con impaciencia la próxima… Aunque ya nos sofoca el ansia… Como dijo el clásico… el resto es silencio…

Hamlet, de William Shakespeare

Oskaras Koršunovas / OKT - Vilnius City Theatre

Dirección y escenarografía: Oskaras Koršunovas Vestuario y puesta en escena: Agne Kuzmickaite Compositor: Antanas Jasenka Diseño de iluminación: Eugenijus Sabaliauskas Ingeniero de sonido: Ignas Juzokas Director técnico: Mindaugas Repsys Sastre y decorados: Aldona Majakovaite Manager de escenario: Malvina Matickiene Subtitulado: Aurimas Minsevicius Manager de gira: Audra Zukaityte

Intérpretes: Bernardo, Rosencrantz, Gravedigger:Tomas Zaibus, Horacio, Capitán noruego, Fortinbras: Julius Zalakevicius, Rey Claudio, Fantasma: Dainius Gavenonis, Laertes: Darius Gumauskas,Guildenstern, Gravedigger: Giedrius Savickas, Marcelo, Caballero: Jonas Verseckas, Ofelia: Rasa Samuolyte, Polonio: Vaidotas Martinaitis , Príncipe Hamlet: Darius Meskauskas, Reina Gertrudis: Nele Savicenko

http://www.madrid.org/fo/2016-2017/ - http://www.teatroscanal.com/- www.okt.lt

 

Titania  

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EL GALLO DE ORO UNA ÓPERA PRESCINDIBLE

 

Sin dudar de la incuestionable necesidad de presentar óperas no conocidas, nos parece que este Gallo de oro de Rimski-Kórsakov y libreto de, Vladímir Belski, es perfectamente prescindible, aun valorando la simbólica crítica hacia el poder político que oprime a los pueblos, en este caso cómodamente desde su cama,  que a pesar de todo lo adora y en ello se ve la mano de Pushkin. 

La dirección escénica, es muy característica de Laurent Pelly, brillante y eficaz, pues define aun más la obra que el propio libreto, sin lo cual la obra sería bastante aburrida. La presentación del zar en su cama rodeado de corte, astrologo incluido, es francamente acertada. El tratamiento de las luces enriqueció la escenografía, con los contrastes del zar muy blanco y luminoso y el pueblo muy oscuro, hasta llegar al cuadro final con el zar muerto y los ciudadanos sintiéndose desamparados.  El movimiento actoral muy dinámico.

La dirección musical de Ivor Bolton, titular del teatro, realmente buena, llena de matices y con unos grandes solistas, en una partitura complicada con algunos altibajos musicales,  que demostraron que el Real está en buenas manos.

El coro extraordinario, con muchas intervenciones, como corresponde a una obra rusa, y con un movimiento escénico  coherente y lleno de vitalidad.

De los cantantes destacamos a Dmitry Ulianov como zar, en su línea característica, de una gran voz, musicalidad y gran interpretación. La zarina .de Venera Gimaedeva, correcta pero sin grandes alardes, Los  zarévich Sergei Skorokhodov y Alexey Lavrov simplemente correctos sin ningún brillo al igual que el resto de los cantantes a excepción del astrologo de Alexander Kravets que subió el tono del elenco.

El público frío, pues no es una obra brillante y solo una buena escenografía y una gran interpretación orquestal y coral salvó del abismo.

 

   Francisco Mejorada Jiménez  Francisco Mejorada Jiménez  

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LA TOURNÉE DES PUCES PASÓ POR PARÍS

 

Los ingeniosos carteles de Karma Teatro anunciando La tournée des puces en la universidad habían despertado la curiosidad de estudiantes y profesores. Luego, fue para ellos todo un descubrimiento: la sucesión dinámica de las pulgas gestuales, la perfecta integración de vídeos y músicas, la actuación plena y entera del dúo Carmen Ruiz-Mingorance y Cristina Carrascosa Vega.
Escenificar las pulgas dramáticas de José Moreno Arenas requiere mucha exigencia en la preparación física y mental, supone un total dominio del hacer sobre el escenario. Tanto Carmen Ruiz-Mingorance como Cristina Carrascosa Vega demostraron poseer tales virtudes y lograron crear un universo prescindiendo de cualquier decorado; su perfecta complicidad en el escenario del Auditorium se llevó la adhesión y la participación del público, quebrando así la famosa cuarta pared.

De hecho, era un auténtico reto actuar ante un público de estudiantes poco avezados a la realidad del teatro contemporáneo, y menos todavía con una propuesta tan alternativa y novedosa como es la de José Moreno Arenas, en la que sin más se pasa del texto al gesto. Carmen Ruiz-Mingorance y Cristina Carrascosa Vega superaron tales dificultades como excelentes profesionales.

La puesta en escena de La tournée des puces evidenció que este teatro singular de José Moreno Arenas se presta perfectamente al encuentro con un público universitario. La atención prestada tanto al juego de las actrices como a las reacciones de los espectadores, me permitió comprobar hasta qué punto el feeling entre ellos era patente, cómo los estudiantes se mostraban ora impactados, ora conmovidos por El payaso, cómo también se reían con Las gafas. Si Carmen supo seducirlos y conmoverlos con La cantante, Cristina los dejó a todos deslumbrados con La gata.

Huelga decir pues que el público quedó totalmente conquistado por la original propuesta del dramaturgo español; su teatro mínimo, de trazas indigestas y subversivas, es más necesario que nunca, pues ayuda a nuestra sociedad a pensar. Los largos aplausos al concluir el espectáculo La tournée des puces confirmaron ampliamente la validez de la dramaturgia de José Moreno Arenas, de su necesidad ética y estética.

 

Espectáculo: La tournée des puces, compuesto por las obras La gata, La cantante, La noticia, El progreso, El exhibicionista, Las gafas, El payaso y El rifirrafe

Autor: José Moreno Arenas

Compañía: Karma Teatro

Directoras: Carmen Ruiz-Mingorance y Cristina Carrascosa Vega

Intérpretes: Carmen Ruiz-Mingorance y Cristina Carrascosa Vega

Escenografía: Carmen Ruiz-Mingorance y Cristina Carrascosa Vega

Luz y Sonido: Juan de Dios Martín

Vestuario y Atrezzo: Carmen Ruiz-Mingorance y Cristina Carrascosa Vega

Ambientación musical: Carmen Ruiz-Mingorance y Cristina Carrascosa Vega

Diseño Gráfico: Cristina Carrascosa Vega

Gerencia: M.ª Dolores Rodríguez

Producción: Karma Teatro

Lugar: Auditorio BU Georges Perec (Université Paris-Est Marne-La-Vallée, Francia)

Fecha: 3 de mayo de 2017

 

Claudie Terrasson - Catedrática de Literatura española contemporánea - Université Paris-Est Marne-la-Vallée

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VIENTOS DE LEVANTE: PARA DEJARSE LLEVAR

 

Hay en Vientos de Levante una bonita confusión de la que salen cosas. Cosas necesarias para desatascar una situación que parece sin salida y seguir adelante. Cosas buenas después del alboroto causado por el viento levantisco, que hace revolotear las faldas y hace que las cabezas se renueven, aunque sea para enturbiarse un poco más. No hay soluciones fáciles a los problemas del existir pero sí mucho arrojo a la hora de afrontar las situaciones nuevas -y eternas- por parte de estas tres mujeres guapas, con ganas y energía para dar y tomar, y de estos dos pobres hombres que aparecen maltrechos, como si les hubiera pasado una grúa por encima, pero que no se cansan nunca de pedir ayuda, aunque sea a través del piropo más trillado (¿será esto políticamente incorrecto?).. 

He aquí la sinopsis: “Es verano en la bahía gaditana. Ainhoa, una escritora que atraviesa una crisis personal, viaja por vacaciones para visitar a su amiga Pepa, una psicóloga que desarrolla su trabajo en una casa hogar de enfermos mentales y en el área de cuidados paliativos de un hospital, donde conocerá a Sebastián, enfermo de ELA (Esclerosis Lateral Amiotrófica). Durante unas semanas, nuestras protagonistas compartirán experiencias marcadas por varias realidades: la frágil frontera (o el cruel muro) que nos separa de la locura y afrontar la muerte como algo natural y cercano que acabará por ganarnos la batalla pero que nos deja de tregua la posibilidad de exprimir la vida al máximo y hasta el final.”

Mucha diversión y muchas ganas de abrir caminos hay en estos Vientos de Levante, que hasta el nombre lo tienen bonito. Un gran trabajo actoral, un texto divertido en el genuino sentido de la palabra, y la escena te consigue trasladar a la Bahía. A mí me tocó especialmente la fibra la reivindicación de una vida mediocre. Es una idea que resuena con fuerza cuando una de las mujeres le dice a la recién llegada, rebosante de salud pero que no acaba de encajar "de lo suyo", que no tiene derecho a estar mal porque  hay gente que lo tiene mucho peor y lucha. "Bueno, pues yo reivindico mi derecho a tener buena salud y encontrar mi vida desastrosa".  

Me gustó Vientos de Levante y salta a la vista que no sé decir muy bien por qué. Es lo mejor que se puede decir de una obra de arte.

 

Texto y dirección: Carolina África.

Iluminación: Luz E.T.

Escenografía: Almudena Mestre

Espacio sonoro: Nacho Bilbao

Vestuario: Carmen Mestre
Distribución: GG distribución escénica

Reparto: Tringo Gómez, Carolina África, Paola Ceballos, Jorge Mayor y Pilar Manso.

Una producción de La Belloch Teatro

Fechas: Del 4 al 19 de mayo de 2017.De jueves a sábados 20:00 h. Domingos 19:00 horas

Teatro Galileo

 

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LA TERNURA. UN DELICADO HOMENAJE A LA COMEDIA

Érase una vez una reina llamada Esmeralda, que tenía dos hijas, las princesas Salmón y Rubí…

Nuestro cuento empieza en Alta Mar, y en medio de un gran temporal... Las tres mujeres viajan con la Gran Armada, por mandato de Felipe II...

Pero la reina Esmeralda, tiene un plan, (ella siempre tiene un plan... nos recuerda a alguien)... Harta de que los hombres le impongan su voluntad, ha decidido usar su magia, para provocar una tempestad que hunda la gran Armada, y así poder escapar,  hasta una pequeña isla desierta.

Su plan es fundar con sus dos hijas, una república de mujeres... El problema es que en esa isla ya vive un leñador, que hace años huyó de las mujeres, y se instaló allí, con sus dos hijos…   Al descubrirlo, ellas se disfrazarán de soldados españoles, para mantener su identidad oculta.

La naturaleza jugará, y ganará su baza…  Se iniciará un baile de confusiones, entre los leñadores, que creen sentir inclinación hacia esos hombres, y las princesas, que ansiosas por caer en los tiernos abrazos de los leñadores, desean desvelar que son mujeres…

El escenario, desnudo, está cruzado en diagonal por unos cortinajes, que recuerdan los arcos de una Iglesia, y que sirven de foro, por donde salen y entran los protagonistas… Serán las palabras las que nos describan lo que los personajes ven, y nuestra imaginación recreará el cuadro... El barco sacudido por el oleaje, la tormenta que destruye la armada… La isla, con sus bosques, sus claros, las plantas, las flores, la fauna que se hace oír… Las cuevas, donde se refugian, el volcán dormido, que corona la montaña…

Alfredo Sanzol ha elaborado un texto fresco, moderno   que juega con el lenguaje, (hay que estar alerta para no perder detalle), con los clásicos, con la filosofía, con la poesía, con los equívocos, rizando el rizo de los errores, disparates, dislates, despropósitos… Con guiños al cine, al comic… (Pero no queremos desvelar sorpresas)… Y fiel a la tradición, incluye canciones populares, que arrancan risas y aplausos…  Y para colmo, dirige la acción con soltura, con tino…

 Con permiso del clásico, Sanzol tiene por naturaleza, y además ha tomado prestado de Shakespeare, (de las más divertidas e inteligentes de las comedias shakespearianas), los dones para construir una nueva comedia.

Y la guinda al pastel, la ponen los actores que dicen sus textos con desparpajo, e interpretan sus caracteres con talento…  Aunque declaro mi debilidad, (que viene de lejos)… por Paco Déniz.

Como diría el bardo ingles "Cuanto más grande es la prueba, más glorioso es el triunfo"

 

LA TERNURA, de Alfredo Sanzol

Reparto:

El Leñador Verdemar   Paco Déniz  

La Reina Esmeralda   Elena González 

La Princesa Salmón   Natalia Hernández  

El Leñador Azulcielo   Javier Lara  

El Leñador Marrón   Juan Antonio Lumbreras  

La Princesa Rubí   Eva Trancón 

Ficha Artística

Texto y dirección Alfredo Sanzol

Espacio escénico y vestuario Alejandro Andújar

Iluminación Pedro Yagüe

Música Fernando Velázquez

http://www.teatroabadia.com/es

 

Titania  

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LOS ESCLAVOS DE MIS ESCLAVOS: UN CÓCTEL EXPLOSIVO

 

Unas imágenes proyectadas al fondo del escenario nos recuerdan los horrores de un conflicto bélico, y nos sitúan en las montañas de Afganistán.

En la obscuridad surge una figura, un hombre, desarrapado, envuelto en andrajos, está encadenado… pero dispuesto a vencer la adversidad… Se convence de que debe hablar consigo mismo, para mantenerse cuerdo. Se impone la disciplina de leer, aunque sólo tiene la Biblia y el Corán. Se obliga a hacer ejercicio para mantener a su cuerpo en forma… Bromea sobre su sino, se ríe de sí mismo… Deja una puerta abierta a la esperanza…

Su único contacto con el exterior, es una mujer cubierta por un burca, que le lleva agua y alimento, que ignora sus llamadas, sus intentos de comunicarse, de tener información.

Unos meses después tendrá un compañero, alguien con quien hablar, de quien cuidar, y que le cuidará… Llegará un tercer prisionero, una mujer que posee información. 

Los tres intentarán sobrevivir a pesar de sus miedos, en compañía, con compasión, con toques de humor, de filosofía, de poesía, en una cueva en la que apenas ven el sol.

En un escenario desnudo, envuelto en sombras, el tiempo, la acción, avanzan, con fundidos a negro, con el curso de las conversaciones de los tres cautivos. Tres personas que han ido a Afganistán intentando ayudar, queriendo ayudar, y han acabado rehenes de alguna de las muchas guerrillas…

Al final también conoceremos el punto de vista de la mujer afgana, lo que ella piensa de los forasteros, de los extranjeros, de quienes han llevado la guerra, la miseria, la desesperanza a su país.

Un texto penetrante, cálido, una dirección ágil, certera, un interpretación sólida, sensible son los ingredientes de esta afinada, medida receta teatral.

Cada escena nos va perfilando el cuadro, dibujando los entresijos de la geopolítica, de los negocios, de los intereses creados, los ideales, las pasiones… al fondo de la escena, detrás de la escena… componiendo un Coctel Explosivo…

Los diálogos se suceden rítmicos, lanzándonos preguntas, ráfagas que nos explotan en la cara, calando en nuestro corazón.

 

Los esclavos de mis esclavos de Julio Salvatierra

Reparto: ANIK: Elvira Cuadrupani - AMINA.  Inés Sánchez - ISMAIL:  Älvaro Lavín - ROBER: Fran Cantos

Equipo creativo

Texto: Julio Salvatierra

Dirección: Álvaro Lavín

Espacio escénico: Meridional Producciones

Espacio sonoro: Alberto Granados

Iluminación: Luis Perdiguero

Vestuario: Lupe Valero

Diseño gráfico: Marianna Obregón

Vídeo y Dirección técnica: Julio Salvatierra

Realización técnica: Ignacio de los Ríos

Producción: Meridional Producciones

www.meridionalproducciones.com  - http://www.teatroscanal.com

 

Titania  

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